Posdata.
lunes, 18 de mayo de 2015
Nota informativa tan importante como la vida misma:
Buenas, no sé cómo soy tan descuidado de no avisaros de que ya podéis leer la segunda parte de posdata, en el siguiente link http://posdata2historia.blogspot.com.es/ ¡no olvidéis comentar, porque si lo hacéis ésto crecerá! Saludos :3
lunes, 4 de mayo de 2015
Capítulo treinta y nueve:
Capítulo
treinta y nueve:
Querido Aator:
Hace ya
un mes desde aquel fatídico día, y como no podía ser de otra manera, estoy
aquí, delante del ordenador, sin saber ni siquiera qué contarte que no te haya
dicho ya en las otras veintinueve cartas. ¿Quieres saber algo nuevo? Marta me
ha contado que Mikel estuvo aquí con la zorra de Emily, y se enrolló con ella.
Rompí el contacto con él, y obligué a Ainara a hacer lo mismo. Ése cabrón no
volverá a saber de mí en su puta vida. Y ya, dejo de hablarte de él, no te
pongas celoso, tonto. Te estoy echando demasiado de menos. Cada día se me hace
un nuevo muro que saltar, y cada día ése puto muro está más alto. Qué pena que
nunca me caiga de bruces desde arriba y me abra los sesos contra el asfalto.
Así al menos esta locura acabaría. Como acabó nuestro amor de locos. Y no lo
llamemos locura, llamémoslo tiempo, o lo que es lo mismo, suicidio. Vivo en un
cuenta atrás constante hasta el día en el que los minutos se me agoten y no
quepa más aire en mis pulmones y salte al tremendo vacío que es la muerte. ¿Y
qué vida es ésta si tú no formas parte de ella? Y qué tortura que tú no formes
parte. Convirtiendo mis días en segundos, segundos me parecen los días que pasé a tu lado, mi vida. Cris y yo
también estamos bastante unidas, y no somos las únicas. Además de Ainara,
Judith también forma parte de nuestro grupo, aunque ya no estudia con nosotras.
A ella es quizás a quien más unida estoy. Ella también vive en un torbellino de
tiempo. El chico del que lleva años enamorada se muere día a día tumbado en una
cama de hospital, y ella ni siquiera puede ir a verle. Entre nosotras dos, ni
siquiera existen secretos. Me contó hace un par de días que a principios de
curso se estuvo viendo con uno de los profesores del instituto. Y no sólo eso,
que tuvo relaciones con él. Luego él la dejó tirada, y ahora el único obstáculo
que la separa de Martina es el director. Martina no sabe nada de esto. Judith
sabe que soy una tumba, y nunca mejor dicho por lo muerta que me siento. Cris
ahora mismo está más feliz que nunca, y yo me alegro por ella. Es la única de
nosotros que tiene algo bueno que celebrar; está con una chica. Y cada día las
dos se quieren más. Ainara y Marcos no se hablan. Por los pasillos del
instituto ya ni se saludan, y él parece haber perdido el interés en ella, y de
repente siento que se está comenzando a interesar en mí. Lo que me preocupa es
que no sé si es a raíz de tu muerte, a raíz de que sea la hermana de Ainara, o
porque está confundiendo lo que tenemos, que no es más que una amistad. Ha
pasado un mes desde que te fuiste, y no estoy preparada para empezar, no puedo
seguir, ni quiero.
-Pasa.
Ainara
abre la puerta de la habitación y entra.
-¿Y
ésa cara?- Le pregunta en cuanto la ve.
Maia
traga saliva.
-Estaba
un rato escribiendo aquí.
Ainara
se acerca al escritorio y lee las primeras líneas rápidamente.
-Deberías
de dejarlo ya, Maia. Dejar de torturarte día sí y día también.
Maia
cierra el portátil.
-Tú
no lo entiendes. ¿Qué has venido a decirme?
-Sé
que no te apetece salir, pero Cris quiere vernos.
Maia niega con la cabeza.
-Tienes
razón, no me apetece.
-Dice
que tiene algo importante que contarnos. Y quiere que estemos todas, así que
vístete, que hoy es sábado, ¿y quién eres tú sin salir un sábado?
-Ainara,
no me apetece. Llevo cuatro sábados sin salir, y no me apetece, lo siento.
-No
seas cabezota. Vístete.
Maia
suspira y comienza a buscar lo que se va a poner en el armario.
Ainara
sonríe.
Ésta vez ha sido fácil convencerla.
Cris
mira las fotos de ésa noche en la galería de su teléfono.
Cuántas vueltas dio todo antes de
que Ana y Alexia desaparecieran.
Y
es verdad, aquella noche Eme la encontró en una discoteca con Alexia, le dijo
todo lo que sentía por ella, ambas lloraron, y quedaron en darse una última
oportunidad, pero ésa vez empezando desde cero. Y desde entonces, su relación
va viento en popa.
Lo
complicado ha sido ocultárselo durante éste mes, pero más difícil será para
ella coger a sus amigas y a Eme y decirles chicas,
tengo cáncer. Porque sí, al lunes siguiente a Cris le dieron los
resultados. Y sus temores se hicieron realidad. Efectivamente, tiene cáncer.
Marcos
mira a la chica del otro lado de la mesa.
Están
en la cafetería Vivaldi.
Tania
y él, tomándose unos refrescos.
Llevan
tres semanas y pico quedando día sí y día también, y le está ayudando mucho para
superar lo de Ainara, y también en parte lo de Mónica. Dos desamores en
cuestión de días. Ahora se anda con pies de plomo. Tania, la agente es una tía
tres años mayor que él con la que comparte los mismos gustos.
-Me
acuerdo perfectamente de cuando quedamos la primera vez. Estabas nerviosísimo.
Marcos
se sonroja y ríe.
-Normal,
es la primera vez que una policía me llama a mi número de teléfono de madrugada
con ganas de verme.
-Fue
una locura, tienes razón. Pero es que no podía dejarte escapar.
-Oh,
qué bonito.- Se cachondea él.
-Eres
imbécil.- Se ríe ella.
Ha
pasado un mes ya y su madre aún está enfadada con ella. La cosa al cabo de un
par de semanas pareció calmarse, pero a su madre nunca se le va a olvidar ver
cómo se llevan detenida a su hija. Aquel lunes no fue a clase. Tampoco el
martes. Y a partir de esa semana, se dejó los estudios. Lo que a su madre no le
hizo ninguna gracia, y desde entonces sí que se llevan como el perro y el gato.
Lo que su madre nunca entenderá es que no lo hizo porque no quisiera estudiar, sino
porque lo de Omar y Jorge la despistaron completamente. Judith le entregó su virginidad,
¿y para qué? Terminó ése fin de semana y ellos dejaron de verse. Él comenzó a evitarla,
y ella a ansiar una explicación. Y la tuvo. Sólo
me interesaba tener sexo contigo, Judith. Ya soy mayorcito para tener un lío así
con una alumna.
Aquel
lunes Marta tampoco llevó a cabo su plan. Meditó un poco, y era mucho más inteligente
unirse a ellas, ser una más, integrarse para luego desintegrarlas a ellas. Monicuernos volvió a aparecer, pero ésa vez
no era ella quien controlaba la cuenta. Se la habían robado. La misión que sí que
llevó a cabo fue la pintada en el coche de Martina. Martina + Jorge = Emily. Alexia, la chica del metro la ayudó, y nadie
nunca más volvió a sospechar de Marta.
viernes, 24 de abril de 2015
Capítulo treinta y ocho:
Capítulo
treinta y ocho:
No digas nada por favor,
No
vaya a ser que me despierte
De
un sueño en el que puedo verte
Y
aún puedo hablarte de mi amor.
Un
médico vuelve a dar la misma noticia ante otra joven que llora desesperada.
-Aarón
ha fallecido. Lo siento, no hemos podido hacer nada por él.
Maia
no puede contener el llanto.
Deja
de sentir que vive, sólo siente los brazos helados, y sus latidos corriendo
desenfrenados.
-¿Crees
que puedes localizar a sus padres?
-En
el autobús. Llevaba… su móvil.- Consigue articular Maia entre sollozos.
-Lo
tengo aquí mismo, lo llevaba en el bolsillo del pantalón. Pero no conseguimos
desbloquearlo.- El doctor le entrega el móvil de Aator.
Ella
tampoco conoce el código.
Pero
algo de idea tiene, ¿su fecha de nacimiento?
-Espera
en el pasillo mientras lo intentas.
Ella
sale del despacho sin decir nada.
Capítulo treinta y siete:
Capítulo
treinta y siete:
-Yo
te espero aquí; no quiero que Maia se entere de que me he chivado.
Mikel
asiente con la cabeza y abre la puerta del portón y sube hasta el primero.
-¡Mikel,
qué alegría verte por aquí!- Exclama la madre de las gemelas en cuanto abre la
puerta.
-Había
venido a ver a Maia.
Su
madre resopla.
-Qué
mal, cariño, no puedo ayudarte porque ni yo misma sé dónde se mete. ¿Quieres
pasar?
Mikel
asiente.
Marta
planea sentada en el portal del edificio de Maia la que será su nueva venganza.
Alba.
Ella
sabe que está detrás de la cuenta de Monicuernos.
Y
tiene que eliminarla.
Tiene
que hacer lo posible y lo imposible porque Alba mantenga la boca cerrada.
Se
saca la navaja del bolsillo disimuladamente, y sonríe pasándose la lengua por
los colmillos.
Gael
y Mónica hablan en otra habitación a solas.
-Ahora
mismo me da igual mataros. Voy a ir a la cárcel por lo de mi hermana de todos
modos.
-¿Pero
qué culpa tenemos nosotros? ¿Qué culpa tienen tus amigos y tu hermana?
Él
ríe.
-Lidia
tiene más culpa que nadie. ¿Sabes? Quiero acabar con esto cuanto antes.
Ella
tiembla.
-¿Qué
pretendes?
-Te
doy una salida fácil. Coge la pistola, entra a la prisión y mata a Lidia. Mis
manos se quedarán limpias y tú seguirás viva. Tendrás hasta la oportunidad de
escapar.
Y me darás a mí la oportunidad de
escapar mientras la policía está entretenida buscándote.
Mónica
se queda paralizada un segundo.
¿Tan fácil es? ¿Me va a dar simplemente
el arma a mí?
Él
la mira serio.
-¿Entonces
qué?
Mónica
asiente con la cabeza.
-Pásamela,
prefiero ser una asesina que morir siendo buena persona.
-Entonces
sígueme.
Los
dos entran a la cocina, él abre el candado y le da la pistola a Mónica, no sin
antes darle un consejo:
-Piénsalo
muy bien antes de hacer algo.
Ella
le arrebata la pistola de la mano.
En
milésimas de segundo ya le ha apuntado en la cabeza a Gael y presionado el
gatillo.
Él
le muestra una sonrisa.
Al
instante le quita la pistola y le da una fuerte patada en la barriga, que la
hace desplomarse dentro de la habitación.
Él
cierra de nuevo el candado ante la mirada asustada de Lidia.
Cris
no le responde al teléfono.
Lo
intenta una vez más frente a la puerta de su edificio.
Y
reúne el valor suficiente para llamar al telefonillo.
-¿Quién?-
Pregunta la madre de Cris al otro lado.
Eme
guarda silencio y se aleja.
En
el interior de la casa de la familia de Maia, Sabina, su madre entra al salón
con una bandeja y dos tazas de café.
Mikel
la espera sentado en el sofá.
-¿Y
qué era eso que querías contarme, cariño?
Mikel
traga saliva.
Quiere
desviar el tema.
-Enhorabuena
por la magnífica decoración de la casa, Sabina.
Mikel
coge la taza, nervioso y se quema las manos.
La
suelta y esboza una sonrisa.
-Gracias
Mikel, pero qué es lo que has venido a decirme.
Mikel
traga saliva.
Está
sudando.
-He
venido aquí porque hecho demasiado de menos a Maia, y necesitaba verla.
Sabina
le sonríe.
-¿Estáis
saliendo?
Mikel
niega con la cabeza.
-Ya
no.
-Pues
creo que si has venido hasta aquí por ella debería de darte una oportunidad.
Los
dos tienen una conversación normal, de no ser porque son alumna y profesor, y
que están en un hotel, alejados del mundo.
-¿Por
qué decidiste estudiar arte?
Él
no sabe qué responderle.
Lleva
un calentón increíble.
-La
verdad es que no lo sé.
-Venga,
enserio. Todo el mundo nos dice que eso no llega a ningún lado, ¿qué hizo que
quisieras impartirlo?
Él
se ríe.
-Que
tú me lo preguntes.
-Enserio,
Jorge.
Los
dos están sentados en uno de los laterales de la cama.
Él
le posa un dedo en los labios.
-Cállate.
Y
se acerca a ella y la besa en la boca, primero con suavidad, y al cabo de unos
segundos con violencia. Le aplasta uno de sus pechos con la mano.
Judith
intenta apartarse, y él le pone la mano en la nuca y la atrae hacia él.
Baja
la otra mano a su cintura, y la cuela por su ropa interior.
Ella
se pone roja y comienza a agobiarse.
Cuando
le introduce los dedos dentro de su vagina gime, pero no por el placer que le
supondría, sino por el dolor. Jorge se está descontrolando y ella no puede
hacer nada. Y tal vez en ése momento tampoco le apetece hacer nada. Por un lado
huir y esconderse porque no está preparada, por otro lado quedarse y dejar que
la boca y las manos de Jorge la consuman en un orgasmo infinito.
Pero
está Omar.
Dentro
de su mente a veces Omar, a veces Jorge los dos o ninguno de ellos la tumba en la
cama y se echa encima de ella.
Ella
le quita la camiseta a él.
Los
dos se comen con pasión a mordiscos y a caricias.
Él
le desabrocha los pantalones a ella.
Judith
siente vergüenza cuando le deja los pechos al descubierto bajo su pecho suave y
depilado.
Los
pezones de Jorge no son lo único que está de punta.
Él
le come el cuello.
Ella
intenta que se levante para poder lamerle los pezones.
Y
lo masturba, primero con timidez, como la cosa más íntima del mundo, luego con calor.
Tiene
ganas de gritarle que pare, solo para que él siga más y más.
Él
la coge del cuello y gime. Le lame los pechos, y luego pasa rozando por el lado
izquierdo de su ombligo. Siente su nariz deslizarse por ahí, junto a los besos.
Y
baja.
Primero
solo con los labios, luego con la lengua también, él le practica sexo oral.
Ella
tiembla por dentro.
Mil
escalofríos recorren su piel.
La
piel de gallina a cada lengüetazo.
Más
calientes con cada beso.
Entre
prisas y prisas llega el orgasmo, y ellos tienen todo el tiempo del mundo.
lunes, 20 de abril de 2015
Capítulo treinta y seis:
Capítulo
treinta y seis:
Unas
horas más tarde atardece en Madrid.
Ainara
está asustada.
Mónica
guarda silencio.
-¿Has
venido hasta aquí por Lidia?- Le pregunta Gael.
Mónica
guarda silencio.
Se
saca la pistola del cinturón otra vez.
-Mónica,
¿vas a responderme?
Le
apunta con el arma.
Ainara
contiene la respiración.
-Respóndele,
Mónica.- Le ruega Rafa, nervioso.
-Lidia
es mi mejor amiga, ¿dónde está?
Lidia
reconoce la voz de Mónica y se pega más a la puerta para escucharla mejor.
-Vamos,
Gael. Te he hecho una pregunta. ¿Dónde está Lidia?
-Encerrada,
y en unas horas muerta. Como todos nosotros.
-Pues
no tiene ningún sentido tu plan, Gael. Nos estás condenando a muerte y ni tú
mismo tienes motivos. ¿A qué juegas?
Ainara
agarra a Mónica.
-Tranquilízate
por favor.
Mónica
la empuja.
-¿Y
tú qué? ¿Primero te enrollas con mi novio y ahora me dices cómo comportarme?-
Le grita.
Ainara
agacha la cabeza.
-Chicas,
las peleas de crías fuera.
Mónica
suelta una carcajada.
-Lo
dices como si fuera fácil. Como si nos fueses a dejar salir.
Gael
sonríe.
-¿Quieres
salir de aquí con vida? Vamos, acompáñame.
Hugo
llama a la puerta de la habitación de su hermana.
La
chica está tumbada en su cama, con los auriculares puestos, llorando.
Hugo
se sienta a su lado y Eme se incorpora.
-¿Y
Cris?- Es lo primero que le pregunta.
Eme
niega con la cabeza.
Se
quita los auriculares y lanza con fuerza el mp3 contra la pared.
Llora
como si el llanto la desgarrase por dentro.
Su
hermano la abraza.
Ella
cierra los ojos con fuerza.
Quizás
con los ojos cerrados ésa verdad no sea tan real.
-Me
ha dejado. Me ha dejado porque sus padres se han enterado de lo nuestro.
Él
suspira.
-Lo
mejor será que hable con ella, ¿no crees?
-¡No!-
Exclama Eme.
-¿Por
qué?
-Porque
si me ha dejado antes que luchar, no le importaré tanto.
Hugo
niega con la cabeza.
-Creo
que Cris tiene el mismo problema que Lucas; no lo tiene claro.
Eme
lo mira.
-¿Sabes?
Yo también lo pienso, de Cris al menos. Pero Lucas te quiere, se nota a leguas
que está enamorado de ti. Cuando te mira, le brillan los ojos como si estuviese
viendo una obra de arte.
-¿Y
Cris qué? La haces feliz, y parece que ella está empeñada en echarlo a perder.
Deberíais de seguir viéndoos, deberíais de luchar por lo vuestro.
Eme
también suspira.
-Hugo,
¿te puedo contar algo?
Hugo
asiente.
Eme
traga saliva.
Dos
lágrimas más caen por sus mejillas.
-Ésta
tarde he quedado con Ana. ¿Te acuerdas de ella? Ha estado aquí mismo, hasta
hace un rato. Nos hemos besado, y creía que no pasaría, pero ahora estoy
demasiado confusa. ¿Darle otra oportunidad a Ana y así olvidarme de Cris o
seguir tropezando mil veces más, hasta que ya no me queden fuerzas? Con Ana
todo era bonito cada día, quizás incluso monótono. Con Cris cada día hay un
motivo nuevo por el que deberíamos de parar.
Hugo
le sonríe.
-Deberías
de hacer lo que creas que es lo mejor. Pero si eliges a Cris, nunca le ocultes
lo de Ana.
-Si
le cuento que nos hemos besado se pondrá histérica.
-Ya,
pero ella te ha dejado, y tú lo has hecho estando soltera, ¿o no?
Eme
asiente.
Le
sonríe y se levanta de la cama.
-Gracias,
hermanito. Voy a buscarla. Necesito decirle algo.
-¿Qué
vas a decirle?
-La
verdad es que aún no lo he decidido.
-¿No
crees que nos estamos alejando demasiado de Madrid?- Le pregunta Judith cuando
ve el cartel en la carretera que indica que están entrando a
Él
toma la siguiente salida a la derecha.
Abre
la mano y Judith posa la suya encima.
Los
dos se miran.
-Ésta
mañana he reservado habitación en un hotel de por aquí. Quiero que pasemos la
noche juntos.
sábado, 18 de abril de 2015
Capítulo treinta y cinco:
Capítulo
treinta y cinco:
Ha
pasado casi un año desde aquella última vez que alguien me vio sonreír. Sonreír
como sólo sonríen dos enamorados, o quizás solo uno. Y a mí siempre se me
dieron mal las matemáticas, nunca entendí la teoría inversa que explica cómo de
una pareja, siempre hay uno que quiere más. O que quiere, así a secas. Y el
amor, tan bonito como lo pintan, para mí supuso el gran desastre que aconteció
cuando dejamos de amar, o de respetarnos más bien. Y el amor, tan maravilloso
como cuentan que es, maravilloso el desastre que dejaste de mí.
Emily
deja de leer con lágrimas en los ojos.
Fue
la última caja que metió en su baúl de recuerdos.
La
escribió hace unas semanas, y ni siquiera la recordaba.
El
siguiente folio que despliega es una carta de Marta.
Querida
Emily:
¿Qué
decir que no te haya dicho ya? Para mí eres una de las personas más especiales
que conozco. Te diría que eres como mi hermana, pero más que eso, Emily, eres
mi vida. Y te juro que no puedo soportar ver cómo ese gilipollas te trata. ¿Tú
lo viste anoche en la fiesta del cumple de Mónica? Hizo ver a todo el mundo que
eras solo suya, y algún día alguien le va a
dar su merecido. Se lo merece, y tú no te mereces que él te haga ver como
un objeto a ojos de todos, como su pertenencia. Todos se estarán cachondeando
de ti, todos jugarán contigo por su culpa. Todos te verán como un juguete, y tú
no te mereces eso.
Emily
pone más atención.
Ahora
tiene una prueba de que Marta es Monicuernos; ésa era su letra hace un año.
Coge
un rotulador y subraya la frase.
Marta
es Monicuernos, esa es la relación que tiene Marcos en todo esto.
Marca
el número de Marta.
-Lo
siento, tengo que cogerlo.- Se disculpa él, levantándose del banco.
Marta
asiente.
-Si
es Maia no le cuentes que estoy aquí, por favor. Se enfadará mazo si se entera.
El
chico enarca una ceja y responde.
Al
instante, el móvil de Marta también comienza a sonar.
La
chica se levanta del banco y se aleja para responder.
-¿Qué?
-Marta,
necesito que me aclares algo. Dices que no eres Monicuernos, ¿pero te has dado
cuenta de que tiene la misma letra que tú hace un año?
Marta
calla al otro lado de la línea.
-Coincidencia,
¿no crees?
-No,
la verdad es que no te creo.
-Está
bien, Emily. Ve a reclamarles la verdad a tus padres postizos y deja de
intentar cazar demonios, porque a veces, esos demonios que intentas cazar te
pueden atacar, ¿lo sabes?
-Estás
fatal de ahí arriba, ¿qué padres postizos?
-Martina
te abandonó al nacer. Sí, a mí también me sorprendió. ¿Quieres la verdad? Sí,
soy Monicuernos, ¿quieres saber también por qué Marcos también está metido en
todo esto? Porque te trató fatal cuando estuvisteis juntos, y lo sabes. Sabes
que se lo merece, igual que tú te merecías a alguien mejor. ¿Quieres toda la
verdad? Porque su precio puede ser muy alto.
-Quiero
saberlo todo.
-Está
bien, Emily. Yo te quería.
Emily
niega con la cabeza y corta la llamada.
Mikel
camina nervioso de un lado a otro.
-Por
suerte me han dejado llamarte. No puedes contarle nada de esto a mis padres.
-Que
te den, Maia.
Mikel
corta la llamada y mira a Marta con los ojos vidriosos.
-Me
alegra saber que está bien.
-Es
una irresponsable. Me ha contado que tiene novio, y que está en la UCI, y que
ningún médico le quiere decir cómo está, tampoco la dejan pasar a verle. Quiere
que les diga a sus padres que está en Mutriku conmigo, para que no se
preocupen. Deberían de castigarla de por vida.
Marta
asiente.
-Estoy
de acuerdo contigo en que un castigo la haría escarmentar, y estás hablando con
la experta en hacerlo. Sólo tienes que confiar en mí.
Él
asiente.
-Maia
se fue de viaje con su nuevo novio para no verte. Sabía que vendrías. Te tiene comiendo
de su mano.
-¿Y
tú cómo lo sabes?
-Mikel,
no me hagas tantas preguntas y confía en mí, por favor. Lo sé porque soy su amiga,
y las chicas entre nosotras nos contamos estas cosas. Yo sé dónde vive Maia. Vas
a ir a su casa, y les vas a contar a sus padres donde está, y con quién.
Ella
está acostada en su cama.
Intenta
otra vez robarle la cuenta de Twitter desde su móvil.
Hoy
ha descubierto un grupo que le gusta mucho, y de los que ya no se sabe nada; DEspisTaoS.
Hace
un rato ha escuchado Estrella y ahora
está con Mañana por la mañana.
Se
cansa de intentarlo y busca información sobre cómo robar una cuenta.
Al
rato Alexia entra en la habitación de Cris.
-¿Qué
haces tú aquí?- Le pregunta, secándose las lágrimas.
-Estaba
en el salón, has entrado y ni me has saludado.
-Estoy
enfadada con mi madre.
-¿Puedo
pasar y me cuentas?
Cris
se sienta en la cama.
-Claro,
cierra la puerta.
Alexia
hace lo que le pide, se descalza y se sienta frente a ella.
-Perdona
si se huele a pies. He andado mucho para venir hasta aquí.
Cris
suelta una carcajada.
-Idiota,
me haces reír.
Alexia
también se ríe.
-Cuéntame,
anda.
Coge
el cojín y le da con él.
Cris
la mira.
-¿Sabes?
Ya no tiene importancia.
-¿Quieres
salir a tomar un helado?
Cris
niega con la cabeza.
-Mi
madre no me deja salir por miedo a que vea a Eme.
-Tu
madre me adora. Seguro que conmigo si te deja.
Judith
sale del hospital sin ningún problema.
Camina
deprisa por la calle y se pierde entre la gente.
En
la siguiente esquina, se choca con Lucas.
Judith
le pide disculpas y sigue su camino.
-¿La
tía esta es enfermera?- Le pregunta extrañado Lucas a Hugo.
-¿Quién
es?
-Una
chica que me pidió fuego el otro día.
-Ya,
ya.
Hugo
no le cree.
-No
me jodas que también te vas a poner celoso de ella.
-Pues
sí te jodo, Lucas, que desde que vas de una acera a otra uno no se aclara.
-Enserio,
Hugo, tío.
Hugo
resopla.
-Es
la verdad, aclárate y así no me pierdo. O hazme un croquis.
-¿Sabes
qué, Hugo? Vete a la mierda.
Escucha
el ruido del candado y el tintineo de unas llaves.
Su
móvil se quedó sin batería hace rato, y ella lloró hasta quedarse dormida,
perdiendo la noción del tiempo.
Gael
entra él solo a la habitación.
Los
demás, si es que están, estarán en silencio en otra habitación.
Y
Lidia quiere pensar que están.
Cierra
la puerta tras él.
Va
armado con un palo de hierro.
No
la deja ni levantarse, la golpea directamente en la cara con él.
-¿Tenías
el móvil?- Le pregunta, la golpea de nuevo, y se lo quita.
A
Lidia le sangra la cara.
Lo
mira con odio, directamente a los ojos.
-¿Qué
mierda quieres de mí?- Le grita, y él sale de nuevo, cerrando el candado.
-Te
dije que conmigo te dejaría.- Sonríe Alexia, saliendo del portón detrás de
Cris.
-Está
bien, tenías razón. Aunque Eme también parecía que le caía bien y mira.
-Ya,
no pienses en ella. Ahora estás conmigo, a punto de zamparte un delicioso
helado de chocolate.
Cris
se ríe.
-Soy
alérgica a la lactosa.
Alexia
suelta una carcajada.
Las
dos chicas se miran y lentamente se cogen de la mano.
Mónica
silba dos veces desde la acera y una cabeza se asoma por la ventana.
-Hola,
¿está Lidia?
-Llama
a la policía.- Le pide en voz baja.
-¿Qué?-
Mónica enarca una ceja.
-Que
les llames. Está armado, y tiene a Lidia encerrada. Tampoco nos deja salir a
nosotros.
La
chica cierra la ventana y Mónica camina hacia Ainara, que la estaba esperando
en la esquina de enfrente.
-¿Qué
te ha dicho?
-Quiere
que llame a la policía. Se le ha ido la pinza al hermano de Lidia.
En
ese momento, Gael abre la ventana y apunta directamente a las chicas con la
pistola.
-Rafa,
baja a por las chicas. Tenemos visita.
Jorge
detiene el coche justo delante de Judith.
-¿Te
subes?
Judith
se detiene de golpe y lo mira, asintiendo con la cabeza.
Ella
se sube al coche de su profesor, que acelera y los pierde por la ciudad.
-Mi
opinión es que no deberíais de ser tan duros con ella. No es tan raro que una
chica de su edad se quede embarazada, y es su decisión abortar o no.
Sonia
mira con desprecio a Martina.
-Entonces
has venido aquí a opinar sobre cómo educo a mi hija.
-Sólo
intento ayudar a Sofía.
Sonia
se pone nerviosa.
-Estamos
hablando de mi hija Mónica, no de Sofía.
-No
lo entiendes.
-¿El
qué no entiendo? Vienes a mi casa y pretendes decirme cómo educarla, ni que
fuera tu hija.
Martina
niega con la cabeza.
-Sobre
eso precisamente quería hablarte; yo soy la madre biológica de Mónica… O Sofía,
como yo la llamé.
Sonia
traga saliva.
-Vete
de mi casa. Y que Mónica no se entere de esto, o tendrás problemas.
Capítulo teinta y cuatro:
Capítulo
treinta y cuatro:
Una vez le prometió
<< Tú siempre serás mi
estrella. >>
Cris
camina hasta su puerta silenciosa.
Traga
saliva, se saca las llaves del bolsillo y abre la puerta.
Pasa
del recibidor al comedor.
Ve
a una chica pelirroja que está de espaldas a ella, sentada en una silla.
Su
madre la mira con enfado.
Ella
en silencio entra a su cuarto, y se tira
sobre la cama deshecha, donde rompe a llorar abrazada a su almohada.
Estrella se
inventa que vuelve a ser ella
y luego siempre se despierta.
Ana
empuja a Eme y cae sobre la cama.
Ella
se tira encima, se ríe y vuelve a besarla.
Ana
no cierra los ojos.
Necesitaba
volver a ver su cara tan cerca.
Lleva ya casi ocho meses
Sin
saber qué es el amor.
Mikel
llora en la estación de autobuses, solo en un banco.
¿Qué ha pasado en ese autobús?
Está
preocupado por Maia, y no puede hacer nada.
-Mikel,
¿qué haces tú aquí?- Le pregunta una chica.
Él
levanta la cabeza.
-¿Te
conozco?
-Maia
es tu chica, ¿no? Soy amiga de ella. ¿La estás esperando?
-En
realidad se acaba de ir.
La
chica se sienta a su lado, y lo consuela.
Al
cabo de unos segundos el chico le pregunta:
-No
me has dicho tu nombre y sabes el mío.
-Sí,
bueno. Me llamo Marta.
Se mira en ropa
interior y
Pensándolo
bien no se ve tan fea
Judith
se cambia de ropa y guarda la suya en una de las taquillas de la sala.
Se
mira en el espejo de uno de los armarios en sujetador.
Suspira
y agarra la llave que está colgada en la pared de encima de las taquillas.
La
suya es la 6B.
Cierra
la taquilla y se sube a una silla para volver a irse por donde ha venido.
Vuelve a ignorar el reloj cuando suena la
puerta.
La
madre de Mónica abre la puerta esperando encontrarse a su hija.
Se
sorprende al ver a Martina.
-¿En
qué puedo ayudarte?
-Buenas
tardes, ¿está Mónica? Soy su profesora.
-No,
se ha ido de casa hace un rato.
Martina
enarca una ceja.
-¿Puedo
pasar y me cuentas?
-Claro,
pasa.
Una vez le prometió
<<Tú
siempre serás mi estrella. >>
A
la mente de Eme vuelve Cris, y Ana lo nota.
Las
dos están en ropa interior.
Eme
se aparta de ella.
-¿Estás
bien, Esmeralda?
Eme
asiente, y se sienta en la cama.
-Quiero
que nos vistamos, por favor.
Ana
suspira.
-Eme,
no seas boba y déjate llevar, ¿quieres?
-No
puedo, lo siento.
Ana
se sienta a su lado y pasa el brazo por encima de sus hombros.
Eme
llora.
Y
la estrella se apagó,
Vuelve
a iluminarte estrella.
Han
necesitado varias ambulancias y cortar la autopista para rescatarlos a todos.
Bueno,
seguramente a todos no.
El
conductor probablemente esté muerto. Y quién sabe, seguramente haya más
víctimas.
A Aator
ha sido al primero al que se han llevado en una ambulancia a toda pastilla.
Maia va en
otra distinta.
También han
separado a dos niñas de su madre, que viajan en la misma ambulancia que ella, la
más pequeña inconsciente.
¿Estará muerta?
Maia se frota
el brazo con la mano que tiene bien, intentando entrar en calor, y pierde la mirada
en el paisaje a través de la ventana.
De un segundo
a otro, comienza a llorar, haciendo unos ruidos espantosos.
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