lunes, 18 de mayo de 2015

Nota informativa tan importante como la vida misma:

Buenas, no sé cómo soy tan descuidado de no avisaros de que ya podéis leer la segunda parte de posdata, en el siguiente link http://posdata2historia.blogspot.com.es/ ¡no olvidéis comentar, porque si lo hacéis ésto crecerá! Saludos :3

lunes, 4 de mayo de 2015

Capítulo treinta y nueve:

Capítulo treinta y nueve:
                 
Querido Aator:
         Hace ya un mes desde aquel fatídico día, y como no podía ser de otra manera, estoy aquí, delante del ordenador, sin saber ni siquiera qué contarte que no te haya dicho ya en las otras veintinueve cartas. ¿Quieres saber algo nuevo? Marta me ha contado que Mikel estuvo aquí con la zorra de Emily, y se enrolló con ella. Rompí el contacto con él, y obligué a Ainara a hacer lo mismo. Ése cabrón no volverá a saber de mí en su puta vida. Y ya, dejo de hablarte de él, no te pongas celoso, tonto. Te estoy echando demasiado de menos. Cada día se me hace un nuevo muro que saltar, y cada día ése puto muro está más alto. Qué pena que nunca me caiga de bruces desde arriba y me abra los sesos contra el asfalto. Así al menos esta locura acabaría. Como acabó nuestro amor de locos. Y no lo llamemos locura, llamémoslo tiempo, o lo que es lo mismo, suicidio. Vivo en un cuenta atrás constante hasta el día en el que los minutos se me agoten y no quepa más aire en mis pulmones y salte al tremendo vacío que es la muerte. ¿Y qué vida es ésta si tú no formas parte de ella? Y qué tortura que tú no formes parte. Convirtiendo mis días en segundos, segundos me parecen los días  que pasé a tu lado, mi vida. Cris y yo también estamos bastante unidas, y no somos las únicas. Además de Ainara, Judith también forma parte de nuestro grupo, aunque ya no estudia con nosotras. A ella es quizás a quien más unida estoy. Ella también vive en un torbellino de tiempo. El chico del que lleva años enamorada se muere día a día tumbado en una cama de hospital, y ella ni siquiera puede ir a verle. Entre nosotras dos, ni siquiera existen secretos. Me contó hace un par de días que a principios de curso se estuvo viendo con uno de los profesores del instituto. Y no sólo eso, que tuvo relaciones con él. Luego él la dejó tirada, y ahora el único obstáculo que la separa de Martina es el director. Martina no sabe nada de esto. Judith sabe que soy una tumba, y nunca mejor dicho por lo muerta que me siento. Cris ahora mismo está más feliz que nunca, y yo me alegro por ella. Es la única de nosotros que tiene algo bueno que celebrar; está con una chica. Y cada día las dos se quieren más. Ainara y Marcos no se hablan. Por los pasillos del instituto ya ni se saludan, y él parece haber perdido el interés en ella, y de repente siento que se está comenzando a interesar en mí. Lo que me preocupa es que no sé si es a raíz de tu muerte, a raíz de que sea la hermana de Ainara, o porque está confundiendo lo que tenemos, que no es más que una amistad. Ha pasado un mes desde que te fuiste, y no estoy preparada para empezar, no puedo seguir, ni quiero.

-Pasa.
Ainara abre la puerta de la habitación y entra.
-¿Y ésa cara?- Le pregunta en cuanto la ve.
Maia traga saliva.
-Estaba un rato escribiendo aquí.
Ainara se acerca al escritorio y lee las primeras líneas rápidamente.
-Deberías de dejarlo ya, Maia. Dejar de torturarte día sí y día también.
Maia cierra el portátil.
-Tú no lo entiendes. ¿Qué has venido a decirme?
-Sé que no te apetece salir, pero Cris quiere vernos.
Maia  niega con la cabeza.
-Tienes razón, no me apetece.
-Dice que tiene algo importante que contarnos. Y quiere que estemos todas, así que vístete, que hoy es sábado, ¿y quién eres tú sin salir un sábado?
-Ainara, no me apetece. Llevo cuatro sábados sin salir, y no me apetece, lo siento.
-No seas cabezota. Vístete.
Maia suspira y comienza a buscar lo que se va a poner en el armario.
Ainara sonríe.
 Ésta vez ha sido fácil convencerla.

Cris mira las fotos de ésa noche en la galería de su teléfono.
Cuántas vueltas dio todo antes de que Ana y Alexia desaparecieran.
Y es verdad, aquella noche Eme la encontró en una discoteca con Alexia, le dijo todo lo que sentía por ella, ambas lloraron, y quedaron en darse una última oportunidad, pero ésa vez empezando desde cero. Y desde entonces, su relación va viento en popa.
Lo complicado ha sido ocultárselo durante éste mes, pero más difícil será para ella coger a sus amigas y a Eme y decirles chicas, tengo cáncer. Porque sí, al lunes siguiente a Cris le dieron los resultados. Y sus temores se hicieron realidad. Efectivamente, tiene cáncer.

Marcos mira a la chica del otro lado de la mesa.
Están en la cafetería Vivaldi.
Tania y él, tomándose unos refrescos.
Llevan tres semanas y pico quedando día sí y día también, y le está ayudando mucho para superar lo de Ainara, y también en parte lo de Mónica. Dos desamores en cuestión de días. Ahora se anda con pies de plomo. Tania, la agente es una tía tres años mayor que él con la que comparte los mismos gustos.
-Me acuerdo perfectamente de cuando quedamos la primera vez. Estabas nerviosísimo.
Marcos se sonroja y ríe.
-Normal, es la primera vez que una policía me llama a mi número de teléfono de madrugada con ganas de verme.
-Fue una locura, tienes razón. Pero es que no podía dejarte escapar.
-Oh, qué bonito.- Se cachondea él.
-Eres imbécil.- Se ríe ella.

Ha pasado un mes ya y su madre aún está enfadada con ella. La cosa al cabo de un par de semanas pareció calmarse, pero a su madre nunca se le va a olvidar ver cómo se llevan detenida a su hija. Aquel lunes no fue a clase. Tampoco el martes. Y a partir de esa semana, se dejó los estudios. Lo que a su madre no le hizo ninguna gracia, y desde entonces sí que se llevan como el perro y el gato. Lo que su madre nunca entenderá es que no lo hizo porque no quisiera estudiar, sino porque lo de Omar y Jorge la despistaron completamente. Judith le entregó su virginidad, ¿y para qué? Terminó ése fin de semana y ellos dejaron de verse. Él comenzó a evitarla, y ella a ansiar una explicación. Y la tuvo. Sólo me interesaba tener sexo contigo, Judith. Ya soy mayorcito para tener un lío así con una alumna.


Aquel lunes Marta tampoco llevó a cabo su plan. Meditó un poco, y era mucho más inteligente unirse a ellas, ser una más, integrarse para luego desintegrarlas a ellas. Monicuernos volvió a aparecer, pero ésa vez no era ella quien controlaba la cuenta. Se la habían robado. La misión que sí que llevó a cabo fue la pintada en el coche de Martina. Martina + Jorge = Emily. Alexia, la chica del metro la ayudó, y nadie nunca más volvió a sospechar de Marta. 

viernes, 24 de abril de 2015

Capítulo treinta y ocho:

Capítulo treinta y ocho:
                 
                                   No digas nada por favor,
                                   No vaya a ser que me despierte
                                   De un sueño en el que puedo verte
                                   Y aún puedo hablarte de mi amor.

Un médico vuelve a dar la misma noticia ante otra joven que llora desesperada.
-Aarón ha fallecido. Lo siento, no hemos podido hacer nada por él.
Maia no puede contener el llanto.
Deja de sentir que vive, sólo siente los brazos helados, y sus latidos corriendo desenfrenados.
-¿Crees que puedes localizar a sus padres?
-En el autobús. Llevaba… su móvil.- Consigue articular Maia entre sollozos.
-Lo tengo aquí mismo, lo llevaba en el bolsillo del pantalón. Pero no conseguimos desbloquearlo.- El doctor le entrega el móvil de Aator.
Ella tampoco conoce el código.
Pero algo de idea tiene, ¿su fecha de nacimiento?
-Espera en el pasillo mientras lo intentas.

Ella sale del despacho sin decir nada.

Capítulo treinta y siete:

Capítulo treinta y siete:
                 
-Yo te espero aquí; no quiero que Maia se entere de que me he chivado.
Mikel asiente con la cabeza y abre la puerta del portón y sube hasta el primero.
-¡Mikel, qué alegría verte por aquí!- Exclama la madre de las gemelas en cuanto abre la puerta.
-Había venido a ver a Maia.
Su madre resopla.
-Qué mal, cariño, no puedo ayudarte porque ni yo misma sé dónde se mete. ¿Quieres pasar?
Mikel asiente.

Marta planea sentada en el portal del edificio de Maia la que será su nueva venganza.
Alba.
Ella sabe que está detrás de la cuenta de Monicuernos.
Y tiene que eliminarla.
Tiene que hacer lo posible y lo imposible porque Alba mantenga la boca cerrada.
Se saca la navaja del bolsillo disimuladamente, y sonríe pasándose la lengua por los colmillos.

Gael y Mónica hablan en otra habitación a solas.
-Ahora mismo me da igual mataros. Voy a ir a la cárcel por lo de mi hermana de todos modos.
-¿Pero qué culpa tenemos nosotros? ¿Qué culpa tienen tus amigos y tu hermana?
Él ríe.
-Lidia tiene más culpa que nadie. ¿Sabes? Quiero acabar con esto cuanto antes.
Ella tiembla.
-¿Qué pretendes?
-Te doy una salida fácil. Coge la pistola, entra a la prisión y mata a Lidia. Mis manos se quedarán limpias y tú seguirás viva. Tendrás hasta la oportunidad de escapar.
Y me darás a mí la oportunidad de escapar mientras la policía está entretenida buscándote.
Mónica se queda paralizada un segundo.
¿Tan fácil es? ¿Me va a dar simplemente el arma a mí?
Él la mira serio.
-¿Entonces qué?
Mónica asiente con la cabeza.
-Pásamela, prefiero ser una asesina que morir siendo buena persona.
-Entonces sígueme.
Los dos entran a la cocina, él abre el candado y le da la pistola a Mónica, no sin antes darle un consejo:
-Piénsalo muy bien antes de hacer algo.
Ella le arrebata la pistola de la mano.
En milésimas de segundo ya le ha apuntado en la cabeza a Gael y presionado el gatillo.
Él le muestra una sonrisa.
Al instante le quita la pistola y le da una fuerte patada en la barriga, que la hace desplomarse dentro de la habitación.
Él cierra de nuevo el candado ante la mirada asustada de Lidia.

Cris no le responde al teléfono.
Lo intenta una vez más frente a la puerta de su edificio.
Y reúne el valor suficiente para llamar al telefonillo.
-¿Quién?- Pregunta la madre de Cris al otro lado.
Eme guarda silencio y se aleja.

En el interior de la casa de la familia de Maia, Sabina, su madre entra al salón con una bandeja y dos tazas de café.
Mikel la espera sentado en el sofá.
-¿Y qué era eso que querías contarme, cariño?
Mikel traga saliva.
Quiere desviar el tema.
-Enhorabuena por la magnífica decoración de la casa, Sabina.
Mikel coge la taza, nervioso y se quema las manos.
La suelta y esboza una sonrisa.
-Gracias Mikel, pero qué es lo que has venido a decirme.
Mikel traga saliva.
Está sudando.
-He venido aquí porque hecho demasiado de menos a Maia, y necesitaba verla.
Sabina le sonríe.
-¿Estáis saliendo?
Mikel niega con la cabeza.
-Ya no.
-Pues creo que si has venido hasta aquí por ella debería de darte una oportunidad.

Los dos tienen una conversación normal, de no ser porque son alumna y profesor, y que están en un hotel, alejados del mundo.
-¿Por qué decidiste estudiar arte?
Él no sabe qué responderle.
Lleva un calentón increíble.
-La verdad es que no lo sé.
-Venga, enserio. Todo el mundo nos dice que eso no llega a ningún lado, ¿qué hizo que quisieras impartirlo?
Él se ríe.
-Que tú me lo preguntes.
-Enserio, Jorge.
Los dos están sentados en uno de los laterales de la cama.
Él le posa un dedo en los labios.
-Cállate.
Y se acerca a ella y la besa en la boca, primero con suavidad, y al cabo de unos segundos con violencia. Le aplasta uno de sus pechos con la mano.
Judith intenta apartarse, y él le pone la mano en la nuca y la atrae hacia él.
Baja la otra mano a su cintura, y la cuela por su ropa interior.
Ella se pone roja y comienza a agobiarse.
Cuando le introduce los dedos dentro de su vagina gime, pero no por el placer que le supondría, sino por el dolor. Jorge se está descontrolando y ella no puede hacer nada. Y tal vez en ése momento tampoco le apetece hacer nada. Por un lado huir y esconderse porque no está preparada, por otro lado quedarse y dejar que la boca y las manos de Jorge la consuman en un orgasmo infinito.
Pero está Omar.
Dentro de su mente a veces Omar, a veces Jorge los dos o ninguno de ellos la tumba en la cama y se echa encima de ella.
Ella le quita la camiseta a él.
Los dos se comen con pasión a mordiscos y a caricias.
Él le desabrocha los pantalones a ella.
Judith siente vergüenza cuando le deja los pechos al descubierto bajo su pecho suave y depilado.
Los pezones de Jorge no son lo único que está de punta.
Él le come el cuello.
Ella intenta que se levante para poder lamerle los pezones.
Y lo masturba, primero con timidez, como la cosa más íntima del mundo, luego con calor.
Tiene ganas de gritarle que pare, solo para que él siga más y más.
Él la coge del cuello y gime. Le lame los pechos, y luego pasa rozando por el lado izquierdo de su ombligo. Siente su nariz deslizarse por ahí, junto a los besos.
Y baja.
Primero solo con los labios, luego con la lengua también, él le practica sexo oral.
Ella tiembla por dentro.
Mil escalofríos recorren su piel.
La piel de gallina a cada lengüetazo.
Más calientes con cada beso.

Entre prisas y prisas llega el orgasmo, y ellos tienen todo el tiempo del mundo.

lunes, 20 de abril de 2015

Capítulo treinta y seis:

Capítulo treinta y seis:
                 
Unas horas más tarde atardece en Madrid.
Ainara está asustada.
Mónica guarda silencio.
-¿Has venido hasta aquí por Lidia?- Le pregunta Gael.
Mónica guarda silencio.
Se saca la pistola del cinturón otra vez.
-Mónica, ¿vas a responderme?
Le apunta con el arma.
Ainara contiene la respiración.
-Respóndele, Mónica.- Le ruega Rafa, nervioso.
-Lidia es mi mejor amiga, ¿dónde está?

Lidia reconoce la voz de Mónica y se pega más a la puerta para escucharla mejor.
-Vamos, Gael. Te he hecho una pregunta. ¿Dónde está Lidia?
-Encerrada, y en unas horas muerta. Como todos nosotros.
-Pues no tiene ningún sentido tu plan, Gael. Nos estás condenando a muerte y ni tú mismo tienes motivos. ¿A qué juegas?
Ainara agarra a Mónica.
-Tranquilízate por favor.
Mónica la empuja.
-¿Y tú qué? ¿Primero te enrollas con mi novio y ahora me dices cómo comportarme?- Le grita.
Ainara agacha la cabeza.
-Chicas, las peleas de crías fuera.
Mónica suelta una carcajada.
-Lo dices como si fuera fácil. Como si nos fueses a dejar salir.
Gael sonríe.
-¿Quieres salir de aquí con vida? Vamos, acompáñame.

Hugo llama a la puerta de la habitación de su hermana.
La chica está tumbada en su cama, con los auriculares puestos, llorando.
Hugo se sienta a su lado y Eme se incorpora.
-¿Y Cris?- Es lo primero que le pregunta.
Eme niega con la cabeza.
Se quita los auriculares y lanza con fuerza el mp3 contra la pared.
Llora como si el llanto la desgarrase por dentro.
Su hermano la abraza.
Ella cierra los ojos con fuerza.
Quizás con los ojos cerrados ésa verdad no sea tan real.
-Me ha dejado. Me ha dejado porque sus padres se han enterado de lo nuestro.
Él suspira.
-Lo mejor será que hable con ella, ¿no crees?
-¡No!- Exclama Eme.
-¿Por qué?
-Porque si me ha dejado antes que luchar, no le importaré tanto.
Hugo niega con la cabeza.
-Creo que Cris tiene el mismo problema que Lucas; no lo tiene claro.
Eme lo mira.
-¿Sabes? Yo también lo pienso, de Cris al menos. Pero Lucas te quiere, se nota a leguas que está enamorado de ti. Cuando te mira, le brillan los ojos como si estuviese viendo una obra de arte.
-¿Y Cris qué? La haces feliz, y parece que ella está empeñada en echarlo a perder. Deberíais de seguir viéndoos, deberíais de luchar por lo vuestro.
Eme también suspira.
-Hugo, ¿te puedo contar algo?
Hugo asiente.
Eme traga saliva.
Dos lágrimas más caen por sus mejillas.
-Ésta tarde he quedado con Ana. ¿Te acuerdas de ella? Ha estado aquí mismo, hasta hace un rato. Nos hemos besado, y creía que no pasaría, pero ahora estoy demasiado confusa. ¿Darle otra oportunidad a Ana y así olvidarme de Cris o seguir tropezando mil veces más, hasta que ya no me queden fuerzas? Con Ana todo era bonito cada día, quizás incluso monótono. Con Cris cada día hay un motivo nuevo por el que deberíamos de parar.
Hugo le sonríe.
-Deberías de hacer lo que creas que es lo mejor. Pero si eliges a Cris, nunca le ocultes lo de Ana.
-Si le cuento que nos hemos besado se pondrá histérica.
-Ya, pero ella te ha dejado, y tú lo has hecho estando soltera, ¿o no?
Eme asiente.
Le sonríe y se levanta de la cama.
-Gracias, hermanito. Voy a buscarla. Necesito decirle algo.
-¿Qué vas a decirle?
-La verdad es que aún no lo he decidido.

-¿No crees que nos estamos alejando demasiado de Madrid?- Le pregunta Judith cuando ve el cartel en la carretera que indica que están entrando a 
Él toma la siguiente salida a la derecha.
Abre la mano y Judith posa la suya encima.
Los dos se miran.

-Ésta mañana he reservado habitación en un hotel de por aquí. Quiero que pasemos la noche juntos.

sábado, 18 de abril de 2015

Capítulo treinta y cinco:

Capítulo treinta y cinco:
                 
Ha pasado casi un año desde aquella última vez que alguien me vio sonreír. Sonreír como sólo sonríen dos enamorados, o quizás solo uno. Y a mí siempre se me dieron mal las matemáticas, nunca entendí la teoría inversa que explica cómo de una pareja, siempre hay uno que quiere más. O que quiere, así a secas. Y el amor, tan bonito como lo pintan, para mí supuso el gran desastre que aconteció cuando dejamos de amar, o de respetarnos más bien. Y el amor, tan maravilloso como cuentan que es, maravilloso el desastre que dejaste de mí.

Emily deja de leer con lágrimas en los ojos.
Fue la última caja que metió en su baúl de recuerdos.
La escribió hace unas semanas, y ni siquiera la recordaba.
El siguiente folio que despliega es una carta de Marta.

Querida Emily:
¿Qué decir que no te haya dicho ya? Para mí eres una de las personas más especiales que conozco. Te diría que eres como mi hermana, pero más que eso, Emily, eres mi vida. Y te juro que no puedo soportar ver cómo ese gilipollas te trata. ¿Tú lo viste anoche en la fiesta del cumple de Mónica? Hizo ver a todo el mundo que eras solo suya, y algún día alguien le va a dar su merecido. Se lo merece, y tú no te mereces que él te haga ver como un objeto a ojos de todos, como su pertenencia. Todos se estarán cachondeando de ti, todos jugarán contigo por su culpa. Todos te verán como un juguete, y tú no te mereces eso.

Emily pone más atención.
Ahora tiene una prueba de que Marta es Monicuernos; ésa era su letra hace un año.
Coge un rotulador y subraya la frase.
Marta es Monicuernos, esa es la relación que tiene Marcos en todo esto.
Marca el número de Marta.

-Lo siento, tengo que cogerlo.- Se disculpa él, levantándose del banco.
Marta asiente.
-Si es Maia no le cuentes que estoy aquí, por favor. Se enfadará mazo si se entera.
El chico enarca una ceja y responde.
Al instante, el móvil de Marta también comienza a sonar.
La chica se levanta del banco y se aleja para responder.
-¿Qué?
-Marta, necesito que me aclares algo. Dices que no eres Monicuernos, ¿pero te has dado cuenta de que tiene la misma letra que tú hace un año?
Marta calla al otro lado de la línea.
-Coincidencia, ¿no crees?
-No, la verdad es que no te creo.
-Está bien, Emily. Ve a reclamarles la verdad a tus padres postizos y deja de intentar cazar demonios, porque a veces, esos demonios que intentas cazar te pueden atacar, ¿lo sabes?
-Estás fatal de ahí arriba, ¿qué padres postizos?
-Martina te abandonó al nacer. Sí, a mí también me sorprendió. ¿Quieres la verdad? Sí, soy Monicuernos, ¿quieres saber también por qué Marcos también está metido en todo esto? Porque te trató fatal cuando estuvisteis juntos, y lo sabes. Sabes que se lo merece, igual que tú te merecías a alguien mejor. ¿Quieres toda la verdad? Porque su precio puede ser muy alto.
-Quiero saberlo todo.
-Está bien, Emily. Yo te quería.
Emily niega con la cabeza y corta la llamada.
Mikel camina nervioso de un lado a otro.
-Por suerte me han dejado llamarte. No puedes contarle nada de esto a mis padres.
-Que te den, Maia.
Mikel corta la llamada y mira a Marta con los ojos vidriosos.
-Me alegra saber que está bien.
-Es una irresponsable. Me ha contado que tiene novio, y que está en la UCI, y que ningún médico le quiere decir cómo está, tampoco la dejan pasar a verle. Quiere que les diga a sus padres que está en Mutriku conmigo, para que no se preocupen. Deberían de castigarla de por vida.
Marta asiente.
-Estoy de acuerdo contigo en que un castigo la haría escarmentar, y estás hablando con la experta en hacerlo. Sólo tienes que confiar en mí.
Él asiente.
-Maia se fue de viaje con su nuevo novio para no verte. Sabía que vendrías. Te tiene comiendo de su mano.
-¿Y tú cómo lo sabes?
-Mikel, no me hagas tantas preguntas y confía en mí, por favor. Lo sé porque soy su amiga, y las chicas entre nosotras nos contamos estas cosas. Yo sé dónde vive Maia. Vas a ir a su casa, y les vas a contar a sus padres donde está, y con quién.


Ella está acostada en su cama.
Intenta otra vez robarle la cuenta de Twitter desde su móvil.
Hoy ha descubierto un grupo que le gusta mucho, y de los que ya no se sabe nada; DEspisTaoS.
Hace un rato ha escuchado Estrella y ahora está con Mañana por la mañana.
Se cansa de intentarlo y busca información sobre cómo robar una cuenta.

Al rato Alexia entra en la habitación de Cris.
-¿Qué haces tú aquí?- Le pregunta, secándose las lágrimas.
-Estaba en el salón, has entrado y ni me has saludado.
-Estoy enfadada con mi madre.
-¿Puedo pasar y me cuentas?
Cris se sienta en la cama.
-Claro, cierra la puerta.
Alexia hace lo que le pide, se descalza y se sienta frente a ella.
-Perdona si se huele a pies. He andado mucho para venir hasta aquí.
Cris suelta una carcajada.
-Idiota, me haces reír.
Alexia también se ríe.
-Cuéntame, anda.
Coge el cojín y le da con él.
Cris la mira.
-¿Sabes? Ya no tiene importancia.
-¿Quieres salir a tomar un helado?
Cris niega con la cabeza.
-Mi madre no me deja salir por miedo a que vea a Eme.
-Tu madre me adora. Seguro que conmigo si te deja.

Judith sale del hospital sin ningún problema.
Camina deprisa por la calle y se pierde entre la gente.
En la siguiente esquina, se choca con Lucas.
Judith le pide disculpas y sigue su camino.
-¿La tía esta es enfermera?- Le pregunta extrañado Lucas a Hugo.
-¿Quién es?
-Una chica que me pidió fuego el otro día.
-Ya, ya.
Hugo no le cree.
-No me jodas que también te vas a poner celoso de ella.
-Pues sí te jodo, Lucas, que desde que vas de una acera a otra uno no se aclara.
-Enserio, Hugo, tío.
Hugo resopla.
-Es la verdad, aclárate y así no me pierdo. O hazme un croquis.
-¿Sabes qué, Hugo? Vete a la mierda.

Escucha el ruido del candado y el tintineo de unas llaves.
Su móvil se quedó sin batería hace rato, y ella lloró hasta quedarse dormida, perdiendo la noción del tiempo.
Gael entra él solo a la habitación.
Los demás, si es que están, estarán en silencio en otra habitación.
Y Lidia quiere pensar que están.
Cierra la puerta tras él.
Va armado con un palo de hierro.
No la deja ni levantarse, la golpea directamente en la cara con él.
-¿Tenías el móvil?- Le pregunta, la golpea de nuevo, y se lo quita.
A Lidia le sangra la cara.
Lo mira con odio, directamente a los ojos.
-¿Qué mierda quieres de mí?- Le grita, y él sale de nuevo, cerrando el candado.

-Te dije que conmigo te dejaría.- Sonríe Alexia, saliendo del portón detrás de Cris.
-Está bien, tenías razón. Aunque Eme también parecía que le caía bien y mira.
-Ya, no pienses en ella. Ahora estás conmigo, a punto de zamparte un delicioso helado de chocolate.
Cris se ríe.
-Soy alérgica a la lactosa.
Alexia suelta una carcajada.
Las dos chicas se miran y lentamente se cogen de la mano.

Mónica silba dos veces desde la acera y una cabeza se asoma por la ventana.
-Hola, ¿está Lidia?
-Llama a la policía.- Le pide en voz baja.
-¿Qué?- Mónica enarca una ceja.
-Que les llames. Está armado, y tiene a Lidia encerrada. Tampoco nos deja salir a nosotros.
La chica cierra la ventana y Mónica camina hacia Ainara, que la estaba esperando en la esquina de enfrente.
-¿Qué te ha dicho?
-Quiere que llame a la policía. Se le ha ido la pinza al hermano de Lidia.
En ese momento, Gael abre la ventana y apunta directamente a las chicas con la pistola.
-Rafa, baja a por las chicas. Tenemos visita.

Jorge detiene el coche justo delante de Judith.
-¿Te subes?
Judith se detiene de golpe y lo mira, asintiendo con la cabeza.
Ella se sube al coche de su profesor, que acelera y los pierde por la ciudad.

-Mi opinión es que no deberíais de ser tan duros con ella. No es tan raro que una chica de su edad se quede embarazada, y es su decisión abortar o no.
Sonia mira con desprecio a Martina.
-Entonces has venido aquí a opinar sobre cómo educo a mi hija.
-Sólo intento ayudar a Sofía.
Sonia se pone nerviosa.
-Estamos hablando de mi hija Mónica, no de Sofía.
-No lo entiendes.
-¿El qué no entiendo? Vienes a mi casa y pretendes decirme cómo educarla, ni que fuera tu hija.
Martina niega con la cabeza.
-Sobre eso precisamente quería hablarte; yo soy la madre biológica de Mónica… O Sofía, como yo la llamé.
Sonia traga saliva.

-Vete de mi casa. Y que Mónica no se entere de esto, o tendrás problemas.

Capítulo teinta y cuatro:

Capítulo treinta y cuatro:
                 
                                   Una vez le prometió
                                    << Tú siempre serás mi estrella. >>
                                  
Cris camina hasta su puerta silenciosa.
Traga saliva, se saca las llaves del bolsillo y abre la puerta.
Pasa del recibidor al comedor.
Ve a una chica pelirroja que está de espaldas a ella, sentada en una silla.
Su madre la mira con enfado.
Ella en silencio entra  a su cuarto, y se tira sobre la cama deshecha, donde rompe a llorar abrazada a su almohada.

                                   Estrella se inventa que vuelve a ser ella
                                     y luego siempre se despierta.

Ana empuja a Eme y cae sobre la cama.
Ella se tira encima, se ríe y vuelve a besarla.
Ana no cierra los ojos.
Necesitaba volver a ver su cara tan cerca.

                                   Lleva ya casi ocho meses
                                    Sin saber qué es el amor.

Mikel llora en la estación de autobuses, solo en un banco.
¿Qué ha pasado en ese autobús?
Está preocupado por Maia, y no puede hacer nada.
-Mikel, ¿qué haces tú aquí?- Le pregunta una chica.
Él levanta la cabeza.
-¿Te conozco?
-Maia es tu chica, ¿no? Soy amiga de ella. ¿La estás esperando?
-En realidad se acaba de ir.
La chica se sienta a su lado, y lo consuela.
Al cabo de unos segundos el chico le pregunta:
-No me has dicho tu nombre y sabes el mío.
-Sí, bueno. Me llamo Marta.

                                    Se mira en ropa interior y
                                    Pensándolo bien no se ve tan fea

Judith se cambia de ropa y guarda la suya en una de las taquillas de la sala.
Se mira en el espejo de uno de los armarios en sujetador.
Suspira y agarra la llave que está colgada en la pared de encima de las taquillas.
La suya es la 6B.
Cierra la taquilla y se sube a una silla para volver a irse por donde ha venido.

                                   Vuelve a ignorar el reloj cuando suena la puerta.

La madre de Mónica abre la puerta esperando encontrarse a su hija.
Se sorprende al ver a Martina.
-¿En qué puedo ayudarte?
-Buenas tardes, ¿está Mónica? Soy su profesora.
-No, se ha ido de casa hace un rato.
Martina enarca una ceja.
-¿Puedo pasar y me cuentas?
-Claro, pasa.

                                   Una vez le prometió
                                   <<Tú siempre serás mi estrella. >>

A la mente de Eme vuelve Cris, y Ana lo nota.
Las dos están en ropa interior.
Eme se aparta de ella.
-¿Estás bien, Esmeralda?
Eme asiente, y se sienta en la cama.
-Quiero que nos vistamos, por favor.
Ana suspira.
-Eme, no seas boba y déjate llevar, ¿quieres?
-No puedo, lo siento.
Ana se sienta a su lado y pasa el brazo por encima de sus hombros.
Eme llora.

                                               Y la estrella se apagó,
                                                Vuelve a iluminarte estrella.

Han necesitado varias ambulancias y cortar la autopista para rescatarlos a todos.
Bueno, seguramente a todos no.
El conductor probablemente esté muerto. Y quién sabe, seguramente haya más víctimas.
A Aator ha sido al primero al que se han llevado en una ambulancia a toda pastilla.
Maia va en otra distinta.
También han separado a dos niñas de su madre, que viajan en la misma ambulancia que ella, la más pequeña inconsciente.
¿Estará muerta?
Maia se frota el brazo con la mano que tiene bien, intentando entrar en calor, y pierde la mirada en el paisaje a través de la ventana.

De un segundo a otro, comienza a llorar, haciendo unos ruidos espantosos.