Capítulo
treinta y seis:
Unas
horas más tarde atardece en Madrid.
Ainara
está asustada.
Mónica
guarda silencio.
-¿Has
venido hasta aquí por Lidia?- Le pregunta Gael.
Mónica
guarda silencio.
Se
saca la pistola del cinturón otra vez.
-Mónica,
¿vas a responderme?
Le
apunta con el arma.
Ainara
contiene la respiración.
-Respóndele,
Mónica.- Le ruega Rafa, nervioso.
-Lidia
es mi mejor amiga, ¿dónde está?
Lidia
reconoce la voz de Mónica y se pega más a la puerta para escucharla mejor.
-Vamos,
Gael. Te he hecho una pregunta. ¿Dónde está Lidia?
-Encerrada,
y en unas horas muerta. Como todos nosotros.
-Pues
no tiene ningún sentido tu plan, Gael. Nos estás condenando a muerte y ni tú
mismo tienes motivos. ¿A qué juegas?
Ainara
agarra a Mónica.
-Tranquilízate
por favor.
Mónica
la empuja.
-¿Y
tú qué? ¿Primero te enrollas con mi novio y ahora me dices cómo comportarme?-
Le grita.
Ainara
agacha la cabeza.
-Chicas,
las peleas de crías fuera.
Mónica
suelta una carcajada.
-Lo
dices como si fuera fácil. Como si nos fueses a dejar salir.
Gael
sonríe.
-¿Quieres
salir de aquí con vida? Vamos, acompáñame.
Hugo
llama a la puerta de la habitación de su hermana.
La
chica está tumbada en su cama, con los auriculares puestos, llorando.
Hugo
se sienta a su lado y Eme se incorpora.
-¿Y
Cris?- Es lo primero que le pregunta.
Eme
niega con la cabeza.
Se
quita los auriculares y lanza con fuerza el mp3 contra la pared.
Llora
como si el llanto la desgarrase por dentro.
Su
hermano la abraza.
Ella
cierra los ojos con fuerza.
Quizás
con los ojos cerrados ésa verdad no sea tan real.
-Me
ha dejado. Me ha dejado porque sus padres se han enterado de lo nuestro.
Él
suspira.
-Lo
mejor será que hable con ella, ¿no crees?
-¡No!-
Exclama Eme.
-¿Por
qué?
-Porque
si me ha dejado antes que luchar, no le importaré tanto.
Hugo
niega con la cabeza.
-Creo
que Cris tiene el mismo problema que Lucas; no lo tiene claro.
Eme
lo mira.
-¿Sabes?
Yo también lo pienso, de Cris al menos. Pero Lucas te quiere, se nota a leguas
que está enamorado de ti. Cuando te mira, le brillan los ojos como si estuviese
viendo una obra de arte.
-¿Y
Cris qué? La haces feliz, y parece que ella está empeñada en echarlo a perder.
Deberíais de seguir viéndoos, deberíais de luchar por lo vuestro.
Eme
también suspira.
-Hugo,
¿te puedo contar algo?
Hugo
asiente.
Eme
traga saliva.
Dos
lágrimas más caen por sus mejillas.
-Ésta
tarde he quedado con Ana. ¿Te acuerdas de ella? Ha estado aquí mismo, hasta
hace un rato. Nos hemos besado, y creía que no pasaría, pero ahora estoy
demasiado confusa. ¿Darle otra oportunidad a Ana y así olvidarme de Cris o
seguir tropezando mil veces más, hasta que ya no me queden fuerzas? Con Ana
todo era bonito cada día, quizás incluso monótono. Con Cris cada día hay un
motivo nuevo por el que deberíamos de parar.
Hugo
le sonríe.
-Deberías
de hacer lo que creas que es lo mejor. Pero si eliges a Cris, nunca le ocultes
lo de Ana.
-Si
le cuento que nos hemos besado se pondrá histérica.
-Ya,
pero ella te ha dejado, y tú lo has hecho estando soltera, ¿o no?
Eme
asiente.
Le
sonríe y se levanta de la cama.
-Gracias,
hermanito. Voy a buscarla. Necesito decirle algo.
-¿Qué
vas a decirle?
-La
verdad es que aún no lo he decidido.
-¿No
crees que nos estamos alejando demasiado de Madrid?- Le pregunta Judith cuando
ve el cartel en la carretera que indica que están entrando a
Él
toma la siguiente salida a la derecha.
Abre
la mano y Judith posa la suya encima.
Los
dos se miran.
-Ésta
mañana he reservado habitación en un hotel de por aquí. Quiero que pasemos la
noche juntos.
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