Capítulo cinco:
-¿Qué
haces, Alba?- Le pregunta Judith, asustada.
Ambas
están de cara al espejo, Alba está intentando subirle la camiseta a Judith.
-¿Es que
no puedes verlo? Vamos, déjame levantarte la camiseta.
-Alba,
quiero parar, por favor.
-¿Parar
para qué? ¿Para seguir siendo una gorda? Vamos, no seas estúpida. Tienes que
verte en el espejo.
Judith
niega con la cabeza.
-Está
bien.
-Te he
dicho que quiero parar.
-Y
pararemos cuando sea el momento de parar. Levántate la camiseta y mírate.
-Ya te
he dicho que no quiero, Alba.
-¿Por
qué? Si tan perfecta estás, no te importará demostrarlo, ¿no?
Judith
suelta un bufido y se levanta la camiseta.
-¿Ahora
qué?
Alba
suelta una carcajada.
-¿Ahora
qué de qué? Tendrás que echar la pizza, y yo te enseñaré cómo.
Ya casi
ha oscurecido. Marcos ya está en su habitación, fumándose un cigarrillo apoyado
en la ventana. Él casi nunca fuma, solo cuando hay algo que le preocupa.
Se está
cuestionando si debería dejarlo con Mónica. Después de todo, Ainara y él se han
besado. Y los dos se gustan, lo que no sabe es si tanto como para dejarlo con
su chica.
Su móvil
suena en sus pantalones vaqueros.
Lo saca.
Es una
notificación, le ha seguido una nueva cuenta en Twitter.
@Monicuernos.
Entra en
el perfil, y lo que ve le paraliza.
En el
icono hay una foto de él y Ainara besándose.
De
encabezado, una foto de Mónica enrollándose con un tío sentados en un sofá.
La
cuenta ha publicado dos tweets, el
último mencionando las cuentas de su chica y también la del otro chico.
¿Podrá el amor superar ésta
infidelidad?
Ha
adjuntado una imagen.
La abre.
Es un
collage. En la parte superior se ve el beso que Ainara y él se han dado y en la
parte inferior se ve a Mónica besando a otro chico.
Suspira
y marca el número de Mónica.
-¿Sí?-
Mónica contesta a la llamada temerosa. Seguramente ya habrá visto la foto en
Twitter.
-Mónica,
soy Marcos. Creo… Creo que tenemos que hablar.
Mónica
por una vez se comporta como una persona madura.
-Sí, la
verdad es que yo también lo creo.
-¿Paso a
recogerte y nos vamos a dar una vuelta?
Mónica
traga saliva.
Ha
empezado a llover.
Soy
sincero con tus dudas,
Cuando
triste me preguntas,
Qué sería de nuestra vida si se acabara el
amor…
Eme
acaba de llegar a su edificio. Sube las escaleras de dos en dos. Las lágrimas
le caen rápidas por la cara. No ha dejado de llorar desde el parque del Retiro.
Abre la puerta de la terraza y sale. El cielo está nublado, gris. Se detiene
enfrente de la puerta metálica de su trastero. Busca en los bolsillos las
llaves.
Las entiendo,
Porque
a mí también me da miedo,
Porque
es tu olor quien cose todo lo que quiero,
Pero
el amor no se puede medir en tiempo…
Maia se
muerde el labio inferior hablándole a su hermana de Aator.
-Era
guapísimo.
-Un
idiota.
-¿Pero
has visto ésa sonrisa? Y su pelo rizado… Ay.
Ainara
sonríe a Maia.
-La
verdad es que sí. Guapo era.
-¿Ves?
-Pero
no, Maia. Hay algo que tienes que tener presente todo el tiempo; o estás con
Mikel, o no lo estás.
Maia
mira a Ainara seria.
-¿Sabes?
Tienes razón.
Maia
escribe un mensaje en su teléfono.
Aunque desde que estoy en Madrid
las cosas sean distintas, quiero estar contigo. Tenlo siempre presente.
Le da a
enviar.
A los
segundos su móvil empieza a sonar.
Es
Mikel.
Maia
mira a su hermana.
Las dos
sonríen.
Porque es un arte,
No
se rige por un calendario,
Es
lo invisible que mantiene éste mundo girando…
Eme se
está dejando los nudillos en el saco de boxeo.
Está
concentrada, dando puñetazos.
Sacando
la rabia que la invade.
Suelta
otro puñetazo con todas sus ganas.
Llora a
mares.
Otro
puñetazo más.
-Te
quiero.- Le dice al saco de pronto.
Sonríe.
Otro
puñetazo más.
-Te
quiero. De un modo estúpido y no hace ni veinticuatro horas desde que te
conozco, pero te quiero.
Otro
puñetazo.
-Te
quiero. Hace tiempo me prometí no volver a querer a alguien, porque cuando
quieres duele, pero te quiero.
Otro
puñetazo.
-Te
quiero. Y sé que tú a mí no, porque yo soy una chica, y tú también.
Dos
puñetazos más.
-Te
quiero. Pero tú no puedes quererme a mí.
Un
puñetazo más.
Y otro.
Y mil más.
Entonces,
su rostro se ilumina.
Tan sólo amemos nuestros cuerpos,
Mientras
lo permita el alma,
Y
no me hagas más preguntas,
Porque
no sé contestarlas.
-Tienes que
repetirlo conmigo, Judith: Doy asco. Mi cuerpo da asco. O mejor, no lo repitas.
Créetelo.
Alba
mira a Judith enarcando una ceja.
-Doy
asco. No entiendo cómo no me he dado cuenta antes.
-Muy
bien. ¿Quieres seguir con esto?
Judith
está llorando. Ve su reflejo en el espejo.
Asiente.
-Debo
seguir con esto, Alba. Con éste cuerpo tan horrible quién se va a fijar en mí.
-Eso es.
Mírate. Estás obesa.
-No me
quiero mirar más, Alba.
-¿Por
qué?
-Siento
el asco suficiente.
-Sabes
lo que tienes que hacer ahora, Judith. Ve ahí, métete los dedos, vomita. Saca
toda ésa grasa de tu cuerpo.
Judith
está pálida.
A la luz
del baño tiene ojeras.
Echa a
correr, apoya un brazo en la taza del váter.
Se mete
dos dedos de la otra mano en la boca.
Lentamente
va rozando su garganta.
Nota la
bilis subir mientras ella se pierde en un millón de arcadas.
Hagamos hoy el equipaje
Con
los recuerdos que vivimos,
Por
si nos encuentra el destino,
Porque
el amor, corazón, no se mide,
El
amor es un arte…
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