sábado, 4 de abril de 2015

Capítulo cinco:

Capítulo cinco:
              
-¿Qué haces, Alba?- Le pregunta Judith, asustada.
Ambas están de cara al espejo, Alba está intentando subirle la camiseta a Judith.
-¿Es que no puedes verlo? Vamos, déjame levantarte la camiseta.
-Alba, quiero parar, por favor.
-¿Parar para qué? ¿Para seguir siendo una gorda? Vamos, no seas estúpida. Tienes que verte en el espejo.
Judith niega con la cabeza.
-Está bien.
-Te he dicho que quiero parar.
-Y pararemos cuando sea el momento de parar. Levántate la camiseta y mírate.
-Ya te he dicho que no quiero, Alba.
-¿Por qué? Si tan perfecta estás, no te importará demostrarlo, ¿no?
Judith suelta un bufido y se levanta la camiseta.
-¿Ahora qué?
Alba suelta una carcajada.
-¿Ahora qué de qué? Tendrás que echar la pizza, y yo te enseñaré cómo.

Ya casi ha oscurecido. Marcos ya está en su habitación, fumándose un cigarrillo apoyado en la ventana. Él casi nunca fuma, solo cuando hay algo que le preocupa.
Se está cuestionando si debería dejarlo con Mónica. Después de todo, Ainara y él se han besado. Y los dos se gustan, lo que no sabe es si tanto como para dejarlo con su chica.
Su móvil suena en sus pantalones vaqueros.
Lo saca.
Es una notificación, le ha seguido una nueva cuenta en Twitter.
@Monicuernos.
Entra en el perfil, y lo que ve le paraliza.
En el icono hay una foto de él y Ainara besándose.
De encabezado, una foto de Mónica enrollándose con un tío sentados en un sofá.
La cuenta ha publicado dos tweets, el último mencionando las cuentas de su chica y también la del otro chico.
¿Podrá el amor superar ésta infidelidad?
Ha adjuntado una imagen.
La abre.
Es un collage. En la parte superior se ve el beso que Ainara y él se han dado y en la parte inferior se ve a Mónica besando a otro chico.
Suspira y marca el número de Mónica.

-¿Sí?- Mónica contesta a la llamada temerosa. Seguramente ya habrá visto la foto en Twitter.
-Mónica, soy Marcos. Creo… Creo que tenemos que hablar.
Mónica por una vez se comporta como una persona madura.
-Sí, la verdad es que yo también lo creo.
-¿Paso a recogerte y nos vamos a dar una vuelta?
Mónica traga saliva.
Ha empezado a llover.

                                   Soy sincero con tus dudas,
                                   Cuando triste me preguntas,
                                   Qué sería de nuestra vida si se acabara el amor…

Eme acaba de llegar a su edificio. Sube las escaleras de dos en dos. Las lágrimas le caen rápidas por la cara. No ha dejado de llorar desde el parque del Retiro. Abre la puerta de la terraza y sale. El cielo está nublado, gris. Se detiene enfrente de la puerta metálica de su trastero. Busca en los bolsillos las llaves.

                                   Las entiendo,
                                   Porque a mí también me da miedo,
                                   Porque es tu olor quien cose todo lo que quiero,
                                   Pero el amor no se puede medir en tiempo…

Maia se muerde el labio inferior hablándole a su hermana de Aator.
-Era guapísimo.
-Un idiota.
-¿Pero has visto ésa sonrisa? Y su pelo rizado… Ay.
Ainara sonríe a Maia.
-La verdad es que sí. Guapo era.
-¿Ves?
-Pero no, Maia. Hay algo que tienes que tener presente todo el tiempo; o estás con Mikel, o no lo estás.
Maia mira a Ainara seria.
-¿Sabes? Tienes razón.
Maia escribe un mensaje en su teléfono.
Aunque desde que estoy en Madrid las cosas sean distintas, quiero estar contigo. Tenlo siempre presente.
Le da a enviar.
A los segundos su móvil empieza a sonar.
Es Mikel.
Maia mira a su hermana.
Las dos sonríen.

                                   Porque es un arte,
                                   No se rige por un calendario,
                                   Es lo invisible que mantiene éste mundo girando…

Eme se está dejando los nudillos en el saco de boxeo.
Está concentrada, dando puñetazos.
Sacando la rabia que la invade.
Suelta otro puñetazo con todas sus ganas.
Llora a mares.
Otro puñetazo más.
-Te quiero.- Le dice al saco de pronto.
Sonríe.
Otro puñetazo más.
-Te quiero. De un modo estúpido y no hace ni veinticuatro horas desde que te conozco, pero te quiero.
Otro puñetazo.
-Te quiero. Hace tiempo me prometí no volver a querer a alguien, porque cuando quieres duele, pero te quiero.
Otro puñetazo.
-Te quiero. Y sé que tú a mí no, porque yo soy una chica, y tú también.
Dos puñetazos más.
-Te quiero. Pero tú no puedes quererme a mí.
Un puñetazo más.
Y otro. Y mil más.
Entonces, su rostro se ilumina.

                                   Tan sólo amemos nuestros cuerpos,
                                   Mientras lo permita el alma,
                                   Y no me hagas más preguntas,
                                   Porque no sé contestarlas.

-Tienes que repetirlo conmigo, Judith: Doy asco. Mi cuerpo da asco. O mejor, no lo repitas. Créetelo.
Alba mira a Judith enarcando una ceja.
-Doy asco. No entiendo cómo no me he dado cuenta antes.
-Muy bien. ¿Quieres seguir con esto?
Judith está llorando. Ve su reflejo en el espejo.
Asiente.
-Debo seguir con esto, Alba. Con éste cuerpo tan horrible quién se va a fijar en mí.
-Eso es. Mírate. Estás obesa.
-No me quiero mirar más, Alba.
-¿Por qué?
-Siento el asco suficiente.
-Sabes lo que tienes que hacer ahora, Judith. Ve ahí, métete los dedos, vomita. Saca toda ésa grasa de tu cuerpo.
Judith está pálida.
A la luz del baño tiene ojeras.
Echa a correr, apoya un brazo en la taza del váter.
Se mete dos dedos de la otra mano en la boca.
Lentamente va rozando su garganta.
Nota la bilis subir mientras ella se pierde en un millón de arcadas.

                        Hagamos hoy el equipaje
Con los recuerdos que vivimos,
                        Por si nos encuentra el destino,
                        Porque el amor, corazón, no se mide,

                        El amor es un arte…

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