lunes, 6 de abril de 2015

Capítulo dieciséis:

Capítulo dieciséis:
            
-Hoy viene mi novio a cenar.- Le dice Alexia a Martina.
-Claro que no.- Le responde ella.
-Mejor, porque no sabía cómo decirte que soy bollera.
Martina abre los ojos como platos.
-Si aún estudiases, conocerías a Cris, una chica lesbiana de cuarto.
-¿Es guapa?- Le pregunta Alexia, interesada.
-Sí.
-Tía, quiero volver a estudiar. Ahora que vivo aquí, me encantaría volver a estudiar.
-Eh, aún no te has quedado. Dos días hemos acordado.
-¿Hay alguna plaza libre en cuarto?
-Ni una, Alexia.

-Éste es mi hermano Hugo. Hugo, ésta es Cris, mi chica.
Hugo le sonríe.
-Si no fuese tuya le tiraría fichas yo.
Hugo le guiña un ojo a Cris.
-Viejo salido, te odio.- Eme golpea a su hermano.
Él se revuelve, la engancha de las piernas y se la sube a un hombro.
Eme le suelta puñetazos entre risas.
-Vamos, pequeñaja. Siempre puedo contigo.

Jorge se ha quedado en calzoncillos. A fin de cuentas, vive solo y siempre después de meterse una rayita de cocaína le entra calor.
Se limpia la nariz con la mano.
Saca el móvil y le escribe un mensaje a Martina.
Martina, soy Jorge. ¿Te apetece que nos veamos?
Y piensa que las relaciones en las que las dos personas se han querido, nunca deberían de terminar mal, así nunca terminarían.

Alexia se fuma un cigarro en la habitación que Martina le ha asignado, con la ventana abierta.
Su tía se ha ido a tirar la basura.
Aunque las cosas que había dentro de las bolsas no parecía precisamente la basura, sino más bien la cesta de la compra.

Juan no está. Y tampoco habrá ésa cena que tanto se ha estado currando para celebrar los diez años que llevan juntos.
Ha tirado las gambas que compró para ésa noche tan especial.
Si Jorge no ha cambiado de número, seguramente pueda recordar cuál era y llamarle.
Cierra la puerta y coloca el abrigo rojo en el perchero del recibidor.
Busca su móvil en el bolso.
Cuando lo encuentra y lo desbloquea, lee el mensaje que recibió hace unos segundos.
Martina, soy Jorge. ¿Te apetece que nos veamos?
-¡Alexia, ven un momento!
Alexia sale de su cuarto.
-¿Tienes planes para ésta noche?
Alexia se pone tensa.
-Sí, pensaba… Pensaba salir un rato con mis amigas. ¿No puedo?
-Claro que puedes, ¿a qué hora te irás?
-¿A las once?
-Estupendo.
Alexia vuelve a su cuarto.
Martina marca el número de Jorge. Al tercer tono responde.

Juan está en su despacho.
Marca el número de Violeta desde el teléfono fijo.
-¿Sí?
-Violeta, soy tu tío. ¿Ésta noche puedes venirte a cenar conmigo?
-Me apetece más quedarme en casa, jugando a videojuegos.
-Violeta, sé que desde que saben que eres mi sobrina, todos te tienen manía. Pero podemos arreglarlo.
-Eso es lo que llevas intentando desde que entré en el instituto.
-Y no me cansaré de intentarlo. Déjame comprobar que estás bien.
Violeta suelta un bufido.
-¿A las ocho paso a recogerte entonces?

Son las cuatro y cuarenta y cinco de la tarde.
Ella está parada junto a la puerta del instituto.
Comprobará que las limpiadoras salgan, y cuando lo hagan, se colará ella.

Emily la está llamando.
Descuelga.
-¿Tía, dónde estás?
-En mi casa, cuidando a mi hermano, ¿dónde voy a estar?
-Quiero que nos veamos.
-¿Para?
-Hablar. Sobre lo que sucedió en la fiesta.
-Habla, yo te escucho.
-Cuando Nico te dejó… Es mejor que lo hablemos en persona.
-Pues yo ahora mismo no puedo, Emily.
-Más tarde, cuando quieras. De todas formas yo tengo que hacer el trabajo de inglés.
-¿Vas a empezarlo hoy?
-Voy a hacerlo hoy. ¿Tú de qué vas a hablar?
-Ni idea, ¿y tú?
-Sobre Monicuernos.
-¿Qué vas a decir?
-Ya veré.
-¿Sabes? Yo creo que lo voy a hacer sobre cosas que hacer antes de estar muerta, o de acabar en prisión.- Ríe ella.

Judith no es una fumadora experimentada, éste es el primer cigarrillo que va a probar en su vida y se le ha olvidado conseguir mechero.
Ahí viene un chico.
Viste una camiseta de un equipo de baloncesto, unos vaqueros caídos y una gorra negra de visera plana. Lleva rastas en el pelo y unas gafas de sol.
Tiene cara de fumador.
Judith se acerca a él.
-Perdona, ¿tienes fuego?
El chico se ríe.
-Lo siento, chico sano. Pero puedo ayudarte a conseguir uno, por ahí viene una señora.
El chico le coge el cigarro a Judith y echa a correr.
La abuelita va vestida con una falda y una chaqueta negras. Lleva un bolso enorme.
¿Cómo va a llevar ésa abuelita fuego?
-Perdone, señora, ¿lleva mechero?
El chico es súper educado.
La señora le responde con una sonrisa, enseñándole los pocos dientes que conserva.
Abre el bolso y saca el mechero.
-Aquí tienes, hijo.
Él se enciende el cigarro.
-Eres muy joven para fumar tan pronto, hijo. Así que piénsatelo o estarás como yo cuando seas mayor.- Le dice la señora.
-Muchas gracias, señora.
Él le devuelve el mechero y vuelve con Judith. La señora continúa su camino.
-Aquí tienes. ¿Cómo me has dicho que te llamabas?
-Judith.
-Yo me llamo Lucas, encantado.
El chico le da dos besos.
-¿Es tu primer cigarro?
Judith le sonríe.
-La verdad es que sí, y es porque estoy bastante nerviosa.
-¿Demasiados exámenes?
-Problemas con los chicos. La verdad es que con dos.
-Si quieres, puedes contarme mientras te fumas el pitillo.
-A uno de ellos lo conozco de hace años, siempre hemos ido a la misma clase pero nunca le he dicho que me gusta.
-¿Por qué no se lo has dicho?
-Porque no, yo no voy a gustarle.
-No seas tonta, estás genial. ¿Y con el otro qué?
-El otro es un chico nuevo del instituto al que voy. A veces coincidimos en algunas clases.
En las que me da él.
-¿Y con ése qué?
-Nos hemos besado. Ha sido mi primer beso, y qué primer beso, joder.
Lucas sonríe.
-¿Nunca te habías besado con nadie?
-No.
-Qué suerte tiene. Es difícil encontrar a una chica guapa y sin estrenar. ¿Te cuento yo?
-Claro, claro.
-Esto que no salga de aquí, por favor. Estoy con un chico desde hace seis meses.
-¿Enserio?
-Claro. El problema es que aún no estoy preparado para salir del armario, más que nada porque no sé si aún me gustan las chicas.
El móvil de Judith empieza a sonar.
Es Alba.
Judith responde:
-¿Qué quieres?

Cris y Hugo esperan pacientes en la mesa de la cocina a que Eme termine de preparar las hamburguesas.
-¿Tú de qué equipo de fútbol eres?- Le pregunta Hugo.
-A ella no le gusta el fútbol, Hugo.- Responde Eme.
-¿Qué es una bollera sin fútbol?
-Lo mismo que un gay que no escucha a Lady Gaga.
-Tocado.- Ríe Hugo.
-¿También eres gay?- Le pregunta Cris.
Eme pone cada hamburguesa en su panecillo.
Hugo sonríe.
-¿Qué es? ¿Que no se me nota?- Hugo saca toda la pluma.- Ay, tonta.
Eme se descojona.
Cris también se ríe.
-Enserio, qué guay. ¿Y tienes novio?
-Hugo está desde hace seis meses con un tío. Mañana podríamos cenar aquí los cuatro, ¿qué te parece?
Eme le sirve una hamburguesa a cada uno y se sienta con su novia.
El móvil de Cris empieza a sonar.
Judith.
-Sí, dime.
-Cris, soy yo, Judith. Creo que sé quién es Monicuernos. Alba me ha llamado hace un momento, dice que ha estado investigando, me ha dado la ubicación exacta del móvil y no está muy lejos del instituto.
-¿Y si se mueve?
-Tenemos a Alba para decírnoslo. Está controlando su ubicación todo el rato, si se va, nos avisará. Tú avisa a Ainara y Marcos, yo avisaré a Omar.
-¿A qué hora allí?
-Cuanto antes lleguemos, mejor. Pero tenemos que ir todos.

Tocan al timbre.
Martina se levanta del sofá y abre la puerta.
Llega él, cargando con una botella de whisky.
-¿Qué pasa? ¿Ya no te gusta el whisky?
Jorge le sonríe.
-Suponía que después de catorce años no estarías tan cambiada.
Martina está seria.
-No puedes estar aquí, Jorge. No hasta que no se vaya mi sobrina.
-¡¿Estás con tu sobrina?!
-Se ha colado en mi casa. Dos días. Menos mal que ésta noche saldrá de fiesta.
-¿Tía, quién es?
-Dile que han venido a cantar villancicos.- Le susurra Jorge.
-¿Qué?- Pregunta Martina.
-Era una broma, por un videoclip de Melendi. Dile que soy testigo de Jehová o algo, pero respóndele mujer.
-Tía, ¿quién ha venido?- Repite Alexia, asomándose desde su habitación.
Martina se gira hacia ella.
-Es un compañero del trabajo. Vamos a corregir los exámenes juntos.
-Venga ya, ¿con una botella de whisky? ¿Te crees que soy tonta? Si le estás poniendo los cuernos al tito, ole por vosotros. Pero a mí me dais un chupito antes de irme con éstas.
Martina estalla:
-¡NO!
-¿Cómo que no?
-Tu madre no quiere que bebas alcohol, menos te voy a dar yo.
Alexia se acerca a su tía y le habla al oído:
-Te dejo en media hora la casa sola para vosotros dos si a cambio me das un chupito, y yo no le digo nada a mi tío de que él ha estado aquí.
Su tía se ríe.
-En media hora te quiero fuera, cabrona.

Monicuernos ve a Omar a lo lejos.
Va con dos amigos por la acera de enfrente, cargando los tres con varias bolsas con cerveza.
Que se divierta mientras pueda.
No hay tráfico, y se les escucha perfectamente.
Ella se esconde detrás de uno de los contenedores de basura.
Se saca las gafas de sol del bolsillo, se coloca bien el pañuelo, se recoge el pelo en un moño y se lo tapa con el gorro.
-Mierda, me están llamando y tengo las manos ocupadas.- Se queja Omar, cuando el móvil empieza a sonar en su bolsillo.

Emily se graba con la cámara interna de su teléfono.
Sólo media cara.
El folio con lo que tiene que decir escrito directamente en inglés cuelga junto al móvil de la mano derecha de Emily.
Se mira en la pantalla.
Está guapa.
Un mechón rubio le cae liso delante de su oreja y se riza al llegar más abajo de su barbilla.
Sus ojos azules miran directamente a la cámara.

-Ésta es la historia de un ser despreciable, Monicuernos. Todos lo conocemos en mi instituto, unos por sus carteles publicitarios que colgó en las escaleras, otros por las pintadas en la clase de biología, y otros por haber sido víctimas de sus juegos. Los alumnos se preguntan quién está detrás de éste personaje. Yo tengo una teoría respecto a esto. La culpa no es de Monicuernos, la verdadera culpa es de las personas. Si nadie escondiese sus sentimientos, no existiría una persona enmascarada tratando de desenmascararlos uno a uno todos tus secretos. 

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