Capítulo dieciséis:
-Hoy
viene mi novio a cenar.- Le dice Alexia a Martina.
-Claro
que no.- Le responde ella.
-Mejor,
porque no sabía cómo decirte que soy bollera.
Martina
abre los ojos como platos.
-Si aún
estudiases, conocerías a Cris, una chica lesbiana de cuarto.
-¿Es
guapa?- Le pregunta Alexia, interesada.
-Sí.
-Tía,
quiero volver a estudiar. Ahora que vivo aquí, me encantaría volver a estudiar.
-Eh, aún
no te has quedado. Dos días hemos acordado.
-¿Hay
alguna plaza libre en cuarto?
-Ni una,
Alexia.
-Éste es
mi hermano Hugo. Hugo, ésta es Cris, mi chica.
Hugo le
sonríe.
-Si no
fuese tuya le tiraría fichas yo.
Hugo le
guiña un ojo a Cris.
-Viejo
salido, te odio.- Eme golpea a su hermano.
Él se
revuelve, la engancha de las piernas y se la sube a un hombro.
Eme le
suelta puñetazos entre risas.
-Vamos,
pequeñaja. Siempre puedo contigo.
Jorge se
ha quedado en calzoncillos. A fin de cuentas, vive solo y siempre después de
meterse una rayita de cocaína le entra calor.
Se
limpia la nariz con la mano.
Saca el
móvil y le escribe un mensaje a Martina.
Martina, soy Jorge. ¿Te apetece
que nos veamos?
Y piensa
que las relaciones en las que las dos personas se han querido, nunca deberían
de terminar mal, así nunca terminarían.
Alexia
se fuma un cigarro en la habitación que Martina le ha asignado, con la ventana
abierta.
Su tía
se ha ido a tirar la basura.
Aunque
las cosas que había dentro de las bolsas no parecía precisamente la basura,
sino más bien la cesta de la compra.
Juan no
está. Y tampoco habrá ésa cena que tanto se ha estado currando para celebrar
los diez años que llevan juntos.
Ha
tirado las gambas que compró para ésa noche tan especial.
Si Jorge
no ha cambiado de número, seguramente pueda recordar cuál era y llamarle.
Cierra
la puerta y coloca el abrigo rojo en el perchero del recibidor.
Busca su
móvil en el bolso.
Cuando
lo encuentra y lo desbloquea, lee el mensaje que recibió hace unos segundos.
Martina, soy Jorge. ¿Te apetece
que nos veamos?
-¡Alexia,
ven un momento!
Alexia
sale de su cuarto.
-¿Tienes
planes para ésta noche?
Alexia
se pone tensa.
-Sí,
pensaba… Pensaba salir un rato con mis amigas. ¿No puedo?
-Claro
que puedes, ¿a qué hora te irás?
-¿A las
once?
-Estupendo.
Alexia
vuelve a su cuarto.
Martina
marca el número de Jorge. Al tercer tono responde.
Juan
está en su despacho.
Marca el
número de Violeta desde el teléfono fijo.
-¿Sí?
-Violeta,
soy tu tío. ¿Ésta noche puedes venirte a cenar conmigo?
-Me
apetece más quedarme en casa, jugando a videojuegos.
-Violeta,
sé que desde que saben que eres mi sobrina, todos te tienen manía. Pero podemos
arreglarlo.
-Eso es
lo que llevas intentando desde que entré en el instituto.
-Y no me
cansaré de intentarlo. Déjame comprobar que estás bien.
Violeta
suelta un bufido.
-¿A las
ocho paso a recogerte entonces?
Son las
cuatro y cuarenta y cinco de la tarde.
Ella
está parada junto a la puerta del instituto.
Comprobará
que las limpiadoras salgan, y cuando lo hagan, se colará ella.
Emily la
está llamando.
Descuelga.
-¿Tía,
dónde estás?
-En mi
casa, cuidando a mi hermano, ¿dónde voy a estar?
-Quiero
que nos veamos.
-¿Para?
-Hablar.
Sobre lo que sucedió en la fiesta.
-Habla,
yo te escucho.
-Cuando
Nico te dejó… Es mejor que lo hablemos en persona.
-Pues yo
ahora mismo no puedo, Emily.
-Más
tarde, cuando quieras. De todas formas yo tengo que hacer el trabajo de inglés.
-¿Vas a
empezarlo hoy?
-Voy a
hacerlo hoy. ¿Tú de qué vas a hablar?
-Ni
idea, ¿y tú?
-Sobre
Monicuernos.
-¿Qué
vas a decir?
-Ya
veré.
-¿Sabes?
Yo creo que lo voy a hacer sobre cosas que hacer antes de estar muerta, o de
acabar en prisión.- Ríe ella.
Judith
no es una fumadora experimentada, éste es el primer cigarrillo que va a probar
en su vida y se le ha olvidado conseguir mechero.
Ahí
viene un chico.
Viste
una camiseta de un equipo de baloncesto, unos vaqueros caídos y una gorra negra
de visera plana. Lleva rastas en el pelo y unas gafas de sol.
Tiene cara de fumador.
Judith
se acerca a él.
-Perdona,
¿tienes fuego?
El chico
se ríe.
-Lo
siento, chico sano. Pero puedo ayudarte a conseguir uno, por ahí viene una
señora.
El chico
le coge el cigarro a Judith y echa a correr.
La
abuelita va vestida con una falda y una chaqueta negras. Lleva un bolso enorme.
¿Cómo va a llevar ésa abuelita
fuego?
-Perdone,
señora, ¿lleva mechero?
El chico
es súper educado.
La señora
le responde con una sonrisa, enseñándole los pocos dientes que conserva.
Abre el
bolso y saca el mechero.
-Aquí
tienes, hijo.
Él se
enciende el cigarro.
-Eres
muy joven para fumar tan pronto, hijo. Así que piénsatelo o estarás como yo
cuando seas mayor.- Le dice la señora.
-Muchas
gracias, señora.
Él le
devuelve el mechero y vuelve con Judith. La señora continúa su camino.
-Aquí
tienes. ¿Cómo me has dicho que te llamabas?
-Judith.
-Yo me
llamo Lucas, encantado.
El chico
le da dos besos.
-¿Es tu primer
cigarro?
Judith
le sonríe.
-La
verdad es que sí, y es porque estoy bastante nerviosa.
-¿Demasiados
exámenes?
-Problemas
con los chicos. La verdad es que con dos.
-Si
quieres, puedes contarme mientras te fumas el pitillo.
-A uno
de ellos lo conozco de hace años, siempre hemos ido a la misma clase pero nunca
le he dicho que me gusta.
-¿Por
qué no se lo has dicho?
-Porque
no, yo no voy a gustarle.
-No seas
tonta, estás genial. ¿Y con el otro qué?
-El otro
es un chico nuevo del instituto al que voy. A veces coincidimos en algunas
clases.
En las que me da él.
-¿Y con
ése qué?
-Nos
hemos besado. Ha sido mi primer beso, y qué primer beso, joder.
Lucas
sonríe.
-¿Nunca
te habías besado con nadie?
-No.
-Qué
suerte tiene. Es difícil encontrar a una chica guapa y sin estrenar. ¿Te cuento
yo?
-Claro,
claro.
-Esto
que no salga de aquí, por favor. Estoy con un chico desde hace seis meses.
-¿Enserio?
-Claro.
El problema es que aún no estoy preparado para salir del armario, más que nada
porque no sé si aún me gustan las chicas.
El móvil
de Judith empieza a sonar.
Es Alba.
Judith
responde:
-¿Qué
quieres?
Cris y
Hugo esperan pacientes en la mesa de la cocina a que Eme termine de preparar
las hamburguesas.
-¿Tú de
qué equipo de fútbol eres?- Le pregunta Hugo.
-A ella
no le gusta el fútbol, Hugo.- Responde Eme.
-¿Qué es
una bollera sin fútbol?
-Lo
mismo que un gay que no escucha a Lady Gaga.
-Tocado.-
Ríe Hugo.
-¿También
eres gay?- Le pregunta Cris.
Eme pone
cada hamburguesa en su panecillo.
Hugo
sonríe.
-¿Qué
es? ¿Que no se me nota?- Hugo saca toda la pluma.- Ay, tonta.
Eme se
descojona.
Cris
también se ríe.
-Enserio,
qué guay. ¿Y tienes novio?
-Hugo
está desde hace seis meses con un tío. Mañana podríamos cenar aquí los cuatro,
¿qué te parece?
Eme le
sirve una hamburguesa a cada uno y se sienta con su novia.
El móvil
de Cris empieza a sonar.
Judith.
-Sí,
dime.
-Cris,
soy yo, Judith. Creo que sé quién es Monicuernos. Alba me ha llamado hace un
momento, dice que ha estado investigando, me ha dado la ubicación exacta del
móvil y no está muy lejos del instituto.
-¿Y si
se mueve?
-Tenemos
a Alba para decírnoslo. Está controlando su ubicación todo el rato, si se va,
nos avisará. Tú avisa a Ainara y Marcos, yo avisaré a Omar.
-¿A qué
hora allí?
-Cuanto
antes lleguemos, mejor. Pero tenemos que ir todos.
Tocan al
timbre.
Martina
se levanta del sofá y abre la puerta.
Llega
él, cargando con una botella de whisky.
-¿Qué
pasa? ¿Ya no te gusta el whisky?
Jorge le
sonríe.
-Suponía
que después de catorce años no estarías tan cambiada.
Martina
está seria.
-No
puedes estar aquí, Jorge. No hasta que no se vaya mi sobrina.
-¡¿Estás
con tu sobrina?!
-Se ha
colado en mi casa. Dos días. Menos mal que ésta noche saldrá de fiesta.
-¿Tía,
quién es?
-Dile
que han venido a cantar villancicos.- Le susurra Jorge.
-¿Qué?-
Pregunta Martina.
-Era una
broma, por un videoclip de Melendi. Dile que soy testigo de Jehová o algo, pero
respóndele mujer.
-Tía, ¿quién
ha venido?- Repite Alexia, asomándose desde su habitación.
Martina
se gira hacia ella.
-Es un
compañero del trabajo. Vamos a corregir los exámenes juntos.
-Venga
ya, ¿con una botella de whisky? ¿Te crees que soy tonta? Si le estás poniendo
los cuernos al tito, ole por vosotros. Pero a mí me dais un chupito antes de
irme con éstas.
Martina
estalla:
-¡NO!
-¿Cómo
que no?
-Tu
madre no quiere que bebas alcohol, menos te voy a dar yo.
Alexia
se acerca a su tía y le habla al oído:
-Te dejo
en media hora la casa sola para vosotros dos si a cambio me das un chupito, y
yo no le digo nada a mi tío de que él ha estado aquí.
Su tía
se ríe.
-En
media hora te quiero fuera, cabrona.
Monicuernos
ve a Omar a lo lejos.
Va con
dos amigos por la acera de enfrente, cargando los tres con varias bolsas con
cerveza.
Que se divierta mientras pueda.
No hay
tráfico, y se les escucha perfectamente.
Ella se
esconde detrás de uno de los contenedores de basura.
Se saca
las gafas de sol del bolsillo, se coloca bien el pañuelo, se recoge el pelo en
un moño y se lo tapa con el gorro.
-Mierda,
me están llamando y tengo las manos ocupadas.- Se queja Omar, cuando el móvil
empieza a sonar en su bolsillo.
Emily se
graba con la cámara interna de su teléfono.
Sólo
media cara.
El folio
con lo que tiene que decir escrito directamente en inglés cuelga junto al móvil
de la mano derecha de Emily.
Se mira
en la pantalla.
Está
guapa.
Un
mechón rubio le cae liso delante de su oreja y se riza al llegar más abajo de
su barbilla.
Sus ojos
azules miran directamente a la cámara.
-Ésta es la historia de un ser despreciable,
Monicuernos. Todos lo conocemos en mi instituto, unos por sus carteles
publicitarios que colgó en las escaleras, otros por las pintadas en la clase de
biología, y otros por haber sido víctimas de sus juegos. Los alumnos se
preguntan quién está detrás de éste personaje. Yo tengo una teoría respecto a
esto. La culpa no es de Monicuernos, la verdadera culpa es de las personas. Si
nadie escondiese sus sentimientos, no existiría una persona enmascarada
tratando de desenmascararlos uno a uno todos tus secretos.
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