Capítulo dos:
Eme es
la primera en despertarse. Mira, curiosa a Cris. Ésta está con los ojos
cerrados, tumbada a su lado.
Qué
bonita es.
Eme
sonríe.
Coge un
cojín y la golpea en la cabeza.
Cris
abre los ojos, se levanta y le intenta quitar el cojín. Las dos forcejean.
Cris,
tirando arrastra a Eme y las dos caen a un lado de la cama, una encima de la
otra.
Se miran
a los ojos.
Eme se
sonroja y aparta la vista.
Entonces,
Cris la besa.
Se rozan
sólo los labios un segundo, y se vuelve a apartar.
Eme no
dice nada.
-Todos
los madrugones deberían de ser así, ¿no crees?
Eme no
da crédito. Cris la ha besado.
-¿Cris…?
Siguen
la una encima de la otra.
-¿Qué?
Entonces,
Eme besa a Cris. Ya no es un roce de labios, ahora es un beso que parece
infinito.
-Me vas
a tirar de la cama.- Se queja Cris.
Eme abre
los ojos.
Cris y
ella no se han besado, sólo ha sido un sueño.
-¿Qué
hora es?- Pregunta Eme.
Cris
alarga el brazo y alcanza el móvil.
-¡Llego
dos horas tarde a clase!- Exclama, poniéndose en pie de un salto.
-Esto no
es como Mutriku, ¿eh?- Le dice Maia a su hermana gemela.
-Ni de
coña. Parece que estemos en otro planeta, hay demasiada gente, demasiado
tráfico y Madrid es demasiado grande.- Responde Ainara, sentándose en el banco.
Maia se
sienta a su lado.
-¿Qué
crees que estarán haciendo Jordi y Mikel?
-Fumándose
unos cigarrillos, junto a sus motos, en el recreo.
-Pero,
¿crees que nos echarán de menos…?
-No
puedo saberlo. De todas formas, Jordi y yo lo hemos dejado ésta mañana.
-¿Qué
dices?
-Sí, la
distancia. No me hago a la idea de no verlo todos los días, y para estar
pasándolo mal, mejor que rehagamos nuestras vidas, ¿no?
-Mikel y
yo hemos decidido intentarlo. Está más cariñoso y atento desde que me fui.
-Pero ya
nada será lo mismo, Maia. No lo verás cada día, ni cada semana. Ni siquiera una
vez al mes.
-Pero no
pasa nada por intentarlo. ¿Si fueras yo te encenderías un cigarrillo aquí aún a
riesgo de que te pillen?- Le pregunta, sacándose el paquete de tabaco y el mechero
del bolsillo pequeño de su mochila.
-Sabes
que si fuera tú no fumaría, directamente.
Maia se
pone un cigarrillo en la boca y se lo enciende.
Mónica
está dentro de uno de los baños. Lidia, su amiga la espera junto a los lavabos,
impaciente.
-¿Cuánto
te queda para saberlo?
De
repente, Mónica rompe a llorar, y Lidia sabe que lo peor que le podría ocurrir
a su amiga le ha ocurrido.
-Bueno,
¿quieres que te deje sola?
-¡¿Cómo
voy a querer que me dejes sola, Li?!
-No lo
sé, quizás quieras pensar.
-¿Pensar
en qué? Entra, anda.- Mónica abre el pestillo, y Lidia pasa.
-Pensar
en… el nombre.- Bromea Lidia.
Mónica
llora ahora en silencio.
Suelta
un bufido.
-Claro
que sí, Lidia. Claro que sí, y también pensar en qué marca de pañales ponerle.
¿Tú estás tonta? ¡Tengo quince años, no voy a ser madre!
-¿Cómo
que no lo vas a ser? Pero el test ha dado positivo, ¿no?
Mónica
suelta otro bufido.
-Que me
niego a tener un bebé. Que mis padres me matan, que mi juventud se acaba, me
niego.
-¿Entonces,
vas a abortar?
-¡Claro
que sí!
Lidia
suelta un bufido.
-Entonces
déjame que me ponga en situación. Por un calentón has acabado en la cama con
otro chico que no es tu novio, sin usar protección siquiera. Te has quedado
embarazada, y vas a abortar para que Marcos no te deje.
-No es para
que Marcos no me deje, es porque cómo voy a tener un bebé con quince años.
Lidia
suelta otro bufido.
-Me
parece maravilloso, Mónica. ¿Y ni siquiera se lo vas a contar a Marcos?
-Bastante
tengo con éste problema como para contárselo y que acabemos discutiendo.
-¿Te
preocupa discutir con él pero le has sido infiel?
Lidia
abre la puerta del aseo y sale, dejando a su amiga sola.
-Bueno,
y hasta aquí te puedo acompañar.- Dice Eme, girándose hacia Cris.
Han
llegado a la puerta del instituto, se ve la gente en el recreo.
-¿Nos
vemos ésta tarde entonces?
-Claro,
te llamo en cuanto salgas de clase. Hoy no tengo turno en la librería, así que.
Cris se
acerca para darle dos besos a Eme.
Ella se
pone tan nerviosa que sólo se despide con un “adiós” y se va.
Cris presiona
el botón del telefonillo para que le abran la puerta.
A los
dos segundos, un sonido metálico le avisa de que le han abierto.
Eme se
gira para comprobarlo.
No deja
de mirarla.
Suspira.
-¿Has
visto a Mónica? Cuando ha sonado el timbre del recreo, se ha evaporado.- Le
pregunta Marcos, en cuanto Lidia sale del baño.
-Está
ahí dentro. La verdad es que está más rara… ¿Me acompañas a la cafetería y te
cuento?
-Dímelo
a mí. Anoche cenamos juntos y se pidió dos menús, luego le dio un ataque de
celos con una de las chicas de la cola. Está muy irritable. Sí, iba para allí a
pedirme un refresco.
-¿Ahora
en qué clase nos toca?- Le pregunta una chica que iba camino del baño, pero que
al verle ahí se ha detenido. Es una chica de su clase, una de las nuevas,
aunque tampoco se ha fijado demasiado en quienes han entrado nuevos.
-Si
subes por éstas escaleras, la primera puerta de la izquierda. Por cierto, eres
una de las nuevas, ¿no? ¿Cómo te llamas?- Le responde Lidia.
-Sí, me
llamo Ainara, y mi hermana gemela Maialen.
Marcos
la mira, enarcando una ceja.
-Anoche
me crucé con vosotras en una hamburguesería de aquí, de Madrid, ¿puede ser?
A Ainara
se le ilumina el rostro, ya decía ella que ése chico le sonaba.
Asiente
con la cabeza.
-¿Quieres
venir a la cafetería con nosotros?- Le propone Marcos, sonriente.
Ella
asiente.
Saca su
móvil del bolsillo, camina detrás de ellos, teclea a toda velocidad un mensaje
para Maia.
El tío cañón de anoche estudia en nuestra clase.
Maia
apaga el cigarrillo al tiempo que ve a una chica caminar hacia ella. No la
conoce.
-¿Eres
nueva éste año?- Le pregunta, deteniéndose enfrente de ella.
Maia
asiente.
-Ándate
con ojo, a veces los más pequeños se chivan a los profesores de que fumamos.
Cuando quieras hacerlo otra vez, dímelo. En el baño de chicas de la segunda
planta sí que lo hacemos y nadie nos pilla.
Maia le
sonríe.
-Gracias.
Soy Maia, por cierto.
-Cris.
¿A qué curso vas?
-Estoy
en cuarto.
-Como
yo, sólo que bueno, se me ha hecho un poco tarde.
Maia
vuelve a sonreír.
-Bueno,
Maia, si necesitas algo, ya sabes.
-Gracias,
Cris.
Cris se
da media vuelta y se va.
Qué
chica tan maja.
Maia se
levanta y camina deprisa hacia ella.
-Cris,
me apetece fumarme otro cigarrillo antes de empezar otra vez las clases. ¿Me
acompañas?
Judith
dibuja en su libreta, sentada en uno de los escalones de la puerta principal
del instituto.
Le gusta
hacerlo, con música en sus cascos. Se aísla del mundo así.
Está
sola, o al menos eso siente ella. En éstos cuatro años de instituto no ha
conseguido hacer ni un amigo, cada recreo se lo pasa dibujando.
Traza
unos ojos que quedan demasiado grandes comparados con la cara tan delgada.
Le pone
un poco de sombra debajo, dibuja unas cejas regulares, rectas y finas.
Sonríe.
Se
parece tanto a Omar.
Se saca
el móvil del bolsillo de su chaqueta, lo desbloquea y busca una foto de él.
Quiere retratarlo, como cada día desde hace cuatro cursos.
Lo
conoció el primer día de clase. Nunca lo había visto antes por Madrid, y ése
día, al verlo ahí parado, junto a la escalera del instituto, con su media
sonrisa, sintió que el corazón se le escapaba del pecho. Le gustó demasiado ése
chico. No es demasiado guapo, ni tiene el mejor cuerpo del mundo, pero tiene la
piel blanca, llena de lunares, y unos ojos verdes que con el sol se vuelven de
un extraño amarillo.
-Qué
bien dibujas.- Comenta una chica a sus espaldas. Está un par de escalones por
encima de ella.
Judith
se gira y le sonríe.
No la ha
visto en su vida, debe de ser una de las nuevas de éste año.
-Gracias.
¿Cómo te llamas?
-Me
llamo Alba.
-Yo soy
Judith.
-¿Has
pensado en dedicarte a algo que tenga que ver con dibujar?
Judith
se sonroja, sonríe y asiente.
-Me
gustaría, pero aún no lo tengo claro del todo. Me gusta dibujar, pero más me
gusta dibujar para mí, para evadirme.
-Tú
también estás sola, ¿verdad?- Le pregunta Alba, sentándose a su lado.
Judith
asiente.
-En
todos estos años en el instituto no he conseguido encontrar ni un solo amigo.
-Bueno,
ahora las cosas han cambiado. Cierra tu cuaderno, vamos a la cafetería.
Judith
hace caso a su nueva amiga, guarda el cuaderno y el estuche en su mochila y
juntas se van a la cafetería.
-El tío
éste no ha podido cambiar más… Se ha echado a perder.- Murmura Marcos, sentado
en una de las mesas de la cafetería con Ainara y Lidia.
-Ya ves
que si se ha echado a perder… Omar era muy buen chico.
-¿De
quién habláis?- Pregunta Ainara, que no entiende nada.
-El
chico ése que está apoyado en la barra.- Dice Marcos.
Ainara
se gira para mirarlo.
La
mirada de ella y la de Omar se cruzan.
Omar
pone cara de pocos amigos, les comenta algo a sus amigos y los cuatro se
dirigen a la mesa.
-¿Tienes
algún problema conmigo?- Le pregunta Omar a Ainara, mirándola directamente a
los ojos.
-¿Qué
dices?- Le pregunta Ainara, cortada. No puede creer que se esté metiendo en
problemas el primer día de clase.
-No
paráis de mirarme los tres y de cuchichear. ¿Tienes algún problema?
Marcos
aprieta los puños debajo de la mesa.
No le
responde.
Ainara
decide mirar hacia otro lado, ignorarle, ya se cansará y se irá.
-¿Te ha
comido la lengua el gato, vasca?- Hace una mueca de asco al preguntárselo.
Ainara
sigue en silencio.
Omar se
apoya en la mesa, junto a ella.
-Si
hablas de mí, al menos ten el valor de decírmelo a la cara.
Omar no
se cansa.
-¿Puedes
dejarme mi espacio? Gracias.- Responde Ainara.
Los tres
amigos se ríen por lo bajo.
Omar
muestra su enfado dándole un puñetazo a la mesa.
-¿Qué
ladras, vasca?
Marcos
no puede contenerse más.
-¿Y tú
qué, ésta es tu nueva novia? Más fea que Mónica, para que nadie te la quite.-
Le pregunta, dirigiéndose a Marcos.
Los
amigos sueltan más carcajadas.
Entonces,
todo ocurre muy rápido.
Marcos
se levanta de su silla, tirándola al suelo, y le da un empujón a Omar.
-¿Qué
problema tienes, gallito?
Omar le
devuelve el empujón.
-¿Qué
problema tienes tú?
Marcos
le da un puñetazo a Omar, y sus amigos se meten por el medio, para separarlos.
Un
hombre trajeado entra a la cafetería. Lo ha visto todo desde una de las paredes
de cristal.
-A mi
despacho.- Sentencia.
Entonces,
Marcos y Omar dejan de golpearse.
El
director.
Menudo
jaleo hay en la cafetería.
La gente
cuchichea al pasar.
-¿Qué ha
pasado, Olga?- Alba le pregunta a una chica que lleva unas gafas de pasta y el
archivador entre los brazos.
-Marcos
y Omar se han peleado. Entre medias estaba una de las dos gemelas nuevas, y
también la mejor amiga de Mónica.
Alba
sonríe.
-¿Ha
sido muy grave?
-Ha
llegado enseguida el director, y se los ha llevado a su despacho. Les
expulsarán seguramente.
Alba y
Judith caminan hasta la barra, donde un hombre mayor bastante agradable las
atiende.
-Dos
caras nuevas más. ¿Qué os pongo?
Alba
pide dos napolitanas de chocolate, y le da una a Judith.
-¿Crees
que Omar estará bien?- Le pregunta Judith, dándole un bocado a la suya.
-Ése
chico te gusta mucho, ¿verdad?- Le pregunta Alba.
Judith
asiente despacio.
Alba
sonríe.
-Se
nota.
-¿Mucho?
-Algo.
Alba
vuelve a sonreír.
-Te he
visto dibujarle, ¿cómo no iba a notarlo yo?
Judith
se ruboriza.
Las dos
chicas guardan silencio mientras se alejan de la barra y se sientan en la mesa
que antes ocupaban Ainara, Marcos y Lidia.
-Me
alegro de que al menos no me lo hayas negado. Desde hoy somos amigas, y entre
amigas nunca debería de haber secretos.
-¿Crees
que él habrá notado que me gusta?
-Creo
que los chicos no se suelen fijar en ésas cosas. Si no se lo dices tú misma,
nunca podrá saberlo.
Judith
suelta un bufido.
-De poco
serviría que lo hiciera, ¿no crees?
Alba
enarca una ceja.
-¿Por
qué crees eso?
-Porque
no suelo gustar a nadie.
-¿Para
qué están las amigas?
-No, no
vas a decirle nada a Omar.
Alba
suelta una carcajada.
-Claro
que no, ni se me había pasado por la cabeza. Voy a ayudarte a que le gustes.
-¿Qué
problema hay entre ustedes dos?- Pregunta el director, sentándose al otro lado
del escritorio.
En el
pequeño despacho, repleto de estanterías, archivadores, documentos y libros,
están Omar y Marcos, sentados cada uno en una de las sillas, y alrededor de
ellos Ainara, Lidia y los amigos de Omar.
-¿Qué
problema tiene él para tratar así a una chica?- Pregunta Marcos, mirando por el
rabillo del ojo a Omar con cara de asco.
-Silencio.-
Pide el director, elevando la voz.
-¿Cómo
te he tratado, vasca?- Le pregunta Omar a Ainara, retándola.
-La has
insultado.- Responde Lidia, poniéndose delante de Ainara.
-Les voy
a pedir que me dejen hablar con Omar en privado. Esperen fuera, enseguida les
llamaré uno a uno para que me expliquen lo que ha ocurrido.
Marcos
suelta un bufido y se levanta de la silla.
Los
amigos de Omar son los primeros en salir, seguidos por Lidia, Ainara y Marcos.
Ellos se
sientan en el banco de madera que hay junto a la pared de enfrente de la puerta
del despacho.
-Voy un
momento a la fuente a beber agua.- Dice Lidia.
Los dos
asienten y se sientan en el suelo, al lado del marco de la puerta.
-¿Estás
bien?- Le pregunta Ainara, cogiéndole la mano. La examina, encontrando unos
nudillos agrietados, raspados.
-Estoy
acojonado, que como me expulsen otra vez mi padre…
-No te
van a expulsar.
-¿Y si
me expulsan, Ainara?
-Si te
expulsan, hablaré yo con el director, o con tu padre.
Marcos
tiene los ojos rojos.
Está a
punto de llorar.
-Tú no
lo entiendes… Mi padre no es para nada una persona con la que se pueda hablar.
Ainara
pasa el brazo por detrás de la espalda de Marcos y tira de él.
Él apoya
la cabeza en el hombro de ella.
Y rompe
a llorar.
Ella le
acaricia la espalda suavemente.
-No
llores, todo va a salir bien, enano.
No hay comentarios:
Publicar un comentario