sábado, 4 de abril de 2015

Capítulo dos:

Capítulo dos:
         
Eme es la primera en despertarse. Mira, curiosa a Cris. Ésta está con los ojos cerrados, tumbada a su lado.
Qué bonita es.
Eme sonríe.
Coge un cojín y la golpea en la cabeza.
Cris abre los ojos, se levanta y le intenta quitar el cojín. Las dos forcejean.
Cris, tirando arrastra a Eme y las dos caen a un lado de la cama, una encima de la otra.
Se miran a los ojos.
Eme se sonroja y aparta la vista.
Entonces, Cris la besa.
Se rozan sólo los labios un segundo, y se vuelve a apartar.
Eme no dice nada.
-Todos los madrugones deberían de ser así, ¿no crees?
Eme no da crédito. Cris la ha besado.
-¿Cris…?
Siguen la una encima de la otra.
-¿Qué?
Entonces, Eme besa a Cris. Ya no es un roce de labios, ahora es un beso que parece infinito.
-Me vas a tirar de la cama.- Se queja Cris.
Eme abre los ojos.
Cris y ella no se han besado, sólo ha sido un sueño.
-¿Qué hora es?- Pregunta Eme.
Cris alarga el brazo y alcanza el móvil.
-¡Llego dos horas tarde a clase!- Exclama, poniéndose en pie de un salto.


-Esto no es como Mutriku, ¿eh?- Le dice Maia a su hermana gemela.
-Ni de coña. Parece que estemos en otro planeta, hay demasiada gente, demasiado tráfico y Madrid es demasiado grande.- Responde Ainara, sentándose en el banco.
Maia se sienta a su lado.
-¿Qué crees que estarán haciendo Jordi y Mikel?
-Fumándose unos cigarrillos, junto a sus motos, en el recreo.
-Pero, ¿crees que nos echarán de menos…?
-No puedo saberlo. De todas formas, Jordi y yo lo hemos dejado ésta mañana.
-¿Qué dices?
-Sí, la distancia. No me hago a la idea de no verlo todos los días, y para estar pasándolo mal, mejor que rehagamos nuestras vidas, ¿no?
-Mikel y yo hemos decidido intentarlo. Está más cariñoso y atento desde que me fui.
-Pero ya nada será lo mismo, Maia. No lo verás cada día, ni cada semana. Ni siquiera una vez al mes.
-Pero no pasa nada por intentarlo. ¿Si fueras yo te encenderías un cigarrillo aquí aún a riesgo de que te pillen?- Le pregunta, sacándose el paquete de tabaco y el mechero del bolsillo pequeño de su mochila.
-Sabes que si fuera tú no fumaría, directamente.
Maia se pone un cigarrillo en la boca y se lo enciende.

Mónica está dentro de uno de los baños. Lidia, su amiga la espera junto a los lavabos, impaciente.
-¿Cuánto te queda para saberlo?
De repente, Mónica rompe a llorar, y Lidia sabe que lo peor que le podría ocurrir a su amiga le ha ocurrido.
-Bueno, ¿quieres que te deje sola?
-¡¿Cómo voy a querer que me dejes sola, Li?!
-No lo sé, quizás quieras pensar.
-¿Pensar en qué? Entra, anda.- Mónica abre el pestillo, y Lidia pasa.
-Pensar en… el nombre.- Bromea Lidia.
Mónica llora ahora en silencio.
Suelta un bufido.
-Claro que sí, Lidia. Claro que sí, y también pensar en qué marca de pañales ponerle. ¿Tú estás tonta? ¡Tengo quince años, no voy a ser madre!
-¿Cómo que no lo vas a ser? Pero el test ha dado positivo, ¿no?
Mónica suelta otro bufido.
-Que me niego a tener un bebé. Que mis padres me matan, que mi juventud se acaba, me niego.
-¿Entonces, vas a abortar?
-¡Claro que sí!
Lidia suelta un bufido.
-Entonces déjame que me ponga en situación. Por un calentón has acabado en la cama con otro chico que no es tu novio, sin usar protección siquiera. Te has quedado embarazada, y vas a abortar para que Marcos no te deje.
-No es para que Marcos no me deje, es porque cómo voy a tener un bebé con quince años.
Lidia suelta otro bufido.
-Me parece maravilloso, Mónica. ¿Y ni siquiera se lo vas a contar a Marcos?
-Bastante tengo con éste problema como para contárselo y que acabemos discutiendo.
-¿Te preocupa discutir con él pero le has sido infiel?
Lidia abre la puerta del aseo y sale, dejando a su amiga sola.

-Bueno, y hasta aquí te puedo acompañar.- Dice Eme, girándose hacia Cris.
Han llegado a la puerta del instituto, se ve la gente en el recreo.
-¿Nos vemos ésta tarde entonces?
-Claro, te llamo en cuanto salgas de clase. Hoy no tengo turno en la librería, así que.
Cris se acerca para darle dos besos a Eme.
Ella se pone tan nerviosa que sólo se despide con un “adiós” y se va.
Cris presiona el botón del telefonillo para que le abran la puerta.
A los dos segundos, un sonido metálico le avisa de que le han abierto.
Eme se gira para comprobarlo.
No deja de mirarla.
Suspira.
-¿Has visto a Mónica? Cuando ha sonado el timbre del recreo, se ha evaporado.- Le pregunta Marcos, en cuanto Lidia sale del baño.
-Está ahí dentro. La verdad es que está más rara… ¿Me acompañas a la cafetería y te cuento?
-Dímelo a mí. Anoche cenamos juntos y se pidió dos menús, luego le dio un ataque de celos con una de las chicas de la cola. Está muy irritable. Sí, iba para allí a pedirme un refresco.
-¿Ahora en qué clase nos toca?- Le pregunta una chica que iba camino del baño, pero que al verle ahí se ha detenido. Es una chica de su clase, una de las nuevas, aunque tampoco se ha fijado demasiado en quienes han entrado nuevos.
-Si subes por éstas escaleras, la primera puerta de la izquierda. Por cierto, eres una de las nuevas, ¿no? ¿Cómo te llamas?- Le responde Lidia.
-Sí, me llamo Ainara, y mi hermana gemela Maialen.
Marcos la mira, enarcando una ceja.
-Anoche me crucé con vosotras en una hamburguesería de aquí, de Madrid, ¿puede ser?
A Ainara se le ilumina el rostro, ya decía ella que ése chico le sonaba.
Asiente con la cabeza.
-¿Quieres venir a la cafetería con nosotros?- Le propone Marcos, sonriente.
Ella asiente.
Saca su móvil del bolsillo, camina detrás de ellos, teclea a toda velocidad un mensaje para Maia.
                        El tío cañón de anoche estudia en nuestra clase.

Maia apaga el cigarrillo al tiempo que ve a una chica caminar hacia ella. No la conoce.
-¿Eres nueva éste año?- Le pregunta, deteniéndose enfrente de ella.
Maia asiente.
-Ándate con ojo, a veces los más pequeños se chivan a los profesores de que fumamos. Cuando quieras hacerlo otra vez, dímelo. En el baño de chicas de la segunda planta sí que lo hacemos y nadie nos pilla.
Maia le sonríe.
-Gracias. Soy Maia, por cierto.
-Cris. ¿A qué curso vas?
-Estoy en cuarto.
-Como yo, sólo que bueno, se me ha hecho un poco tarde.
Maia vuelve a sonreír.
-Bueno, Maia, si necesitas algo, ya sabes.
-Gracias, Cris.
Cris se da media vuelta y se va.
Qué chica tan maja.
Maia se levanta y camina deprisa hacia ella.
-Cris, me apetece fumarme otro cigarrillo antes de empezar otra vez las clases. ¿Me acompañas?

Judith dibuja en su libreta, sentada en uno de los escalones de la puerta principal del instituto.
Le gusta hacerlo, con música en sus cascos. Se aísla del mundo así.
Está sola, o al menos eso siente ella. En éstos cuatro años de instituto no ha conseguido hacer ni un amigo, cada recreo se lo pasa dibujando.
Traza unos ojos que quedan demasiado grandes comparados con la cara tan delgada.
Le pone un poco de sombra debajo, dibuja unas cejas regulares, rectas y finas.
Sonríe.
Se parece tanto a Omar.
Se saca el móvil del bolsillo de su chaqueta, lo desbloquea y busca una foto de él. Quiere retratarlo, como cada día desde hace cuatro cursos.
Lo conoció el primer día de clase. Nunca lo había visto antes por Madrid, y ése día, al verlo ahí parado, junto a la escalera del instituto, con su media sonrisa, sintió que el corazón se le escapaba del pecho. Le gustó demasiado ése chico. No es demasiado guapo, ni tiene el mejor cuerpo del mundo, pero tiene la piel blanca, llena de lunares, y unos ojos verdes que con el sol se vuelven de un extraño amarillo.
-Qué bien dibujas.- Comenta una chica a sus espaldas. Está un par de escalones por encima de ella.
Judith se gira y le sonríe.
No la ha visto en su vida, debe de ser una de las nuevas de éste año.
-Gracias. ¿Cómo te llamas?
-Me llamo Alba.
-Yo soy Judith.
-¿Has pensado en dedicarte a algo que tenga que ver con dibujar?
Judith se sonroja, sonríe y asiente.
-Me gustaría, pero aún no lo tengo claro del todo. Me gusta dibujar, pero más me gusta dibujar para mí, para evadirme.
-Tú también estás sola, ¿verdad?- Le pregunta Alba, sentándose a su lado.
Judith asiente.
-En todos estos años en el instituto no he conseguido encontrar ni un solo amigo.
-Bueno, ahora las cosas han cambiado. Cierra tu cuaderno, vamos a la cafetería.
Judith hace caso a su nueva amiga, guarda el cuaderno y el estuche en su mochila y juntas se van a la cafetería.

-El tío éste no ha podido cambiar más… Se ha echado a perder.- Murmura Marcos, sentado en una de las mesas de la cafetería con Ainara y Lidia.
-Ya ves que si se ha echado a perder… Omar era muy buen chico.
-¿De quién habláis?- Pregunta Ainara, que no entiende nada.
-El chico ése que está apoyado en la barra.- Dice Marcos.
Ainara se gira para mirarlo.
La mirada de ella y la de Omar se cruzan.
Omar pone cara de pocos amigos, les comenta algo a sus amigos y los cuatro se dirigen a la mesa.
-¿Tienes algún problema conmigo?- Le pregunta Omar a Ainara, mirándola directamente a los ojos.
-¿Qué dices?- Le pregunta Ainara, cortada. No puede creer que se esté metiendo en problemas el primer día de clase.
-No paráis de mirarme los tres y de cuchichear. ¿Tienes algún problema?
Marcos aprieta los puños debajo de la mesa.
No le responde.
Ainara decide mirar hacia otro lado, ignorarle, ya se cansará y se irá.
-¿Te ha comido la lengua el gato, vasca?- Hace una mueca de asco al preguntárselo.
Ainara sigue en silencio.
Omar se apoya en la mesa, junto a ella.
-Si hablas de mí, al menos ten el valor de decírmelo a la cara.
Omar no se cansa.
-¿Puedes dejarme mi espacio? Gracias.- Responde Ainara.
Los tres amigos se ríen por lo bajo.
Omar muestra su enfado dándole un puñetazo a la mesa.
-¿Qué ladras, vasca?
Marcos no puede contenerse más.
-¿Y tú qué, ésta es tu nueva novia? Más fea que Mónica, para que nadie te la quite.- Le pregunta, dirigiéndose a Marcos.
Los amigos sueltan más carcajadas.
Entonces, todo ocurre muy rápido.
Marcos se levanta de su silla, tirándola al suelo, y le da un empujón a Omar.
-¿Qué problema tienes, gallito?
Omar le devuelve el empujón.
-¿Qué problema tienes tú?
Marcos le da un puñetazo a Omar, y sus amigos se meten por el medio, para separarlos.
Un hombre trajeado entra a la cafetería. Lo ha visto todo desde una de las paredes de cristal.
-A mi despacho.- Sentencia.
Entonces, Marcos y Omar dejan de golpearse.
El director.

Menudo jaleo hay en la cafetería.
La gente cuchichea al pasar.
-¿Qué ha pasado, Olga?- Alba le pregunta a una chica que lleva unas gafas de pasta y el archivador entre los brazos.
-Marcos y Omar se han peleado. Entre medias estaba una de las dos gemelas nuevas, y también la mejor amiga de Mónica.
Alba sonríe.
-¿Ha sido muy grave?
-Ha llegado enseguida el director, y se los ha llevado a su despacho. Les expulsarán seguramente.
Alba y Judith caminan hasta la barra, donde un hombre mayor bastante agradable las atiende.
-Dos caras nuevas más. ¿Qué os pongo?
Alba pide dos napolitanas de chocolate, y le da una a Judith.
-¿Crees que Omar estará bien?- Le pregunta Judith, dándole un bocado a la suya.
-Ése chico te gusta mucho, ¿verdad?- Le pregunta Alba.
Judith asiente despacio.
Alba sonríe.
-Se nota.
-¿Mucho?
-Algo.
Alba vuelve a sonreír.
-Te he visto dibujarle, ¿cómo no iba a notarlo yo?
Judith se ruboriza.
Las dos chicas guardan silencio mientras se alejan de la barra y se sientan en la mesa que antes ocupaban Ainara, Marcos y Lidia.
-Me alegro de que al menos no me lo hayas negado. Desde hoy somos amigas, y entre amigas nunca debería de haber secretos.
-¿Crees que él habrá notado que me gusta?
-Creo que los chicos no se suelen fijar en ésas cosas. Si no se lo dices tú misma, nunca podrá saberlo.
Judith suelta un bufido.
-De poco serviría que lo hiciera, ¿no crees?
Alba enarca una ceja.
-¿Por qué crees eso?
-Porque no suelo gustar a nadie.
-¿Para qué están las amigas?
-No, no vas a decirle nada a Omar.
Alba suelta una carcajada.
-Claro que no, ni se me había pasado por la cabeza. Voy a ayudarte a que le gustes.

-¿Qué problema hay entre ustedes dos?- Pregunta el director, sentándose al otro lado del escritorio.
En el pequeño despacho, repleto de estanterías, archivadores, documentos y libros, están Omar y Marcos, sentados cada uno en una de las sillas, y alrededor de ellos Ainara, Lidia y los amigos de Omar.
-¿Qué problema tiene él para tratar así a una chica?- Pregunta Marcos, mirando por el rabillo del ojo a Omar con cara de asco.
-Silencio.- Pide el director, elevando la voz.
-¿Cómo te he tratado, vasca?- Le pregunta Omar a Ainara, retándola.
-La has insultado.- Responde Lidia, poniéndose delante de Ainara.
-Les voy a pedir que me dejen hablar con Omar en privado. Esperen fuera, enseguida les llamaré uno a uno para que me expliquen lo que ha ocurrido.
Marcos suelta un bufido y se levanta de la silla.
Los amigos de Omar son los primeros en salir, seguidos por Lidia, Ainara y Marcos.
Ellos se sientan en el banco de madera que hay junto a la pared de enfrente de la puerta del despacho.
-Voy un momento a la fuente a beber agua.- Dice Lidia.
Los dos asienten y se sientan en el suelo, al lado del marco de la puerta.
-¿Estás bien?- Le pregunta Ainara, cogiéndole la mano. La examina, encontrando unos nudillos agrietados, raspados.
-Estoy acojonado, que como me expulsen otra vez mi padre…
-No te van a expulsar.
-¿Y si me expulsan, Ainara?
-Si te expulsan, hablaré yo con el director, o con tu padre.
Marcos tiene los ojos rojos.
Está a punto de llorar.
-Tú no lo entiendes… Mi padre no es para nada una persona con la que se pueda hablar.
Ainara pasa el brazo por detrás de la espalda de Marcos y tira de él.
Él apoya la cabeza en el hombro de ella.
Y rompe a llorar.
Ella le acaricia la espalda suavemente.

-No llores, todo va a salir bien, enano.

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