lunes, 6 de abril de 2015

Capítulo ocho:

Capítulo ocho:
            
Fran no ha pegado ojo en toda la noche, se la ha pasado llorando.
Desde que Eme apareció, las cosas con Cris han cambiado. Y no entiende por qué.
Fran le está dando tiempo a Cris para que se aclare, para que lo busque. Pero ella no lo ha buscado, parece que no lo necesita.
Fran alarga el brazo para coger el móvil de la mesilla.
Ni un mensaje, ni una llamada de ella. Nada.
Ella no lo necesita. Ni siquiera ahora, que podría tener cáncer.
Fran cierra los ojos con fuerza y desea que no sea así.
Entonces sale de la cama y se prepara para un día de trabajo.

-Hoy no me apetece ir a clase.- Se queja Cris.
-¿Aún sigues rayada por eso?- Pregunta Eme, aligerando el paso para alcanzarla.
-Como para no estarlo, Eme.
Eme suspira.
-Ya, te entiendo.
-¿Cómo vas a entenderme? Tú estás sana.
Cris no se ha levantado hoy de muy buen humor.
-Cris, tranquilízate.
-Si no quieres, no hace falta que me acompañes, Esmeralda. No creo que entre hoy al instituto.
-¿Ahora soy Esmeralda y no Eme? ¿Y qué es eso de que no vas a entrar?- Pregunta Eme, incrédula.
-No. No me apetece entrar. Me estoy muriendo. Creo que es lo suficientemente grave, ¿no?
Cris aligera el paso.
Eme suelta un bufido y vuelve a aligerar el paso.
-Sí, Cris, quizás sea lo suficientemente grave. Pero puedes venirte conmigo a la librería si no quieres entrar a clase.
-¿No eres capaz de entender que quiero estar sola?- Le grita Cris. Se detiene y mira a Eme a los ojos.
Cris está a punto de perder los papeles.
-No, no eres capaz de entenderlo porque a ti no te ha tocado esto. Tú tienes suerte. Tú tienes salud.
Eme aprieta los puños.
-¿Y tú qué sabes por lo que he pasado o no? Mi madre murió de cáncer, joder.
Cris guarda silencio.
Eme mira a Cris destrozada.
-Lo siento.
-Estoy bien.
-¿De verdad?
Eme adelanta a Cris andando.
Las dos guardan silencio unos segundos. Eme lo rompe.
-¿Sabes? Aún no he conseguido superarlo. Creo que es uno de ésos obstáculos que te pone la vida, imposibles de superar. Como una piedra en la que tropiezas una y otra vez. Como una herida que cada vez que tocas, sangra.
Cris alcanza a Eme y la toma de la mano.
-¿Y esto? Tus compañeros de instituto nos van a ver.- Pregunta, extrañada.
-Hoy no me preocupa eso.

-¿Dónde están ésas gemelas guapas?- Aator las saluda cuando pasan por delante de él en la estación de metro.
Maia se gira y lo ve ahí.
Piensa en Mikel.
Pero Aator está guapísimo. Lleva una camisa de cuadros azul y unos pantalones vaqueros caídos. El pelo alborotado, y su sonrisa, ya habitual en la nueva vida de las gemelas.
Aator se acerca a ellas.
Piensa en Mikel.
Se acerca primero a Ainara, se dan dos besos, y luego a Maia.
-Menuda cara de sueño que traes.- Se burla él y le da un toquecito en la nariz con el dedo índice.
Piensa en Mikel.
-¿Y tú qué? ¿Qué haces tan temprano por aquí?
-Digamos que ésta estación es mi segunda casa. Me gusta cantar aquí, además, últimamente hay chicas bastante guapas.
Aator centra los ojos en ella.
No deja de sonreír.
Piensa en Mikel.
-Tenemos que ir a clase.- Se queja Ainara.
-Es cierto, tenemos que ir a clase. Nos vemos en otro momento, Aator.
-Como quieras, canija.
Aator no deja de sonreírle.
Las dos gemelas se alejan.
-Ése tío te trae loca.- Comenta Ainara, cuando salen de la estación.
Maia tampoco ha dejado de sonreír desde que lo ha visto.
-¿Qué? Estás loca. Estoy con Mikel, ya lo hablamos ayer.
-Veo algo bueno en ése chico, Maia.
-¿Algo bueno?
-Sí. Me gusta para ti, es guapo.
-Ainara, no te lo repito más; estoy con Mikel.

Judith va en el coche con su madre, como cada mañana. Vive bastante lejos del instituto, y su madre siempre la lleva.
Van escuchando la radio.
-Odio venir aquí.- Explota Judith, de pronto.
Su madre la mira, seria.
-Odio tener que estudiar. No voy a ser nada en ésta vida.
-Judith, no digas eso. Te tienes que formar.
-¿Pero tiene que ser aquí, mamá? Estoy sola.
-Tienes a ésa chica, a Alba.
-Una amiga. Sólo una amiga en cuatro cursos.
-Yo a tu edad no tenía ninguna amiga. Consérvala.
-Estamos a principio de curso. Aún estoy a tiempo de irme con Pablo a estudiar a Benidorm.
La madre de Judith detiene el coche enfrente de la puerta del instituto.
-Ya hemos hablado de eso, Judith. Tu hermano está allí con su novia, pero porque él está haciendo bachiller. Cuando termines la ESO, si quieres, te puedes ir, pero mientras no.

Judith suelta un bufido y se baja del coche sin decir nada.

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