Capítulo ocho:
Fran no
ha pegado ojo en toda la noche, se la ha pasado llorando.
Desde
que Eme apareció, las cosas con Cris han cambiado. Y no entiende por qué.
Fran le
está dando tiempo a Cris para que se aclare, para que lo busque. Pero ella no
lo ha buscado, parece que no lo necesita.
Fran
alarga el brazo para coger el móvil de la mesilla.
Ni un
mensaje, ni una llamada de ella. Nada.
Ella no
lo necesita. Ni siquiera ahora, que podría tener cáncer.
Fran
cierra los ojos con fuerza y desea que no sea así.
Entonces
sale de la cama y se prepara para un día de trabajo.
-Hoy no
me apetece ir a clase.- Se queja Cris.
-¿Aún
sigues rayada por eso?- Pregunta Eme, aligerando el paso para alcanzarla.
-Como
para no estarlo, Eme.
Eme
suspira.
-Ya, te
entiendo.
-¿Cómo
vas a entenderme? Tú estás sana.
Cris no
se ha levantado hoy de muy buen humor.
-Cris,
tranquilízate.
-Si no
quieres, no hace falta que me acompañes, Esmeralda. No creo que entre hoy al
instituto.
-¿Ahora
soy Esmeralda y no Eme? ¿Y qué es eso de que no vas a entrar?- Pregunta Eme,
incrédula.
-No. No
me apetece entrar. Me estoy muriendo. Creo que es lo suficientemente grave,
¿no?
Cris
aligera el paso.
Eme
suelta un bufido y vuelve a aligerar el paso.
-Sí,
Cris, quizás sea lo suficientemente grave. Pero puedes venirte conmigo a la
librería si no quieres entrar a clase.
-¿No
eres capaz de entender que quiero estar sola?- Le grita Cris. Se detiene y mira
a Eme a los ojos.
Cris
está a punto de perder los papeles.
-No, no
eres capaz de entenderlo porque a ti no te ha tocado esto. Tú tienes suerte. Tú
tienes salud.
Eme
aprieta los puños.
-¿Y tú
qué sabes por lo que he pasado o no? Mi madre murió de cáncer, joder.
Cris
guarda silencio.
Eme mira
a Cris destrozada.
-Lo
siento.
-Estoy
bien.
-¿De
verdad?
Eme
adelanta a Cris andando.
Las dos
guardan silencio unos segundos. Eme lo rompe.
-¿Sabes?
Aún no he conseguido superarlo. Creo que es uno de ésos obstáculos que te pone
la vida, imposibles de superar. Como una piedra en la que tropiezas una y otra
vez. Como una herida que cada vez que tocas, sangra.
Cris
alcanza a Eme y la toma de la mano.
-¿Y
esto? Tus compañeros de instituto nos van a ver.- Pregunta, extrañada.
-Hoy no
me preocupa eso.
-¿Dónde
están ésas gemelas guapas?- Aator las saluda cuando pasan por delante de él en
la estación de metro.
Maia se
gira y lo ve ahí.
Piensa en Mikel.
Pero
Aator está guapísimo. Lleva una camisa de cuadros azul y unos pantalones
vaqueros caídos. El pelo alborotado, y su sonrisa, ya habitual en la nueva vida
de las gemelas.
Aator se
acerca a ellas.
Piensa en Mikel.
Se
acerca primero a Ainara, se dan dos besos, y luego a Maia.
-Menuda
cara de sueño que traes.- Se burla él y le da un toquecito en la nariz con el
dedo índice.
Piensa en Mikel.
-¿Y tú
qué? ¿Qué haces tan temprano por aquí?
-Digamos
que ésta estación es mi segunda casa. Me gusta cantar aquí, además, últimamente
hay chicas bastante guapas.
Aator
centra los ojos en ella.
No deja
de sonreír.
Piensa en Mikel.
-Tenemos
que ir a clase.- Se queja Ainara.
-Es
cierto, tenemos que ir a clase. Nos vemos en otro momento, Aator.
-Como
quieras, canija.
Aator no
deja de sonreírle.
Las dos
gemelas se alejan.
-Ése tío
te trae loca.- Comenta Ainara, cuando salen de la estación.
Maia
tampoco ha dejado de sonreír desde que lo ha visto.
-¿Qué?
Estás loca. Estoy con Mikel, ya lo hablamos ayer.
-Veo
algo bueno en ése chico, Maia.
-¿Algo
bueno?
-Sí. Me
gusta para ti, es guapo.
-Ainara,
no te lo repito más; estoy con Mikel.
Judith
va en el coche con su madre, como cada mañana. Vive bastante lejos del
instituto, y su madre siempre la lleva.
Van
escuchando la radio.
-Odio
venir aquí.- Explota Judith, de pronto.
Su madre
la mira, seria.
-Odio
tener que estudiar. No voy a ser nada en ésta vida.
-Judith,
no digas eso. Te tienes que formar.
-¿Pero
tiene que ser aquí, mamá? Estoy sola.
-Tienes
a ésa chica, a Alba.
-Una
amiga. Sólo una amiga en cuatro cursos.
-Yo a tu
edad no tenía ninguna amiga. Consérvala.
-Estamos
a principio de curso. Aún estoy a tiempo de irme con Pablo a estudiar a
Benidorm.
La madre
de Judith detiene el coche enfrente de la puerta del instituto.
-Ya
hemos hablado de eso, Judith. Tu hermano está allí con su novia, pero porque él
está haciendo bachiller. Cuando termines la ESO, si quieres, te puedes ir, pero
mientras no.
Judith
suelta un bufido y se baja del coche sin decir nada.
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