Prólogo:
-¿No
crees que esto está mal?- Pregunta Maialen, malhumorada desde el asiento
trasero del BMW de su madre.
-¿Irnos
a Madrid a vivir está mal? Si no querías venirte, Maia, podrías haberte quedado
viviendo con la abuela.- Responde su madre desde el asiento del conductor.
-¿Y
morir de asco? No me gusta nada cómo cocina la abuela.
-No
hables así de la comida de la abuela, que hace unas alitas de pollo que están
de muerte.- Le responde su hermana gemela.
-Ainara,
las alitas de pollo pueden estar todo lo ricas que quieras, ¡pero yo soy
vegetariana!
-Tú lo
que eres es tonta, no sabes lo que te pierdes al no comer carne.- Le responde
su padre, bromeando. Pero Maia no está de humor para aguantar sus bromas, así
que suelta un bufido.
-Me
apetece cenar, ¿podemos parar aquí?- Pide Ainara.
Su madre
asiente con la cabeza, y en cuanto puede, gira a la izquierda, aparca el coche
en el aparcamiento que hay junto a la hamburguesería y los cuatro se bajan del
coche.
-Yo paso
de comer nada.- Murmura Maia.
-¿Ni una
ensalada?- Pregunta su padre, siguiendo con la broma.
-No. Os
espero aquí.- Responde, tajante, sentándose en el escalón de la hamburguesería.
-¿Por
qué crees que Maia se está tomando tan mal la mudanza?- Le pregunta su madre,
en cuanto comprueba que su hija no los sigue.
-Creo
que es por Mikel, estaban siempre juntos y a partir de ahora ambos tendrán que
viajar para continuar viéndose.
-¿Estaban
saliendo?
Ainara
suelta un bufido.
-Mejor
os espero en la mesa. Pedidme una hamburguesa de pollo.
Le ha
molestado que su madre le pregunte a ella una cosa tan privada de Maia.
Cuando
se sienta, saca deprisa el móvil del bolsillo y le manda un whatsapp a su hermana.
Hay
un tío que está tremendo en la cola. Deberías de verlo.
-Ésa de
ahí no para de mirarte.- Se queja Mónica, a unos metros de los padres de las
gemelas, en la cola.
Él se
gira. Seguro que son imaginaciones de su novia.
-Dios,
Moni, cómo eres. ¿Por qué te molesta que las chicas me miren?
-No es
que me moleste, es que no me gusta; me pone nerviosa verlas a todas babear. Tú
eres mío.
-Por eso
mismo te debería de dar igual, que si estoy contigo es por algo.- Dice, dándole
un beso en la boca.
Cuando
se separan, ella se suspira y recalca abrazándole:
-Eres
mío. Mío y de nadie más, gordo.
¿Qué
querrá la pesada de Ainara ahora?
Maia lee
el mensaje, se gira para comprobar si puede verlo desde fuera por el cristal de
la puerta, y le responde:
No
quiero entrar y compartir mesa con los traidores.
Y se
guarda el móvil, al tiempo que tras comprobar que sus padres siguen en la cola,
se saca un cigarrillo del pantalón y se lo enciende. Si ellos supieran.
-Yo
quiero dos menús de los de ahí con patatas y cola grandes, ¿y tú?- Le pregunta
Mónica a su chico.
-Una
hamburguesa con queso y beicon y una cola.
El chico
les toma nota en una pantalla, y a los pocos minutos, las bolsas están en el
mostrador con la comida para llevar.
Es él
quien carga con las tres bolsas mientras ella se saca una cola y se la empieza
a beber.
-La pava
ésa no te ha quitado ojo en todo el rato que hemos estado ahí.- Refunfuña ella,
detrás de él.
-Deja de
darle vueltas.
-Tú
también la has mirado.
-¿Qué
más da?
-Siempre
miras a otras. Siempre.
-Y qué
más da lo que mire, Mónica. Siempre que salimos por ahí te pones celosa.
Él abre
la puerta de la hamburguesería, y ella sale detrás de él.
-¡Anda,
mira, pero si son dos! Qué preciosas las gemelas.- Dice ella con una mueca de
asco.
Maia
pasa de su comentario, no quiere meterse en movidas.
El chico
se gira y le sonríe y hace el gesto de que le falta un tornillo.
Ella
sonríe. Pues sí, sí que está cañón el chico.
-¿La has
visto? Ésa no se ha atrevido ni a responder. Son todas unas niñatas.- Comenta
Mónica en cuanto entra en el coche.
Marcos
enciende la radio a todo volumen, para no responderle.
Arrancan
y se van.
Cris
quema un papelillo de fumar con un nombre escrito apoyada en el marco de la
ventana de su cuarto. Tiene ésa manía cuando hay luna llena y está preocupada
por algo, para pedir un deseo e irse a dormir tranquila.
Su
teléfono suena y ella sopla el papelillo y coge el móvil. Su novio.
-¿Qué
quieres tú ahora?- Le pregunta.
-¿Quieres
cenar conmigo?
-Hace
frío para salir.
-En tu
casa, pedimos algo.
-Es
verdad, mi casa. ¿Cuándo vienes?
-Estoy
llegando. Estoy deseando verte.
-Escucha,
te dejo, que estoy terminando de recoger mi cuarto. Cuando llegues toca al
timbre.- Miente ella.
-Está
bien, reina.
Cris
corta la llamada.
Fran es
un pesado; llevan saliendo unas semanas y él no para de agobiarla, de querer
verla a todas horas, ella buscaba algo más de libertad.
El
timbre suena.
Ella
sale de su cuarto desganada y va al recibidor. Abre la puerta y ahí está él.
Fran
hace intento de darle un beso en la boca, pero ella lo esquiva. Se saludan con
dos besos en las mejillas, como si fueran amigos. Fran enarca una ceja cuando
se separan y ninguno de los dos dice nada. Tras unos segundos de silencio, él
le formula una pregunta:
-¿Están
tus padres?
Ella
niega con la cabeza.
-Se
fueron a dar una vuelta. Se fían de ti, Fran. Desde que saben que estamos
saliendo, se los ve más felices, más unidos y a mí me dan más espacio. Nos
dejan hasta la casa sola.
-Te he
traído algo.- Dice él, tímido, sacándose un paquete pequeño envuelto en papel
de regalo del bolsillo de la chaqueta y entregándoselo.
Ella se
sonroja, y le responde:
-No
deberías de haberme comprado nada.
-Ábrelo,
te va a encantar.
Sonríe y
rompe el envoltorio.
Un CD;
el CD de Extremoduro, y detrás va una
cadena, junto con una púa de guitarra del mismo grupo de plata.
-Pero…
¿y éste regalo? Que no es que no me haya gustado, que me ha encantado, pero… ¿a
qué viene?
-No te
has acordado.- Le sonríe él.
Ella
sonríe también.
-Hoy
hacemos un mes de novios, ¿ni siquiera te has acordado?
Silencio
incómodo.
Ella lo
besa pasados un par de segundos.
-¿Estás
tonto? ¿Cómo voy a olvidarlo?- Exclama ella, sonriente.
Pero sí,
claro que lo había olvidado.
-¿Aquí
es?- Pregunta Maia, con desgana al ver la fachada del que será su nuevo
edificio.
-Eso
parece.- Responde su padre.
-Sí,
aquí es.- Su madre aparca a la primera, justo enfrente de la puerta del
edificio.
-Qué
color más feo.- Comenta Ainara, y todos se bajan del coche.
El
edificio es de un color verde pobre, apagado, de apenas tres plantas, sin
balcones en la fachada, sólo enormes ventanas con rejas de metal
-Bienvenida
a nuestra asquerosa nueva vida.- Murmura Maia, soltando un bufido.
-¿Era en
el 1ºA?- Pregunta su madre, unos metros por delante.
Su padre
asiente.
-¿Subimos
primero y luego bajamos el equipaje?- Propone su madre.
-Bajad
vosotros el equipaje, yo me quedo arriba muriéndome del asco.- Dice Maia,
adelantándose y subiendo los cuatro escalones para llegar a la puerta, que está
abierta.
Eme baja
la persiana de la librería y cierra con la llave.
-Oh, ¿has
cerrado ya?- Le pregunta una voz a su espalda.
-Sí, lo
siento.- Responde ella, sin girarse siquiera.
-Mira,
déjame que te explique: Si
pudieras volver a abrir…, llevo veinte euros, y quiero un libro, me da igual
cual, para regalarle a mi chico por nuestro primer mes.
-Está
cerrado, lo siento.- Cuando Eme se gira, y la ve ahí parada, sonrojada y
sudada, le da algo de pena no abrirle.
-Por
favor. Me he olvidado de que era nuestro aniversario, por favor.
A Eme se
le escapa una sonora carcajada.
-¿En
serio te has olvidado?
Cris se
sonroja y asiente.
A Eme le
ha caído bien ésa chica. Abre de nuevo la persiana.
-¿Algún
libro en especial?
-¿Alguna
recomendación?
-¿Qué
clase de libros suele leer él?
-Literatura
juvenil, sobretodo.
-Te
recomiendo éste. A mí me encantó.
-¿Cuánto
cuesta?
-Catorce
noventa y cinco.
Cris
asiente, y Eme le cobra y le devuelve el cambio.
Cris y
Eme salen de la tienda.
-Suerte
con ése chico. ¡Ojalá y le guste!
-Gracias.
Eme se
queda detrás cerrando la puerta y bajando la persiana de la librería.
Cris se
adelanta.
Con ése
libro bastará como regalo.
Eme
camina a toda prisa por la plaza donde está la librería en la que trabaja. Está
empezando a refrescar. Se abrocha la cazadora, y sigue caminando. Las calles de
Madrid están solitarias a ésas horas, a excepción de un hombre, que está
sentado en la puerta de un edificio cantando, con un litro de cerveza en la
mano.
Eme pasa
delante de él sin detenerse.
-Gua…,
Guapa, ¿tienes un euro para el metro?
Eme no
le responde, aligera el paso.
El
hombre coge la cerveza a sus espaldas y se levanta.
-¡Qué
culazo tiene la tía!- Exclama, a punto de perder el equilibrio.
Se
escucha el golpe de la botella contra uno de los coches aparcados.
Mientras
Eme ya está llegando casi al final de la calle.
-¡Culazo!
¿Cuánto cobras?- Le grita. Entonces repara en que la botella se le ha roto.
El
hombre sonríe pasándose la lengua por el colmillo.
Y
comienza a aligerar el paso hacia ella, tambaleándose.
Se saca
una navaja del bolsillo, que resplandece a la luz de las farolas.
-Puta,
me he quedado sin cerveza por tu culpa.
Eme lo
ignora y aligera el paso aún más. Cuando se gira para comprobar si lo ha dejado
atrás, lo que ve sucede muy rápido ante sus asustados ojos.
La chica
de antes ha aparecido y camina decidida hacia el borracho.
Ve la
botella rota en el suelo y coge uno de los fragmentos, por si en algún momento
necesita defenderse de él.
Cris
alcanza al hombre y le da un empujón que le hace caer de bruces contra el
suelo.
Con un
poco de suerte, eso les dará el tiempo suficiente como para escapar.
Eme
contempla la escena, asustada, temblando.
-Vamos,
ven; sígueme.- Dice Cris corriendo hacia Eme.
Eme y
ella se cogen de la mano y corren.
Fran
lleva un rato esperando a Cris. Le ha dicho antes de irse que iba a recoger su
regalo, no le ha dicho dónde iría, pero sí que estuviera atento para abrirle la
puerta si ella tocaba al timbre.
Y lo ha
hecho.
Está
nervioso. Sospecha que ha ido a comprar preservativos a la farmacia de guardia,
y que hoy tendrán su primera relación sexual.
Su sorpresa
es enorme cuando ve que Cris no ha venido sola, sino con otra chica.
No dice
nada, no pregunta nada, espera paciente a que Cris le explique quién es.
-Fran,
te presento a Esmeralda.
Dos
besos y la ceja enarcada de Fran.
-He ido
a comprarte esto y he visto a un hombre borracho seguirla con una navaja. Lo he
empujado y hemos salido corriendo. Y bueno, se queda a dormir.
Fran no
disimula su cara de disgusto.
-¿Quieres
darte una ducha? Te buscaré un pijama y haré algo de cenar.- Le propone alegre
Cris.
-Aún
tengo el susto metido dentro… Nunca lo he pasado tan mal.- Responde cabizbaja
Eme.
-¿Dónde
está lo que has ido a comprar?- Pregunta Fran, serio.
-Toma,
se ha arrugado un poco pero es un libro bonito.
Le
entrega el libro, con la portada rasgada y arrugada, sin envolver siquiera.
Fran
sonríe cuando lo ve.
-Creo
que me voy a ir.
-No, ¿es
por mí? Puedo volver a mi casa, no pasa nada. No está muy lejos.
-Pero si
me has dicho que vivías en Chamartín, está a una hora y veinte minutos en metro
de aquí, y es de noche.- Responde Cris, no quiere que Eme se vaya por un
mosqueo tonto de Fran.
Eme
agacha la cabeza.
-Sí,
definitivamente me voy.- Dice Fran, saliendo con el libro en la mano y pegando
un portazo.
Cris no
lo detiene.
-Lo
siento, te juro que lo siento. Tu novio se ha enfadado contigo por mi culpa.
Ella
niega con la cabeza.
-No, no
te preocupes. De todas formas, no estamos muy bien estando juntos. ¿Vamos a mi
cuarto y te cuento allí mejor mientras busco tu pijama?
Eme
entra en la habitación, acompañada de Cris. Es una habitación bastante bonita,
y es fácil conocerla con sólo ver su cuarto.
En el
centro del cuarto una cama cubierta por una manta azul con el símbolo de Superman, sin peluches. Un armario
empotrado que ocupa una de las paredes, forrado con posters de grupos de rock,
y una pared que dedica exclusivamente a gorras con visera plana, como a ella le
gusta llevar. El escritorio está bastante ordenado. El ordenador portátil está
encendido.
-Así que
te gusta la música rock, ¿eh?- Comenta, asombrada Eme.
Cris
asiente con la cabeza.
-Fran me
ha regalado un CD de Extremoduro. Más
que el rock, me gusta en especial ése grupo. ¿Tú qué música escuchas?
-¿Qué
música tengo pinta de escuchar?
Cris
mira a Eme. Una chica delgada y algo más bajita que ella, con el pelo castaño
rojizo ondulado, que le cae a ambos lados de la cara voluminoso y por detrás de
su espalda, de ojos grandes y azules, nariz respingona y labios finos. No viste
camisetas de ningún cantante, nada que pueda darle una pista sobre qué música
le gusta.
-No
tengo ni idea.- Responde Cris, sentándose en la cama.
-¿Quieres
jugar a algo?- Le propone, sentándose a su lado.
Cris la
mira interesada.
-Cuando
no estoy en la librería, tatúo a la gente. He estudiado bellas artes y tal.
-¡¿Tatúas?!-
La interrumpe Cris, mordiéndose el labio, nerviosa. Eso sí que le ha
sorprendido.
Eme
asiente.
-En mi
página de Facebook tengo algunos
diseños, y bueno, me gustaría que los viésemos e intentases adivinar cuáles
llevo yo.
Cris se
levanta, coge el portátil y se sienta a su lado de nuevo.
-Busca Eme Té Tatoos.
Al
segundo están dentro de la red social.
-Ése era
mi estudio en Canarias.
Cris se
sorprende aún más.
-¿Eres
de Canarias?
Eme
sonríe.
-Yo no
soy de ningún sitio, tan solo viví allí unos años. Me he recorrido casi toda
España.
-¿Y
dónde naciste?
Eme no
responde, señala el álbum de los diseños y Cris hace click sobre él.
Lo que
ve la impresiona muchísimo.
El
primer diseño es el de un dragón azul y amarillo largo y enorme.
Precioso.
Pero ése
no cree que Eme lo lleve tatuado, no la ve tan atrevida.
El
siguiente tampoco la convence; una chica besando una calavera que ella sujeta
entre sus manos. La carabela lleva una V en
la frente.
-¡Éste
sí!- Exclama Cris, señalando el dibujo de un trébol de cuatro hojas. Se ve un
tatuaje sencillo, pequeño y discreto.
Eme
suelta una risotada.
-Error.
Se quita
la cazadora y se sube la manga izquierda de su jersey, mostrándole a la chica
que besa la muerte, que le cubre toda la parte superior del brazo.
Cris
abre los ojos de par en par.
-¿Tiene
alguna historia ése tatuaje?- Pregunta, intrigada por el significado.
Eme
asiente.
-Me
gustó el dibujo, y me lo hice yo misma. La V sí que tiene significado:
Valentía, verdad y vida. Tres palabras con las que me identifico. Y supongo que
las tres van de la mano; se necesita valentía para decir siempre la verdad en
ésta vida, ¿no crees?
Cris
asiente.
-El que
tampoco te esperas que lleve por tu cara es el dragón. Me has preguntado que
dónde nací: Asturias. Por eso es amarillo y azul, como la bandera.- Dice,
descubriéndose el mismo hombro, mostrando un enorme dragón que baja desde su
clavícula por sus pechos, hasta sus costillas.
Cris se
sonroja cuando le ve el pearcing del pezón, al descubrirse uno de los pechos
para mostrarle el tatuaje.
Se
levanta de la cama y va al armario.
Empieza
a rebuscar, lo desordena todo hasta que da con un pijama.
-¿Quieres
ducharte?
En un
parque de Madrid, Omar y sus amigos están bebiéndose unas cervezas.
Está
empezando a refrescar. Omar se sube la cremallera de su chaqueta al tiempo que
se bebe otro vaso de cerveza que le cede Lucas.
-Y
bueno, chicos. Mañana volvemos a la asquerosa rutina de las clases.- Anuncia
David, que está sentado entre Lucas y Dani.
Omar
suelta un bufido.
-¿Creéis
que estaremos en la misma clase?- Pregunta Dani.
-Lo
bueno es que éste es nuestro último año. A partir de éste, unos harán
bachiller, y otros se pondrán a trabajar.- Responde Lucas, sirviéndole un vaso
de cerveza a David.
David se
lo bebe de un trago.
-Pero un
año es demasiado tiempo.- Dice, secándose la boca con la manga de su jersey.
Omar
asiente.
-En un
año pueden ocurrir demasiadas cosas.
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