sábado, 4 de abril de 2015

Prólogo:

Prólogo:

-¿No crees que esto está mal?- Pregunta Maialen, malhumorada desde el asiento trasero del BMW de su madre.
-¿Irnos a Madrid a vivir está mal? Si no querías venirte, Maia, podrías haberte quedado viviendo con la abuela.- Responde su madre desde el asiento del conductor.
-¿Y morir de asco? No me gusta nada cómo cocina la abuela.
-No hables así de la comida de la abuela, que hace unas alitas de pollo que están de muerte.- Le responde su hermana gemela.
-Ainara, las alitas de pollo pueden estar todo lo ricas que quieras, ¡pero yo soy vegetariana!
-Tú lo que eres es tonta, no sabes lo que te pierdes al no comer carne.- Le responde su padre, bromeando. Pero Maia no está de humor para aguantar sus bromas, así que suelta un bufido.
-Me apetece cenar, ¿podemos parar aquí?- Pide Ainara.
Su madre asiente con la cabeza, y en cuanto puede, gira a la izquierda, aparca el coche en el aparcamiento que hay junto a la hamburguesería y los cuatro se bajan del coche.
-Yo paso de comer nada.- Murmura Maia.
-¿Ni una ensalada?- Pregunta su padre, siguiendo con la broma.
-No. Os espero aquí.- Responde, tajante, sentándose en el escalón de la hamburguesería.

-¿Por qué crees que Maia se está tomando tan mal la mudanza?- Le pregunta su madre, en cuanto comprueba que su hija no los sigue.
-Creo que es por Mikel, estaban siempre juntos y a partir de ahora ambos tendrán que viajar para continuar viéndose.
-¿Estaban saliendo?
Ainara suelta un bufido.
-Mejor os espero en la mesa. Pedidme una hamburguesa de pollo.
Le ha molestado que su madre le pregunte a ella una cosa tan privada de Maia.
Cuando se sienta, saca deprisa el móvil del bolsillo y le manda un whatsapp a su hermana.
                        Hay un tío que está tremendo en la cola. Deberías de verlo.

-Ésa de ahí no para de mirarte.- Se queja Mónica, a unos metros de los padres de las gemelas, en la cola.
Él se gira. Seguro que son imaginaciones de su novia.
-Dios, Moni, cómo eres. ¿Por qué te molesta que las chicas me miren?
-No es que me moleste, es que no me gusta; me pone nerviosa verlas a todas babear. Tú eres mío.
-Por eso mismo te debería de dar igual, que si estoy contigo es por algo.- Dice, dándole un beso en la boca.
Cuando se separan, ella se suspira y recalca abrazándole:
-Eres mío. Mío y de nadie más, gordo.

¿Qué querrá la pesada de Ainara ahora?
Maia lee el mensaje, se gira para comprobar si puede verlo desde fuera por el cristal de la puerta, y le responde:
                        No quiero entrar y compartir mesa con los traidores.
Y se guarda el móvil, al tiempo que tras comprobar que sus padres siguen en la cola, se saca un cigarrillo del pantalón y se lo enciende. Si ellos supieran.

-Yo quiero dos menús de los de ahí con patatas y cola grandes, ¿y tú?- Le pregunta Mónica a su chico.
-Una hamburguesa con queso y beicon y una cola.
El chico les toma nota en una pantalla, y a los pocos minutos, las bolsas están en el mostrador con la comida para llevar.
Es él quien carga con las tres bolsas mientras ella se saca una cola y se la empieza a beber.
-La pava ésa no te ha quitado ojo en todo el rato que hemos estado ahí.- Refunfuña ella, detrás de él.
-Deja de darle vueltas.
-Tú también la has mirado.
-¿Qué más da?
-Siempre miras a otras. Siempre.
-Y qué más da lo que mire, Mónica. Siempre que salimos por ahí te pones celosa.
Él abre la puerta de la hamburguesería, y ella sale detrás de él.
-¡Anda, mira, pero si son dos! Qué preciosas las gemelas.- Dice ella con una mueca de asco.
Maia pasa de su comentario, no quiere meterse en movidas.
El chico se gira y le sonríe y hace el gesto de que le falta un tornillo.
Ella sonríe. Pues sí, sí que está cañón el chico.
-¿La has visto? Ésa no se ha atrevido ni a responder. Son todas unas niñatas.- Comenta Mónica en cuanto entra en el coche.
Marcos enciende la radio a todo volumen, para no responderle.
Arrancan y se van.

Cris quema un papelillo de fumar con un nombre escrito apoyada en el marco de la ventana de su cuarto. Tiene ésa manía cuando hay luna llena y está preocupada por algo, para pedir un deseo e irse a dormir tranquila.
Su teléfono suena y ella sopla el papelillo y coge el móvil. Su novio.
-¿Qué quieres tú ahora?- Le pregunta.
-¿Quieres cenar conmigo?
-Hace frío para salir.
-En tu casa, pedimos algo.
-Es verdad, mi casa. ¿Cuándo vienes?
-Estoy llegando. Estoy deseando verte.
-Escucha, te dejo, que estoy terminando de recoger mi cuarto. Cuando llegues toca al timbre.- Miente ella.
-Está bien, reina.
Cris corta la llamada.
Fran es un pesado; llevan saliendo unas semanas y él no para de agobiarla, de querer verla a todas horas, ella buscaba algo más de libertad.
El timbre suena.
Ella sale de su cuarto desganada y va al recibidor. Abre la puerta y ahí está él.
Fran hace intento de darle un beso en la boca, pero ella lo esquiva. Se saludan con dos besos en las mejillas, como si fueran amigos. Fran enarca una ceja cuando se separan y ninguno de los dos dice nada. Tras unos segundos de silencio, él le formula una pregunta:
-¿Están tus padres?
Ella niega con la cabeza.
-Se fueron a dar una vuelta. Se fían de ti, Fran. Desde que saben que estamos saliendo, se los ve más felices, más unidos y a mí me dan más espacio. Nos dejan hasta la casa sola.
-Te he traído algo.- Dice él, tímido, sacándose un paquete pequeño envuelto en papel de regalo del bolsillo de la chaqueta y entregándoselo.
Ella se sonroja, y le responde:
-No deberías de haberme comprado nada.
-Ábrelo, te va a encantar.
Sonríe y rompe el envoltorio.
Un CD; el CD de Extremoduro, y detrás va una cadena, junto con una púa de guitarra del mismo grupo de plata.
-Pero… ¿y éste regalo? Que no es que no me haya gustado, que me ha encantado, pero… ¿a qué viene?
-No te has acordado.- Le sonríe él.
Ella sonríe también.
-Hoy hacemos un mes de novios, ¿ni siquiera te has acordado?
Silencio incómodo.
Ella lo besa pasados un par de segundos.
-¿Estás tonto? ¿Cómo voy a olvidarlo?- Exclama ella, sonriente.
Pero sí, claro que lo había olvidado.

-¿Aquí es?- Pregunta Maia, con desgana al ver la fachada del que será su nuevo edificio.
-Eso parece.- Responde su padre.
-Sí, aquí es.- Su madre aparca a la primera, justo enfrente de la puerta del edificio.
-Qué color más feo.- Comenta Ainara, y todos se bajan del coche.
El edificio es de un color verde pobre, apagado, de apenas tres plantas, sin balcones en la fachada, sólo enormes ventanas con rejas de metal
-Bienvenida a nuestra asquerosa nueva vida.- Murmura Maia, soltando un bufido.
-¿Era en el 1ºA?- Pregunta su madre, unos metros por delante.
Su padre asiente.
-¿Subimos primero y luego bajamos el equipaje?- Propone su madre.
-Bajad vosotros el equipaje, yo me quedo arriba muriéndome del asco.- Dice Maia, adelantándose y subiendo los cuatro escalones para llegar a la puerta, que está abierta.

Eme baja la persiana de la librería y cierra con la llave.
-Oh, ¿has cerrado ya?- Le pregunta una voz a su espalda.
-Sí, lo siento.- Responde ella, sin girarse siquiera.
-Mira, déjame que te explique:           Si pudieras volver a abrir…, llevo veinte euros, y quiero un libro, me da igual cual, para regalarle a mi chico por nuestro primer mes.
-Está cerrado, lo siento.- Cuando Eme se gira, y la ve ahí parada, sonrojada y sudada, le da algo de pena no abrirle.
-Por favor. Me he olvidado de que era nuestro aniversario, por favor.
A Eme se le escapa una sonora carcajada.
-¿En serio te has olvidado?
Cris se sonroja y asiente.
A Eme le ha caído bien ésa chica. Abre de nuevo la persiana.
-¿Algún libro en especial?
-¿Alguna recomendación?
-¿Qué clase de libros suele leer él?
-Literatura juvenil, sobretodo.
-Te recomiendo éste. A mí me encantó.
-¿Cuánto cuesta?
-Catorce noventa y cinco.
Cris asiente, y Eme le cobra y le devuelve el cambio.
Cris y Eme salen de la tienda.
-Suerte con ése chico. ¡Ojalá y le guste!
-Gracias.
Eme se queda detrás cerrando la puerta y bajando la persiana de la librería.
Cris se adelanta.
Con ése libro bastará como regalo.

Eme camina a toda prisa por la plaza donde está la librería en la que trabaja. Está empezando a refrescar. Se abrocha la cazadora, y sigue caminando. Las calles de Madrid están solitarias a ésas horas, a excepción de un hombre, que está sentado en la puerta de un edificio cantando, con un litro de cerveza en la mano.
Eme pasa delante de él sin detenerse.
-Gua…, Guapa, ¿tienes un euro para el metro?
Eme no le responde, aligera el paso.
El hombre coge la cerveza a sus espaldas y se levanta.
-¡Qué culazo tiene la tía!- Exclama, a punto de perder el equilibrio.
Se escucha el golpe de la botella contra uno de los coches aparcados.
Mientras Eme ya está llegando casi al final de la calle.
-¡Culazo! ¿Cuánto cobras?- Le grita. Entonces repara en que la botella se le ha roto.
El hombre sonríe pasándose la lengua por el colmillo.
Y comienza a aligerar el paso hacia ella, tambaleándose.
Se saca una navaja del bolsillo, que resplandece a la luz de las farolas.
-Puta, me he quedado sin cerveza por tu culpa.
Eme lo ignora y aligera el paso aún más. Cuando se gira para comprobar si lo ha dejado atrás, lo que ve sucede muy rápido ante sus asustados ojos.
La chica de antes ha aparecido y camina decidida hacia el borracho.
Ve la botella rota en el suelo y coge uno de los fragmentos, por si en algún momento necesita defenderse de él.
Cris alcanza al hombre y le da un empujón que le hace caer de bruces contra el suelo.
Con un poco de suerte, eso les dará el tiempo suficiente como para escapar.
Eme contempla la escena, asustada, temblando.
-Vamos, ven; sígueme.- Dice Cris corriendo hacia Eme.
Eme y ella se cogen de la mano y corren.

Fran lleva un rato esperando a Cris. Le ha dicho antes de irse que iba a recoger su regalo, no le ha dicho dónde iría, pero sí que estuviera atento para abrirle la puerta si ella tocaba al timbre.
Y lo ha hecho.
Está nervioso. Sospecha que ha ido a comprar preservativos a la farmacia de guardia, y que hoy tendrán su primera relación sexual.
Su sorpresa es enorme cuando ve que Cris no ha venido sola, sino con otra chica.
No dice nada, no pregunta nada, espera paciente a que Cris le explique quién es.
-Fran, te presento a Esmeralda.
Dos besos y la ceja enarcada de Fran.
-He ido a comprarte esto y he visto a un hombre borracho seguirla con una navaja. Lo he empujado y hemos salido corriendo. Y bueno, se queda a dormir.
Fran no disimula su cara de disgusto.
-¿Quieres darte una ducha? Te buscaré un pijama y haré algo de cenar.- Le propone alegre Cris.
-Aún tengo el susto metido dentro… Nunca lo he pasado tan mal.- Responde cabizbaja Eme.
-¿Dónde está lo que has ido a comprar?- Pregunta Fran, serio.
-Toma, se ha arrugado un poco pero es un libro bonito.
Le entrega el libro, con la portada rasgada y arrugada, sin envolver siquiera.
Fran sonríe cuando lo ve.
-Creo que me voy a ir.
-No, ¿es por mí? Puedo volver a mi casa, no pasa nada. No está muy lejos.
-Pero si me has dicho que vivías en Chamartín, está a una hora y veinte minutos en metro de aquí, y es de noche.- Responde Cris, no quiere que Eme se vaya por un mosqueo tonto de Fran.
Eme agacha la cabeza.
-Sí, definitivamente me voy.- Dice Fran, saliendo con el libro en la mano y pegando un portazo.
Cris no lo detiene.
-Lo siento, te juro que lo siento. Tu novio se ha enfadado contigo por mi culpa.
Ella niega con la cabeza.
-No, no te preocupes. De todas formas, no estamos muy bien estando juntos. ¿Vamos a mi cuarto y te cuento allí mejor mientras busco tu pijama?

Eme entra en la habitación, acompañada de Cris. Es una habitación bastante bonita, y es fácil conocerla con sólo ver su cuarto.
En el centro del cuarto una cama cubierta por una manta azul con el símbolo de Superman, sin peluches. Un armario empotrado que ocupa una de las paredes, forrado con posters de grupos de rock, y una pared que dedica exclusivamente a gorras con visera plana, como a ella le gusta llevar. El escritorio está bastante ordenado. El ordenador portátil está encendido.
-Así que te gusta la música rock, ¿eh?- Comenta, asombrada Eme.
Cris asiente con la cabeza.
-Fran me ha regalado un CD de Extremoduro. Más que el rock, me gusta en especial ése grupo. ¿Tú qué música escuchas?
-¿Qué música tengo pinta de escuchar?
Cris mira a Eme. Una chica delgada y algo más bajita que ella, con el pelo castaño rojizo ondulado, que le cae a ambos lados de la cara voluminoso y por detrás de su espalda, de ojos grandes y azules, nariz respingona y labios finos. No viste camisetas de ningún cantante, nada que pueda darle una pista sobre qué música le gusta.
-No tengo ni idea.- Responde Cris, sentándose en la cama.
-¿Quieres jugar a algo?- Le propone, sentándose a su lado.
Cris la mira interesada.
-Cuando no estoy en la librería, tatúo a la gente. He estudiado bellas artes y tal.
-¡¿Tatúas?!- La interrumpe Cris, mordiéndose el labio, nerviosa. Eso sí que le ha sorprendido.
Eme asiente.
-En mi página de Facebook tengo algunos diseños, y bueno, me gustaría que los viésemos e intentases adivinar cuáles llevo yo.
Cris se levanta, coge el portátil y se sienta a su lado de nuevo.
-Busca Eme Té Tatoos.
Al segundo están dentro de la red social.
-Ése era mi estudio en Canarias.
Cris se sorprende aún más.
-¿Eres de Canarias?
Eme sonríe.
-Yo no soy de ningún sitio, tan solo viví allí unos años. Me he recorrido casi toda España.
-¿Y dónde naciste?
Eme no responde, señala el álbum de los diseños y Cris hace click sobre él.
Lo que ve la impresiona muchísimo.
El primer diseño es el de un dragón azul y amarillo largo y enorme.
Precioso.
Pero ése no cree que Eme lo lleve tatuado, no la ve tan atrevida.
El siguiente tampoco la convence; una chica besando una calavera que ella sujeta entre sus manos. La carabela lleva una V en la frente.
-¡Éste sí!- Exclama Cris, señalando el dibujo de un trébol de cuatro hojas. Se ve un tatuaje sencillo, pequeño y discreto.
Eme suelta una risotada.
-Error.
Se quita la cazadora y se sube la manga izquierda de su jersey, mostrándole a la chica que besa la muerte, que le cubre toda la parte superior del brazo.
Cris abre los ojos de par en par.
-¿Tiene alguna historia ése tatuaje?- Pregunta, intrigada por el significado.
Eme asiente.
-Me gustó el dibujo, y me lo hice yo misma. La V sí que tiene significado: Valentía, verdad y vida. Tres palabras con las que me identifico. Y supongo que las tres van de la mano; se necesita valentía para decir siempre la verdad en ésta vida, ¿no crees?
Cris asiente.
-El que tampoco te esperas que lleve por tu cara es el dragón. Me has preguntado que dónde nací: Asturias. Por eso es amarillo y azul, como la bandera.- Dice, descubriéndose el mismo hombro, mostrando un enorme dragón que baja desde su clavícula por sus pechos, hasta sus costillas.
Cris se sonroja cuando le ve el pearcing del pezón, al descubrirse uno de los pechos para mostrarle el tatuaje.
Se levanta de la cama y va al armario.
Empieza a rebuscar, lo desordena todo hasta que da con un pijama.
-¿Quieres ducharte?

En un parque de Madrid, Omar y sus amigos están bebiéndose unas cervezas.
Está empezando a refrescar. Omar se sube la cremallera de su chaqueta al tiempo que se bebe otro vaso de cerveza que le cede Lucas.
-Y bueno, chicos. Mañana volvemos a la asquerosa rutina de las clases.- Anuncia David, que está sentado entre Lucas y Dani.
Omar suelta un bufido.
-¿Creéis que estaremos en la misma clase?- Pregunta Dani.
-Lo bueno es que éste es nuestro último año. A partir de éste, unos harán bachiller, y otros se pondrán a trabajar.- Responde Lucas, sirviéndole un vaso de cerveza a David.
David se lo bebe de un trago.
-Pero un año es demasiado tiempo.- Dice, secándose la boca con la manga de su jersey.
Omar asiente.
-En un año pueden ocurrir demasiadas cosas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario