viernes, 10 de abril de 2015

Capítulo treinta:

Capítulo treinta:
                 
Maia ha aprovechado el buen tiempo que hace hoy para ponerse su falda azul oscura y su top negro sin tirantes. Se llevará una chaqueta vaquera a juego con sus zapatos por si luego refresca.
El pelo lo lleva recogido en una voluminosa trenza que le cae sobre un hombro.
Está en su puerta, esperando a su príncipe azul, que llegará en su moto.
La moto llega al cabo de unos segundos.
Aator besa a Maia nada más verla, la chica coge el casco.
-Espera, no te montes. Sube, haz la maleta y nos vamos.
-¿Eh?
-Que he pillado seiscientos euros, con eso nos pegamos el mejor fin de semana de nuestras vidas. Échate bikini.
Maia mira sonriente a Aator.
-¿Tío, qué dices? Mis padres me van a matar.
-Llamémoslo escapada romántica. Vamos, te espero.- Ríe Aator.
Maia atrae a Aator y lo besa.

Marcos espera a Ainara en la puerta de la comisaría.
Están hablando con su madre, y él se ha salido a la puerta a fumarse un cigarrillo.
Ainara aligera el paso.
-¿Dónde estabas?
Ainara se para enfrente de él.
-En el hospital.
Marcos se preocupa.
-¿Estás bien? ¿Qué ha pasado?
Ainara niega con la cabeza.
-Omar está en coma.
Marcos se echa las manos a la cabeza.
-¿De verdad has estado viéndolo a él en lugar de…?
-Lo siento, Marcos, enserio.
-Anoche lo defiendes, hoy vas a verle… ¿Qué será lo próximo, Ainara? Porque parece que te gusta él y no yo.
-Estás tonto, me gustas tú.
-¿Sabes? Deberías dejar de mentir, vete con él.
Marcos le da la última calada al cigarro, lo tira al suelo, lo pisa y entra a la comisaría.
Ainara se queda ahí inmóvil, da media vuelta y vuelve camino a casa.

Mónica y Nico caminan de la mano por Gran Vía.
Él tira de ella y los dos se sientan en un banco.
-¿Qué haces?
-No puedo aguantarlo más, Mónica. No paro de darle vueltas y quiero pedirte que no abortes.
-¿Qué te ha hecho cambiar de idea?
-Lo he pensado mejor, y es una vida. Abortarlo significa decidir por él. Como sus padres no van a estar juntos porque no se quieren, decidimos matarlo, mejor que dejarlo vivir sin un padre.
-¿Me estás diciendo que dé a luz para que yo me trague el marrón para cuidarlo sola después?
-Mónica, pasta no me falta, y a él tampoco le va a faltar. Ni a ti.
-¿Esperas que te aplauda por proponer pagarme por joder dos vidas en lugar de una?
-Espero que lo pienses, y que mañana por la mañana, cuando nos despertemos me des una respuesta. No es tan complicado.
-Claro que no es tan complicado, Nico. Tú lo complicas todo. Hemos decidido abortarlo, y los dos estábamos de acuerdo.
-Ya, pero ni tus padres ni yo queremos ahora. Si lo abortas, consíguete el dinero tú.
-Vete a la mierda.- Mónica se levanta del banco y se va, enfadada.
Marta pasa por su lado, con la cabeza alta.
Se sienta al lado de Nico.
-¿Contenta? Ya he hecho lo que me has pedido, ahora cumple tú con tu parte.
-Está bien.
Marta se saca el teléfono del bolsillo.
Le muestra el vídeo.
-Vamos, ¿no quieres ver otra vez cómo te lo montabas con Mónica?
-Para el carro, Marta. Borra el vídeo.
Marta pausa el vídeo y lo borra.
Mira triunfante a Nico.
-¿Qué esperabas, Nico? Te molaba mi amiga. Te acostaste con ella. ¿De verdad no esperabas que todo eso se volviese en tu contra?
-Sinceramente esperaba hacerte entender el asco de persona que siempre has sido. Por eso hice lo que hice; tirarle los trastos a Emily, y también a Mónica. Para que de una vez te dieses cuenta y te desenganchases de mí.
-¿Me diese cuenta de qué? ¿De lo cabrón que eres?
-A éstas alturas de la película aún no has entendido nada, ¿eh? Estás enferma de ahí arriba, obsesionada, loca y das miedo, por eso no quise seguir contigo. Y si lo hubiese sabido desde el principio, nunca habríamos sido nada.
Nico se levanta del banco y se va en la dirección contraria que Mónica.

Eme y Ana ya se están terminando el plato de calamares, y ya van por la segunda jarra de cerveza.
Ana le está contando una historia muy entretenida sobre lo que le ocurrió en la universidad.
Eme la escucha atenta.
-Total, que el tío que me tiraba fichas se pensaba que yo no era lesbiana cuando se lo dije, y me hizo enrollarme con otra lesbiana de la uni, delante de todos, en la fiesta.
-¿Y qué pasó después?
-Pues con la tía ésa tuve sexo. Era una bestia en la cama. Por desgracia sólo se quedó en un par de orgasmos, porque no la he vuelto a ver. ¿Lo quieres?- Ana señala el último calamar del plato con el tenedor.

Eme niega con la cabeza y Ana lo pincha y se lo come feliz.

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