Capítulo treinta:
Maia ha
aprovechado el buen tiempo que hace hoy para ponerse su falda azul oscura y su
top negro sin tirantes. Se llevará una chaqueta vaquera a juego con sus zapatos
por si luego refresca.
El pelo
lo lleva recogido en una voluminosa trenza que le cae sobre un hombro.
Está en
su puerta, esperando a su príncipe azul, que llegará en su moto.
La moto
llega al cabo de unos segundos.
Aator
besa a Maia nada más verla, la chica coge el casco.
-Espera,
no te montes. Sube, haz la maleta y nos vamos.
-¿Eh?
-Que he
pillado seiscientos euros, con eso nos pegamos el mejor fin de semana de
nuestras vidas. Échate bikini.
Maia
mira sonriente a Aator.
-¿Tío,
qué dices? Mis padres me van a matar.
-Llamémoslo
escapada romántica. Vamos, te espero.- Ríe Aator.
Maia
atrae a Aator y lo besa.
Marcos
espera a Ainara en la puerta de la comisaría.
Están
hablando con su madre, y él se ha salido a la puerta a fumarse un cigarrillo.
Ainara
aligera el paso.
-¿Dónde
estabas?
Ainara
se para enfrente de él.
-En el
hospital.
Marcos
se preocupa.
-¿Estás
bien? ¿Qué ha pasado?
Ainara
niega con la cabeza.
-Omar
está en coma.
Marcos
se echa las manos a la cabeza.
-¿De
verdad has estado viéndolo a él en lugar de…?
-Lo
siento, Marcos, enserio.
-Anoche
lo defiendes, hoy vas a verle… ¿Qué será lo próximo, Ainara? Porque parece que
te gusta él y no yo.
-Estás
tonto, me gustas tú.
-¿Sabes?
Deberías dejar de mentir, vete con él.
Marcos
le da la última calada al cigarro, lo tira al suelo, lo pisa y entra a la
comisaría.
Ainara
se queda ahí inmóvil, da media vuelta y vuelve camino a casa.
Mónica y
Nico caminan de la mano por Gran Vía.
Él tira
de ella y los dos se sientan en un banco.
-¿Qué
haces?
-No
puedo aguantarlo más, Mónica. No paro de darle vueltas y quiero pedirte que no
abortes.
-¿Qué te
ha hecho cambiar de idea?
-Lo he
pensado mejor, y es una vida. Abortarlo significa decidir por él. Como sus
padres no van a estar juntos porque no se quieren, decidimos matarlo, mejor que
dejarlo vivir sin un padre.
-¿Me
estás diciendo que dé a luz para que yo me trague el marrón para cuidarlo sola
después?
-Mónica,
pasta no me falta, y a él tampoco le va a faltar. Ni a ti.
-¿Esperas
que te aplauda por proponer pagarme por joder dos vidas en lugar de una?
-Espero
que lo pienses, y que mañana por la mañana, cuando nos despertemos me des una
respuesta. No es tan complicado.
-Claro
que no es tan complicado, Nico. Tú lo complicas todo. Hemos decidido abortarlo,
y los dos estábamos de acuerdo.
-Ya,
pero ni tus padres ni yo queremos ahora. Si lo abortas, consíguete el dinero
tú.
-Vete a
la mierda.- Mónica se levanta del banco y se va, enfadada.
Marta
pasa por su lado, con la cabeza alta.
Se
sienta al lado de Nico.
-¿Contenta?
Ya he hecho lo que me has pedido, ahora cumple tú con tu parte.
-Está
bien.
Marta se
saca el teléfono del bolsillo.
Le
muestra el vídeo.
-Vamos,
¿no quieres ver otra vez cómo te lo montabas con Mónica?
-Para el
carro, Marta. Borra el vídeo.
Marta
pausa el vídeo y lo borra.
Mira
triunfante a Nico.
-¿Qué
esperabas, Nico? Te molaba mi amiga. Te acostaste con ella. ¿De verdad no
esperabas que todo eso se volviese en tu contra?
-Sinceramente
esperaba hacerte entender el asco de persona que siempre has sido. Por eso hice
lo que hice; tirarle los trastos a Emily, y también a Mónica. Para que de una
vez te dieses cuenta y te desenganchases de mí.
-¿Me
diese cuenta de qué? ¿De lo cabrón que eres?
-A éstas
alturas de la película aún no has entendido nada, ¿eh? Estás enferma de ahí
arriba, obsesionada, loca y das miedo, por eso no quise seguir contigo. Y si lo
hubiese sabido desde el principio, nunca habríamos sido nada.
Nico se
levanta del banco y se va en la dirección contraria que Mónica.
Eme y
Ana ya se están terminando el plato de calamares, y ya van por la segunda jarra
de cerveza.
Ana le está
contando una historia muy entretenida sobre lo que le ocurrió en la universidad.
Eme la escucha
atenta.
-Total, que
el tío que me tiraba fichas se pensaba que yo no era lesbiana cuando se lo dije,
y me hizo enrollarme con otra lesbiana de la uni, delante de todos, en la fiesta.
-¿Y qué pasó
después?
-Pues con
la tía ésa tuve sexo. Era una bestia en la cama. Por desgracia sólo se quedó en
un par de orgasmos, porque no la he vuelto a ver. ¿Lo quieres?- Ana señala el último
calamar del plato con el tenedor.
Eme niega
con la cabeza y Ana lo pincha y se lo come feliz.
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