Capítulo dieciocho:
-Te noto
muy raro, Marcos. ¿Te pasa algo?
-No.
-Pues
estás muy callado todo el viaje.
-Es sólo
que quiero que ésta pesadilla se acabe de una vez, que Monicuernos muestre la
cara por una vez, para partírsela.
Alguien
con número oculto está llamando a Marcos.
Alexia
sabe dónde tiene que ir.
Pita al
telefonillo.
A los
dos segundos, un ruido metálico le indica que la puerta se está abriendo.
Ella
empuja.
Sube las
escaleras de dos en dos hasta llegar a la primera planta, donde la espera un
hombre con barba.
-¿Cuánto
quieres hoy?- Le pregunta, y los dos entran al piso de él.
-Dame
cuatro gramos.
Entran al
comedor, donde dos tíos más están compartiendo un porro.
-Dale un
par de gramos más si me deja tocarle una teta.- Dice uno de ellos, medio en
broma.
El de la
barba mira a Alexia.
-Sabes
que ésos gramos podrían salirte gratis.
-Bueno,
está bien, pero tengo veinte euros. Prefiero pagarlo.
Él se
demora en sacar la marihuana del bote que tiene encima de la mesa.
Los
otros dos la miran babeando.
Marcos
responde a la llamada.
Se pone
el móvil en la oreja, y no dice nada.
-¿Marcos?
Marcos
no identifica de quién es la voz.
-Marcos,
sé que estás ahí.
Marcos y
Ainara salen de la estación de metro.
-Marcos,
¿puedes preguntarle a Ainara que dónde se ha comprado ésa falda tan bonita?
Marcos
mira la falda de Ainara.
-Nos
está viendo.- Susurra separándose el móvil de la oreja.
-Claro
que os estoy viendo, no seas estúpido. Sé que estáis intentando atraparme. Omar
ha chafado vuestro plan contándomelo, ¿no crees?
Marcos
no le responde.
-Qué
aburrido eres, chico. ¿En la cama eres así también?
Marcos
sigue callado.
-No, la
verdad es que no creo que lo seas. Mónica está embarazada, ¿no es cierto?
Marcos
traga saliva.
-¿Cómo
lo sabes? Da la cara, idiota.
-Quieres
que dé la cara, ¿verdad?
-Sí.
-Nos
veremos las caras pronto, tú estate tranquilo.
Y cuelga
la llamada.
Omar
pasa por su lado al salir de la estación de metro.
Marcos
lo coge del brazo.
-¿Qué
haces tío? No ensucies mi chupa con tus manos.
-Omar,
no estoy de broma. Necesito que me cuentes todo lo que sabes de Monicuernos.
-Qué
pesados todos con el temita. Preguntadle a Cris, es la que llevaba los espray,
no yo.
-Déjale,
quizás él no tenga nada que ver.- Salta Ainara.
Marcos
suelta el brazo de Omar.
-Eso es,
buen chico. Hazle caso a tu novia.
Marcos
le escupe a Omar en la cara.
Uno de
los amigos de Omar se mete por en medio y empuja a Marcos, que cae al suelo.
Omar se
limpia el escupitajo.
-Deberías
de controlar más a tu novio, vasca, si no quieres que mis amigos le peguen una
paliza.
El chico
le pega patadas a Marcos, que sigue en el suelo.
-Omar,
haz que pare, joder.
-Nacho,
puedes dejarlo. Es una mierda.
Monicuernos
observa divertida la escena.
Será difícil sacarle a Omar lo
que sabe.
-Me dijiste que se trataba de
putear a Marcos, no que fueses a convertirte en uno de los grandes misterios de
éste instituto.- Se queja Omar.
Es la hora del recreo, y ellos
dos están en la clase de biología.
-¿Enserio crees que Monicuernos
soy yo?
-Me importa una mierda, pero si
eres tú, para. Estás haciendo daño a más gente.
-¿Has conseguido lo que te pedí?-
Ella se acerca a él y le da un beso en los labios.
-Aquí tienes. Eran de Cris, los
llevaba ella en su mochila.- Dice Omar, abriendo su mochila y sacando los dos
botes de pintura en espray.
Cris y
Eme viajan en metro.
-Ya solo
queda una parada, y habremos resuelto el misterio.
-¿No
estás nerviosa?
-La
verdad es que sí. Un poco. Me da miedo desenmascarar a Monicuernos.
-¿Por qué
Cris?
-En ésta
vida, o eres héroe o villano, pero siempre hay algo de héroe en un villano, un
motivo. ¿Y si realmente ésa persona tiene motivos para hacer lo que está
haciendo? No sé si quiero descubrirlo, sólo quiero que se acabe ya.
Eme
asiente.
-¿Me
dejas darte un beso antes de que nos bajemos? Por una vez sabemos que
Monicuernos no está aquí, quiero aprovechar.
Cris
asiente y Eme la besa.
Judith
escucha el nuevo tema que ha compuesto Melendi, con los cascos puestos, Un alumno más. Lo ha subido a YouTube
hace unos segundos.
Tiene
que pararlo en el minuto 1:41.
Ésa
canción parece compuesta para ella.
Ella no
tiene cáncer de mama, ni Dios lo quiera.
Pero
siente repulsión hacia su reflejo.
Tiene la
piel de gallina y está llorando.
Siente
hasta frío dentro del vagón de metro.
-¿Hija,
estás bien?- Le pregunta un hombre mayor que viaja a su lado.
Judith
se quita los cascos y se seca las lágrimas.
-Sí,
sí.- Le sonríe.
Maia y
Aator caminan juntos, dirección a la casa de Maia.
Ha sido
una tarde divertida. Aator se ha zampado las dos hamburguesas, y Maia ha tenido
que ir a un bar a pedir una tapa de ensaladilla para llevar. Luego han ido a la
bolera, él la ha invitado a la tapa y también a jugar a los bolos. La ha
enseñado también a jugar al billar.
Ésta
noche él pasará a recogerla en su moto, y la llevará al local donde dará el
concierto.
-¿Te lo
has pasado bien, Maia?- Le pregunta Aator. Es bonito el atardecer desde uno de
los puentes del Río Manzanares.
-Sí, ha
estado bastante bien.
-Me
alegro de que te lo hayas pasado bien. ¿Sabes? Estoy nervioso.
-¿Por
qué?
-Estamos
de camino a tu casa, y tocará despedirnos.
-¿Y qué?
-Que
quiero verte ésta noche. No me falles, ¿eh?
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