lunes, 6 de abril de 2015

Capítulo trece:

Capítulo trece:
            
Toca el último timbre de la semana.
Los alumnos se levantan.
Omar espera a Judith, que es la última en recoger y salir.
Después de una larga clase de matemáticas, por fin pueden hablar.
-¿Qué me estabas diciendo antes?
-Creo que estoy cerca de saber quién es Monicuernos. Tengo incluso dos sospechosas. Emily y Cris.
Judith suelta una risa.
-Creo que ya no importa saber quién es. Ésa cuenta ya no puede hacerme más daño.
-¿Por qué nunca en todos éstos años me lo dijiste?
-Porque no, Omar, me daba palo. Además, tú ni siquiera sientes lo mismo. Y menos por mí.
-¿Por qué siempre te infravaloras?
-No lo hago.
-Claro que sí.
-No, enserio, no.
-Vamos a averiguar quién es Monicuernos. Lo haremos juntos, ¿quieres?
Judith asiente sonriente.
-¿Ves? Estás más bonita cuando sonríes.

Alba observa la escena desde el otro lado del marco de la puerta que está entreabierta.
Se saca el móvil del bolsillo.
Una foto.
Otra.
Los dos se miran fijamente.
Cada vez más cerca el uno del otro.
Escuchan los pasos de Alba al alejarse corriendo.

-Menuda clase me han dado Omar y Emily hoy.- Se queja Martina en cuanto entra al despacho.
-¿Por qué está pasando esto, Martina?- Pregunta el director, serio. Está sentado frente a su escritorio. Estaba mirando el expediente de Cris.
-Porque son adolescentes.
Juan, el director, levanta la mirada hacia su esposa.
-No todos los adolescentes tienen que ser así.
-No, la verdad es que no. Aunque ya lo comprobaremos cuando tengamos un hijo, ¿no?
-No puedo pensar en tener un hijo teniendo que cuidar de tantos.
Martina se apoya en el escritorio.
Mira a Juan a los ojos.
-Juan, ¿qué te está pasando? Pareces más interesado en el tema de… oh, espera, ¿cómo se llamaba? Ah, sí. Monicuernos. Pareces más interesado en resolver eso que los propios alumnos.
-No es eso, Martina. Pero mi sobrina Violeta corre peligro estudiando aquí. Ella es… demasiado débil.
-Vamos, Juan, a fin de cuentas es una adolescente. Sabrá apañárselas.
-Ésta noche mismo la llevaré a cenar a algún lado y comprobaré que está bien. Quizás incluso sepa quién está detrás de todo esto.
-¿Y tiene que ser ésta noche? Por dios, Juan.
-Sí, Martina, tiene que ser ésta noche. Nuestro décimo aniversario puede esperar.
-Así que ésta noche que iba a ser tan especial para ambos puede esperar, ¿no? Es que me toca las narices.
Juan se busca en los bolsillos de su americana.
-Ahí tienes las llaves del coche.- Se las lanza al escritorio.
-¿Qué cojones significa esto, Juan?
-Yo volveré en metro. Quiero quedarme un poco más, revisar las papeleras. Buscar algo.
-¿Ésta noche entonces qué?
-Ya te lo he dicho, Martina.

-Servicio a domicilio, señorita.- Nada más verla entrar a la estación con Ainara, Aator ha ido corriendo a ella para mostrarle las dos bolsas que lleva acompañado del guitarrista.
Maia le sonríe.
-¿Aceptas venir conmigo a comer?
Mira a Ainara. Ésta le asiente.
-Nos vemos luego en casa. Diles a mamá y papá que estoy estudiando en la biblioteca.
-Eso no se lo creerán.
Maia le sonríe.
-Tienes razón. Diles que me he fugado con el novio.
Ainara y Maia se carcajean.
Ainara se aleja.
-¿Qué pasa, muñeca? ¿Ahora soy tu novio?- Bromea Aator, cogiéndola de la cintura.

-Se mira, pero no se toca.- Maia sonríe y se muerde el labio. 

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