Capítulo trece:
Toca el
último timbre de la semana.
Los
alumnos se levantan.
Omar
espera a Judith, que es la última en recoger y salir.
Después
de una larga clase de matemáticas, por fin pueden hablar.
-¿Qué me
estabas diciendo antes?
-Creo
que estoy cerca de saber quién es Monicuernos. Tengo incluso dos sospechosas.
Emily y Cris.
Judith
suelta una risa.
-Creo
que ya no importa saber quién es. Ésa cuenta ya no puede hacerme más daño.
-¿Por
qué nunca en todos éstos años me lo dijiste?
-Porque
no, Omar, me daba palo. Además, tú ni siquiera sientes lo mismo. Y menos por
mí.
-¿Por
qué siempre te infravaloras?
-No lo
hago.
-Claro
que sí.
-No,
enserio, no.
-Vamos a
averiguar quién es Monicuernos. Lo haremos juntos, ¿quieres?
Judith
asiente sonriente.
-¿Ves?
Estás más bonita cuando sonríes.
Alba
observa la escena desde el otro lado del marco de la puerta que está
entreabierta.
Se saca
el móvil del bolsillo.
Una
foto.
Otra.
Los dos
se miran fijamente.
Cada vez
más cerca el uno del otro.
Escuchan
los pasos de Alba al alejarse corriendo.
-Menuda
clase me han dado Omar y Emily hoy.- Se queja Martina en cuanto entra al
despacho.
-¿Por
qué está pasando esto, Martina?- Pregunta el director, serio. Está sentado
frente a su escritorio. Estaba mirando el expediente de Cris.
-Porque
son adolescentes.
Juan, el
director, levanta la mirada hacia su esposa.
-No todos
los adolescentes tienen que ser así.
-No, la
verdad es que no. Aunque ya lo comprobaremos cuando tengamos un hijo, ¿no?
-No
puedo pensar en tener un hijo teniendo que cuidar de tantos.
Martina
se apoya en el escritorio.
Mira a
Juan a los ojos.
-Juan, ¿qué
te está pasando? Pareces más interesado en el tema de… oh, espera, ¿cómo se
llamaba? Ah, sí. Monicuernos. Pareces más interesado en resolver eso que los
propios alumnos.
-No es
eso, Martina. Pero mi sobrina Violeta corre peligro estudiando aquí. Ella es…
demasiado débil.
-Vamos,
Juan, a fin de cuentas es una adolescente. Sabrá apañárselas.
-Ésta
noche mismo la llevaré a cenar a algún lado y comprobaré que está bien. Quizás
incluso sepa quién está detrás de todo esto.
-¿Y
tiene que ser ésta noche? Por dios, Juan.
-Sí,
Martina, tiene que ser ésta noche. Nuestro décimo aniversario puede esperar.
-Así que
ésta noche que iba a ser tan especial para ambos puede esperar, ¿no? Es que me
toca las narices.
Juan se
busca en los bolsillos de su americana.
-Ahí tienes
las llaves del coche.- Se las lanza al escritorio.
-¿Qué
cojones significa esto, Juan?
-Yo
volveré en metro. Quiero quedarme un poco más, revisar las papeleras. Buscar
algo.
-¿Ésta
noche entonces qué?
-Ya te
lo he dicho, Martina.
-Servicio
a domicilio, señorita.- Nada más verla entrar a la estación con Ainara, Aator
ha ido corriendo a ella para mostrarle las dos bolsas que lleva acompañado del
guitarrista.
Maia le
sonríe.
-¿Aceptas
venir conmigo a comer?
Mira a
Ainara. Ésta le asiente.
-Nos
vemos luego en casa. Diles a mamá y papá que estoy estudiando en la biblioteca.
-Eso no
se lo creerán.
Maia le
sonríe.
-Tienes
razón. Diles que me he fugado con el novio.
Ainara y
Maia se carcajean.
Ainara
se aleja.
-¿Qué
pasa, muñeca? ¿Ahora soy tu novio?- Bromea Aator, cogiéndola de la cintura.
-Se
mira, pero no se toca.- Maia sonríe y se muerde el labio.
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