Capítulo
treinta y ocho:
No digas nada por favor,
No
vaya a ser que me despierte
De
un sueño en el que puedo verte
Y
aún puedo hablarte de mi amor.
Un
médico vuelve a dar la misma noticia ante otra joven que llora desesperada.
-Aarón
ha fallecido. Lo siento, no hemos podido hacer nada por él.
Maia
no puede contener el llanto.
Deja
de sentir que vive, sólo siente los brazos helados, y sus latidos corriendo
desenfrenados.
-¿Crees
que puedes localizar a sus padres?
-En
el autobús. Llevaba… su móvil.- Consigue articular Maia entre sollozos.
-Lo
tengo aquí mismo, lo llevaba en el bolsillo del pantalón. Pero no conseguimos
desbloquearlo.- El doctor le entrega el móvil de Aator.
Ella
tampoco conoce el código.
Pero
algo de idea tiene, ¿su fecha de nacimiento?
-Espera
en el pasillo mientras lo intentas.
Ella
sale del despacho sin decir nada.
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