Capítulo seis:
Está
cenando con sus padres. No tenía mucha hambre y menos después del susto de que
casi la atropella un coche. Eme le ha escrito dos mensajes, pero ella no le ha
respondido. Se le hace duro separarse de ella.
Ding, dong.
Suena el
timbre de la casa de Cris.
-Voy yo.
Cris se
levanta, camina hasta el recibidor y abre la puerta.
Delante
de ella, se encuentra a Eme.
-¿Pero
qué…?
Está a
punto de pedirle que se vaya.
Eme hace
un gesto con la mano para que guarde silencio.
Lo
primero que hace es quitarse la gorra que lleva, mostrándole que se ha cortado
el pelo. Se ha rapado los lados de la cabeza y la parte de arriba la lleva
engominada. Parece un chico, y a decir verdad bastante guapo.
Cris se
queda boquiabierta.
Eme se
agacha para coger unos carteles que ha traído. Le muestra el primero y uno a
uno va enseñándole todos.
AUNQUE EL MUNDO
NOS OBLIGUE A CALLAR
ESTO QUE SENTIMOS…
Eme se
muerde el labio, nerviosa.
Pasa al
siguiente cartel.
Eme está
temblando.
Tiembla
de los nervios.
AUNQUE NO ME DEJES
GRITAR LO MUCHO QUE
ME GUSTAS…
El
corazón de Cris late con fuerza.
Y
también el de Eme.
¿QUIERES FORMAR
PARTE DE MI PEQUEÑO
SECRETO?
-¿Quieres
salir conmigo, ángel?- Le susurra Eme.
Cris se
acerca a Eme, temblorosa.
La mira
a los ojos.
Siente un
cosquilleo en el estómago.
Siente
que es en ésos ojos en los que ella quiere reflejarse siempre.
Por
siempre y para siempre.
Entonces,
la besa.
Primero
con timidez.
La luz
automática de las escaleras se apagan y las dos sonríen en la oscuridad, sin
dejar de besarse.
-¿Esto
es un sí?- Pregunta Eme, sonriente, cuando las dos se separan.
Y Cris
también sonríe.
-Te
pido… Necesito que me des tiempo, Eme.
Eme no
puede creerlo.
Siente
algo quebrarse en su interior.
-No,
Cris, me rindo.
Cris
mira a Eme.
-Ni siquiera
sabes lo que te iba a decir. Necesito que me des tiempo, que esperes aquí
escondida. Mis padres se acostarán en un rato, podré colarte en mi casa. Cuando
estemos dentro, te daré una respuesta.
Eme
enarca una ceja.
-Cris,
si no quieres salir conmigo, simplemente dilo.
Cris
vuelve a besar a Eme, ésta vez un beso corto.
-Te veo
cuando mis padres se acuesten, enana.
-Supongo
que lo mejor va a ser dejarlo.- Empieza Marcos.
Mónica y
él están sentados en un parque, cerca de la casa de ella. El cielo está cubierto
de nubes grises. Pronto empezará a llover.
-¿Has
visto la foto?- Pregunta Mónica, sin mirarle siquiera.
-Sí, la
verdad es que sí. Y no tengo nada que reprocharte. Tú también has visto la
foto, ¿no?
Mónica
mira a Marcos.
No sabe
de qué le habla.
-No.
-Tú me
has sido infiel con un chico. Yo te lo he sido con otra chica. Estamos en paz.
-¿En
paz? ¿Cómo que estamos en paz?
-Sí,
Mónica. Después de esto, no queda nada por lo que luchar.
-Ha sido
con Lidia, ¿verdad? Sabía que no podía confiar en ella.
Marcos
niega con la cabeza.
-No, no
ha sido con Lidia.
Mónica
está llorando.
-¿Entonces?
¿Cuándo ha sido?
-Hoy.
Después de clase.
Mónica
mira a Marcos.
-Te
quiero preguntar algo, Marcos, pero quiero que seas sincero.
-Dime.
-¿Lo has
hecho porque te has enterado de que yo también lo hice…? Quiero decir, en plan
venganza, o simplemente…- Mónica no puede acabar la frase.
Se ahoga
con las palabras.
-Supongo
que antes o después acabarás enterándote de quién es ella… No tienes más que
entrar a ése perfil y ver la foto, por eso quiero decírtelo yo. No quiero que
te metas en esto, Mónica. Es Ainara. La chica nueva. Y me gusta.
Mónica
solloza.
-¿Crees
que ésa chica te gusta más que yo?
-No
creo… No creo que debas preguntarme eso.
-Pero te
gusta más que yo, ¿verdad?
-Es distinto.
-¿Pero
te gusta más que yo o no?
-Sí.
Mónica
calla durante unos segundos.
Aspira
profundamente y concluye, levantándose del banco:
-Entonces
creo que no, ya no queda nada por lo que luchar.
Lidia
está conectada al portátil.
Ha
acabado de cenar, y antes de irse a dormir, le gusta escuchar un poco de música
y chatear.
Entra en
YouTube y busca: El canto del loco –
Puede ser.
Entonces,
de repente aparece un anuncio.
Se
necesita camarera en un bar cerca de Gran Vía.
Hace
click.
La
página que se abre te da la opción de dejar el currículum online.
Aparece
también un número de teléfono.
Lidia lo
apunta en su teléfono y llama.
-¿Sí?
-Hola,
buenas. Me gustaría trabajar con ustedes.
-¿Cómo
te llamas?
-Lidia,
señor.
-Bien,
Lidia, ¿cuántos años tienes?
-Dieciocho.
-Buscamos
camareras jovencitas y atractivas. ¿Te apetece que quedemos mañana para la
entrevista?
-Sí.
-¿Conoces
el bar Vivaldi de Callao?
-Sí.
-¿Allí a
las cinco y media de la tarde?
-Está
bien.
-Gracias
Lidia, hasta mañana.
Y
cuelgan.
-Os dejo
solos, ¿vale? Saluda a Mikel de mi parte.- Ainara se levanta y sale de la
habitación.
Maia
sonríe a su hermana.
Descuelga
el teléfono feliz.
-Hola,
feo.
Mikel
sonríe al otro lado del teléfono.
-¿Sabes
que a partir de hoy vamos a poder hablar durante horas por teléfono?
Maia
sonríe.
-¿Y eso?
-Tengo
llamadas ilimitadas gratis.
-¿Y vas
a gastar ésas llamadas ilimitadas en mí?
-Claro.
Sabes que sí.
Ambos
callan durante un instante.
-Se me
hace raro.- Maia rompe el silencio.
-¿El
qué?
-No sé,
el hablar contigo por teléfono. Siempre lo hacíamos en persona.
-A todo
tenemos que acostumbrarnos.
Guardan
silencio de nuevo.
-¿Y tú,
Mikel, quieres estar conmigo?
-Claro
que sí, pequeña.
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