Capítulo veinte:
Jorge y
Martina ya llevan un rato jugando, y ella ha bebido más veces que él. Jorge la
conoce muy bien.
-Yo
nunca me he sentido atraída por alguien que no debía.
Él bebe.
-Yo
nunca he querido besar a alguien cuando no debía hacerlo.
Ella
bebe.
Los dos
se miran.
Él mira
sus labios.
Tocan al
timbre.
-Martina,
¿estás?
Es Juan.
Martina
abre los ojos como platos.
Juan se
saca las llaves del bolsillo.
-Es
Juan.- Susurra, lo levanta del sofá tirando de él y lo esconde en el aseo.
La
puerta de la casa se abre justo cuando Martina cierra la del baño.
-¿A
dónde vas?- Le pregunta Martina cuando Juan se dirige a ella.
-Al
baño, me estoy meando. Tendría que estar ya en casa de Violeta pero se me ha
hecho tarde.
-Pero
Juan, ahora mismo no puedes entrar.
-¿Cómo
que no? Martina, que me meo.
-Está…
recién fregado. No puedes pasar.
-Que da
igual, Martina, antes de irme le doy yo un repasito.- Juan gira la manivela y
abre la puerta del baño.
Ella
sale del instituto saltando de nuevo la valla.
Una vez
fuera, mira los expedientes y sonríe.
El más
fácil de encontrar ha sido el de Cris, que estaba en la mesa del despacho del
director.
Se quita
los guantes y busca su móvil en el bolsillo.
Llama a
Omar.
-¿Qué te
pica?- Le pregunta Omar en cuanto responde.
-Quiero
verte.
-Sabes
dónde iba a estar ésta noche. Ven.
-He
dicho que quiero verte, no que quiera ir a verte.
-Y
Marta, yo te estoy diciendo que si quieres verme, vengas, o mires una foto mía.
-¿Por
qué siempre eres tan borde?
-Llevas
años comiéndome el coco con que a Judith le molo, ¿pero qué pasa si a mí
también me mola ella?
Marta
está enfadada.
-Que si
te mola ella, eres un capullo acostándote conmigo, mi hermano te matará por
acostarte con su hermanita y después romperle el corazón. Y te recuerdo que es
tu mejor amigo, y que sin él estarías solo.
-Y yo te
recuerdo que tú lo estás.
Marta
estrella su teléfono en el suelo, lo coge de nuevo y se controla para no
terminar de romperlo contra uno de los muros que sujetan la puerta de la valla
y se va llorando.
Me las va a pagar.
Dentro
del Vivaldi hay mucha gente.
Han
montado un escenario dentro, con un piano, tres taburetes, y un sofá rosa de
charol.
-Todas
las mesas están ocupadas.
-Tú
sígueme.
Aator se
pierde entre la gente, pero Maia no tarda mucho en alcanzarlo.
Uno de
los camareros se sube al escenario para anunciar por el micrófono que el
concierto dará inicio a las diez de la noche.
-Genial,
hemos venido para nada. Monicuernos no está.- Se queja Cris.
-Ya lo
sé, ya lo sé. Pero estaba aquí, tenemos que
ir al instituto.- Le dice Judith.
Esmeralda
coge de la mano a Cris.
-Averiguaremos
quién es, ya lo verás.- La consuela Eme.
-Eh, ahí
están Marcos y Ainara.- Los señala Judith.
Marta
marca el número de teléfono del camello de su hermano.
Estaba
cotilleándole el móvil, lo vio y se lo apuntó.
Además
de que el nombre con el que lo tenía apuntado era gracioso.
Carlos k-mello.
-Buenas,
hablas con Marta, la hermana de David.- Se presenta Marta, aún sabiendo que él
ya sabe quién es. Es un buen amigo de su hermano, lo que no sabía es que él
pasase.
-Sí,
Marta, dime.
-Necesito
anfetas, en pastilla.
-En
pastilla te va a salir un poco carilla la cosa. ¿Cuántas quieres?
-Me
harás precio nueva clienta, ¿verdad?
-Tú dime
cuántas quieres, y yo te digo.
-No sé,
quiero pillar un pelotazo bueno.
-¿Pero
son para ti?
-Claro,
¿para quién si no?- Ríe Marta.
-¿Es la
primera vez que lo haces?
-No,
claro que no.
-Las
pastillas que yo rulo son más grandes que las normales. Te saldrá por treinta
pavos cada una, y con dos te lo pasarás en grande.
-¿Sesenta
euros dos pastillas? Mi hermano es tu colega.
-Ya lo
sé tía, pero es el precio al que están.
-Entonces
no las quiero.
-Espera,
Marta. ¿Vienes a mi casa y como en los viejos tiempos?
-Voy a
tu casa si me das tres de ésas pastillas. Mañana si quieres volveremos a estar
como antes, pero ésta noche tengo planes.
-¿Me
estás dando otra oportunidad?
-Claro.
Y una mierda, cabrón.
Cuando
cuelgan, escribe un mensaje a Omar.
Decide
no enviárselo. Será una sorpresa verla allí.
Iván,
Alexia y Mía están en la habitación.
Alexia
se ha liado un porro, y los tres fuman mientras beben algo de vodka de la
despensa de los padres de Mía.
Iván
besa de pronto a Mía, cuando se separan, busca la boca de Alexia.
Ella se
aparta.
Le da la
última calada antes de pasárselo a Mía y suelta el humo en una cascada.
Iván
vuelve a acercarse a ella, y Alexia vuelve a apartarse.
-¿Qué te
pasa?- Le pregunta él.
-Soy
lesbiana.- Le responde ella.
Él
sonríe.
-Entonces
compartiremos a Mía.
Él coge
la botella de vodka de la mesilla y le da un trago.
-Al
final tenía yo razón, ¿eh? Hemos venido para nada.- Dice Cris, ya en el metro.
Las dos
están de pie, esperando para bajarse.
-Pues
sí.- Suspira Eme.
-¿Qué
hace esto aquí?- Dice Cris agachándose para coger el folio.- Es el expediente
de Maia.
-¿Alba?
-Sí,
¿quién eres?
Marta ha
llamado a Alba, está llegando a la casa de Carlos.
Se pone
a leer el expediente en voz alta:
-Alba
Romero, pone aquí. Estudió en un colegio de Huelva, vaya, ¿eres de allí? No te
lo había notado en el acento. Ah, claro, ahora lo entiendo. Aquí pone que
llevas años en Madrid, seis concretamente.
-¿Quién
eres?
-En un
internado. Qué mal expediente, chica. Además de tener unas notas bastante bajas
para estudiar aquí. Soy Monicuernos. Le haré un favor a Judith si le dejo esto en
su taquilla el lunes. ¿No crees?
-¿Cómo?
Alba se
pone tensa.
Se
humedece los labios con la lengua.
-Después
de intentar volverla bulímica sólo para que no te quite al chico del que te has
encaprichado. Podría conseguir si es lo suficientemente inteligente incluso que
te echen del instituto.
-¿Qué
quieres que haga? Si me has llamado y no lo has hecho ya, algo querrás que
haga.
-Eres tú
quien decide a quién hacer daño, curiosamente navegando por internet he
encontrado el caso de una niña de cuarto de primaria que empujó a una compañera
por las escaleras y la mató. ¿Te suena de algo?
-Dime
qué quieres.
-Sentirte
inferior hizo que ésa niña muriese. Ella sacaba mejores notas que tú, tus
compañeros se reían de ti cuando suspendías. Destroza el coche de los padres de
Omar, haz lo posible porque no arranque.
-No
puedo hacer eso.
-¿Entonces
has decidido hacerte daño a ti misma?
-No, no.
¿Para cuándo lo necesitas?
-Ésta
noche. Está aparcado donde siempre. Sois vecinos, ¿no?- Ríe Marta.- Ah, no, que
ésa también fue otra mentira que le dijiste a Judith para poder comerle el
coco. Apunta la dirección. Es el coche rojo que siempre tienen enfrente de la
puerta.
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