lunes, 6 de abril de 2015

Capítulo veinte:

Capítulo veinte:
            
Jorge y Martina ya llevan un rato jugando, y ella ha bebido más veces que él. Jorge la conoce muy bien.
-Yo nunca me he sentido atraída por alguien que no debía.
Él bebe.
-Yo nunca he querido besar a alguien cuando no debía hacerlo.
Ella bebe.
Los dos se miran.
Él mira sus labios.
Tocan al timbre.
-Martina, ¿estás?
Es Juan.
Martina abre los ojos como platos.
Juan se saca las llaves del bolsillo.
-Es Juan.- Susurra, lo levanta del sofá tirando de él y lo esconde en el aseo.
La puerta de la casa se abre justo cuando Martina cierra la del baño.
-¿A dónde vas?- Le pregunta Martina cuando Juan se dirige a ella.
-Al baño, me estoy meando. Tendría que estar ya en casa de Violeta pero se me ha hecho tarde.
-Pero Juan, ahora mismo no puedes entrar.
-¿Cómo que no? Martina, que me meo.
-Está… recién fregado. No puedes pasar.
-Que da igual, Martina, antes de irme le doy yo un repasito.- Juan gira la manivela y abre la puerta del baño.

Ella sale del instituto saltando de nuevo la valla.
Una vez fuera, mira los expedientes y sonríe.
El más fácil de encontrar ha sido el de Cris, que estaba en la mesa del despacho del director.
Se quita los guantes y busca su móvil en el bolsillo.
Llama a Omar.
-¿Qué te pica?- Le pregunta Omar en cuanto responde.
-Quiero verte.
-Sabes dónde iba a estar ésta noche. Ven.
-He dicho que quiero verte, no que quiera ir a verte.
-Y Marta, yo te estoy diciendo que si quieres verme, vengas, o mires una foto mía.
-¿Por qué siempre eres tan borde?
-Llevas años comiéndome el coco con que a Judith le molo, ¿pero qué pasa si a mí también me mola ella?
Marta está enfadada.
-Que si te mola ella, eres un capullo acostándote conmigo, mi hermano te matará por acostarte con su hermanita y después romperle el corazón. Y te recuerdo que es tu mejor amigo, y que sin él estarías solo.
-Y yo te recuerdo que tú lo estás.
Marta estrella su teléfono en el suelo, lo coge de nuevo y se controla para no terminar de romperlo contra uno de los muros que sujetan la puerta de la valla y se va llorando.
Me las va a pagar.

Dentro del Vivaldi hay mucha gente.
Han montado un escenario dentro, con un piano, tres taburetes, y un sofá rosa de charol.
-Todas las mesas están ocupadas.
-Tú sígueme.
Aator se pierde entre la gente, pero Maia no tarda mucho en alcanzarlo.
Uno de los camareros se sube al escenario para anunciar por el micrófono que el concierto dará inicio a las diez de la noche.

-Genial, hemos venido para nada. Monicuernos no está.- Se queja Cris.
-Ya lo sé, ya lo sé. Pero estaba aquí, tenemos que  ir al instituto.- Le dice Judith.
Esmeralda coge de la mano a Cris.
-Averiguaremos quién es, ya lo verás.- La consuela Eme.
-Eh, ahí están Marcos y Ainara.- Los señala Judith.

Marta marca el número de teléfono del camello de su hermano.
Estaba cotilleándole el móvil, lo vio y se lo apuntó.
Además de que el nombre con el que lo tenía apuntado era gracioso.
Carlos k-mello.
-Buenas, hablas con Marta, la hermana de David.- Se presenta Marta, aún sabiendo que él ya sabe quién es. Es un buen amigo de su hermano, lo que no sabía es que él pasase.
-Sí, Marta, dime.
-Necesito anfetas, en pastilla.
-En pastilla te va a salir un poco carilla la cosa. ¿Cuántas quieres?
-Me harás precio nueva clienta, ¿verdad?
-Tú dime cuántas quieres, y yo te digo.
-No sé, quiero pillar un pelotazo bueno.
-¿Pero son para ti?
-Claro, ¿para quién si no?- Ríe Marta.
-¿Es la primera vez que lo haces?
-No, claro que no.
-Las pastillas que yo rulo son más grandes que las normales. Te saldrá por treinta pavos cada una, y con dos te lo pasarás en grande.
-¿Sesenta euros dos pastillas? Mi hermano es tu colega.
-Ya lo sé tía, pero es el precio al que están.
­-Entonces no las quiero.
-Espera, Marta. ¿Vienes a mi casa y como en los viejos tiempos?
-Voy a tu casa si me das tres de ésas pastillas. Mañana si quieres volveremos a estar como antes, pero ésta noche tengo planes.
-¿Me estás dando otra oportunidad?
-Claro.
Y una mierda, cabrón.
Cuando cuelgan, escribe un mensaje a Omar.
Decide no enviárselo. Será una sorpresa verla allí.

Iván, Alexia y Mía están en la habitación.
Alexia se ha liado un porro, y los tres fuman mientras beben algo de vodka de la despensa de los padres de Mía.
Iván besa de pronto a Mía, cuando se separan, busca la boca de Alexia.
Ella se aparta.
Le da la última calada antes de pasárselo a Mía y suelta el humo en una cascada.
Iván vuelve a acercarse a ella, y Alexia vuelve a apartarse.
-¿Qué te pasa?- Le pregunta él.
-Soy lesbiana.- Le responde ella.
Él sonríe.
-Entonces compartiremos a Mía.
Él coge la botella de vodka de la mesilla y le da un trago.

-Al final tenía yo razón, ¿eh? Hemos venido para nada.- Dice Cris, ya en el metro.
Las dos están de pie, esperando para bajarse.
-Pues sí.- Suspira Eme.
-¿Qué hace esto aquí?- Dice Cris agachándose para coger el folio.- Es el expediente de Maia.

-¿Alba?
-Sí, ¿quién eres?
Marta ha llamado a Alba, está llegando a la casa de Carlos.
Se pone a leer el expediente en voz alta:
-Alba Romero, pone aquí. Estudió en un colegio de Huelva, vaya, ¿eres de allí? No te lo había notado en el acento. Ah, claro, ahora lo entiendo. Aquí pone que llevas años en Madrid, seis concretamente.
-¿Quién eres?
-En un internado. Qué mal expediente, chica. Además de tener unas notas bastante bajas para estudiar aquí. Soy Monicuernos. Le haré un favor a Judith si le dejo esto en su taquilla el lunes. ¿No crees?
-¿Cómo?
Alba se pone tensa.
Se humedece los labios con la lengua.
-Después de intentar volverla bulímica sólo para que no te quite al chico del que te has encaprichado. Podría conseguir si es lo suficientemente inteligente incluso que te echen del instituto.
-¿Qué quieres que haga? Si me has llamado y no lo has hecho ya, algo querrás que haga.
-Eres tú quien decide a quién hacer daño, curiosamente navegando por internet he encontrado el caso de una niña de cuarto de primaria que empujó a una compañera por las escaleras y la mató. ¿Te suena de algo?
-Dime qué quieres.
-Sentirte inferior hizo que ésa niña muriese. Ella sacaba mejores notas que tú, tus compañeros se reían de ti cuando suspendías. Destroza el coche de los padres de Omar, haz lo posible porque no arranque.
-No puedo hacer eso.
-¿Entonces has decidido hacerte daño a ti misma?
-No, no. ¿Para cuándo lo necesitas?

-Ésta noche. Está aparcado donde siempre. Sois vecinos, ¿no?- Ríe Marta.- Ah, no, que ésa también fue otra mentira que le dijiste a Judith para poder comerle el coco. Apunta la dirección. Es el coche rojo que siempre tienen enfrente de la puerta.

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