Capítulo veintidós:
-¿Dónde
quieres que vayamos? ¿Te apetece un kebab?- Le pregunta Juan cuando Violeta se
sube al coche.
-Me
apetece que el interrogatorio acabe cuanto antes.- Le responde ella.
Juan arranca.
Omar
llama a Judith.
Salta el
contestador.
Deja un
mensaje cuando lo indica la señal.
-Quería
pedirte disculpas, Judith. Me he portado bastante mal contigo hoy. Si escuchas
esto ésta noche, llámame, quiero verte.
Hugo ha
preparado una cena romántica para Eme y Cris, su hermana se lo ha pedido.
Ha
metido el pollo al horno, ha puesto las velas encima de la mesa, cuando Eme le
mande un mensaje, encenderá las velas, apagará las luces y se irá con su chico.
Estamos llegando.
Alba
llega al coche de los padres de Omar.
La calle
está solitaria.
Se saca
la piedra del bolsillo y la estrella con fuerza contra la luna delantera del
coche, que se rompe en mil trocitos de cristal. Pasa la mano y levanta el
seguro.
La
puerta del conductor ya está abierta.
Sabe lo
que tiene que hacer.
Lidia
toca al telefonillo.
Valentín
le abre.
Sube en
el ascensor, nerviosa.
-Aún
sigues estando serio.- Comenta Ainara, de camino a su casa.
Marcos
va acompañándola.
-Mónica
me llamó hoy después de comer. Está embarazada, y no sabe si de mí o de Nico.
Ainara
lo mira y asiente.
-¿Y qué
pasa si es tuyo?
-No lo
sé. Me dictan dos cosas distintas el corazón y la cabeza.
-¿Qué te
dice la cabeza?
Marcos
mira a Ainara.
-Que si
es mi hijo, debería de estar con Mónica. Perdonar sus cuernos, y que ella
perdone los míos.
Ainara
suspira.
-¿Y él
corazón?
Él la
empuja contra una pared, y la besa en los labios.
Es un
beso largo, pero como todo, tiene fin.
Mónica
cena con sus padres.
-Mamá,
papá, hay algo que quiero contaros. Estoy embarazada.
Su padre
se atraganta con la comida y su madre la mira decepcionada.
Apagan
las luces en la cafetería Vivaldi.
Aator
sale al escenario, se presenta, canta un par de temas conocidos de otros
cantantes.
El
camarero de antes le entrega un ramo de rosas a Maia, que ve el espectáculo
desde el sillón del escenario.
-La
siguiente canción que quiero cantar es una declaración de amor en toda regla.
El
pianista comienza la melodía que sigue la voz de Aator.
Él
pierde la mirada entre la gente,
Son
los mismos de cada mañana,
Ella
es una chica diferente,
Su nombre es Maia.
Quiero
decirle lo que siento
Quiero
susurrarle al oído
Quiero
que seas mía, niña
Para
toda la vida.
Maia
se acerca a él,
El
corazón de él va a estallar
Con
sus vertiginosas curvas,
Y
hablo de su sonrisa.
Quiero
decirle lo que siento
Quiero
susurrarle al oído
Que
me encantan los hoyuelos
Que
te salen cuando ríes
Quiero
que seas mía, niña
Para
toda la vida.
Escribo esto reina
Porque
conquistaste mi corazón
Con
tan sólo una sonrisa
En
aquella estación.
Y ésta noche quisiera pedirte
Que
cada mañana me despierten
Tus
besos, miss caricias,
Mis
gemidos, o tus risas.
Amarnos
hasta que duela,
Curarnos
con saliva,
Besarnos
y dormir,
Despertarnos
y saber
Que
el sueño empieza
Cada
mañana de tu mano.
Aator se
acerca directamente a Maia, con el micrófono en la mano.
-¿Quieres
salir conmigo?- Le pregunta, arrodillándose ante ella.
Ella
sonríe, asiente y lo besa.
El
público aplaude.
Eme y
Cris entran en la cocina, que está iluminada por la luz de las velas, y también
por la del horno.
-¿Y
esto?- Le pregunta Cris, sonriente.
-¿Qué
pasa, una no puede tener un detalle con su chica o qué?
Eme
sonríe y besa a Cris.
-El
pollo estará listo en veinte minutos. ¿Te apetece que nos duchemos mientras?
Porque ésta noche te quedas a dormir aquí, y no puedes decirme que no.
Cris
enarca una ceja.
-¿Cómo
que si me apetece que nos duchemos? ¿Pero las dos a la vez o cómo?
Eme le
sonríe y vuelve a besarla.
Y así
acaban.
La ropa
esparcida por el suelo de todo el apartamento, y ellas dos, comiéndose a besos
bajo la alcachofa de la ducha abierta.
-Me
alegra que hayas venido. Me temía que no aparecerías porque no estarías
interesada.- Le dice Valentín cuando Lidia entra en el piso.
Lidia lo
mira.
-¿Enserio
pensabas eso? Estoy realmente interesada en trabajar aquí.
-Me
alegra mucho escucharlo. Pasa a la habitación del fondo a la izquierda, Rocío
te explicará todo lo que quieras saber de éste sitio, además te dará tu ropa.
Lidia
hace lo que Valentín le pide.
Rocío,
una chica un par de años mayor que ella, vestida con un tanga negro y un
sujetador de encaje, la espera sentada en un sofá.
Cuando
la ve entrar, le sonríe y se levanta para darle dos besos.
-Vaya,
eres mucho más guapa de lo que imaginaba. El jefe suele tener buen ojo.
Siéntate.
Y las
dos se sientan en el sofá.
-Imagino
que el jefe te habrá informado de lo que harás aquí. Pasear ése cuerpazo de un
lado a otro, sirviendo copas y complaciendo los deseos de ésos ricachones.
Lidia
asiente.
-En cada
cuarto hay una caja de preservativos. Por cada hora que les des de placer, te
pagarán doscientos euros. Mas los sesenta que nos paga el jefe por cada noche.
La única norma aquí es no decir “no” a nada. Por muy descabellado que sea lo
que ésos cabrones quieran que hagas, se suelen portar muy bien y darte un plus.
¿Sabes llevar la bandeja?
Lidia
asiente, sonriente.
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