lunes, 6 de abril de 2015

Capítulo veintidós:

Capítulo veintidós:
            
-¿Dónde quieres que vayamos? ¿Te apetece un kebab?- Le pregunta Juan cuando Violeta se sube al coche.
-Me apetece que el interrogatorio acabe cuanto antes.- Le responde ella.
Juan arranca.

Omar llama a Judith.
Salta el contestador.
Deja un mensaje cuando lo indica la señal.
-Quería pedirte disculpas, Judith. Me he portado bastante mal contigo hoy. Si escuchas esto ésta noche, llámame, quiero verte.

Hugo ha preparado una cena romántica para Eme y Cris, su hermana se lo ha pedido.
Ha metido el pollo al horno, ha puesto las velas encima de la mesa, cuando Eme le mande un mensaje, encenderá las velas, apagará las luces y se irá con su chico.
Estamos llegando.

Alba llega al coche de los padres de Omar.
La calle está solitaria.
Se saca la piedra del bolsillo y la estrella con fuerza contra la luna delantera del coche, que se rompe en mil trocitos de cristal. Pasa la mano y levanta el seguro.
La puerta del conductor ya está abierta.
Sabe lo que tiene que hacer.

Lidia toca al telefonillo.
Valentín le abre.
Sube en el ascensor, nerviosa.

-Aún sigues estando serio.- Comenta Ainara, de camino a su casa.
Marcos va acompañándola.
-Mónica me llamó hoy después de comer. Está embarazada, y no sabe si de mí o de Nico.
Ainara lo mira y asiente.
-¿Y qué pasa si es tuyo?
-No lo sé. Me dictan dos cosas distintas el corazón y la cabeza.
-¿Qué te dice la cabeza?
Marcos mira a Ainara.
-Que si es mi hijo, debería de estar con Mónica. Perdonar sus cuernos, y que ella perdone los míos.
Ainara suspira.
-¿Y él corazón?
Él la empuja contra una pared, y la besa en los labios.
Es un beso largo, pero como todo, tiene fin.

Mónica cena con sus padres.
-Mamá, papá, hay algo que quiero contaros. Estoy embarazada.
Su padre se atraganta con la comida y su madre la mira decepcionada.

Apagan las luces en la cafetería Vivaldi.
Aator sale al escenario, se presenta, canta un par de temas conocidos de otros cantantes.
El camarero de antes le entrega un ramo de rosas a Maia, que ve el espectáculo desde el sillón del escenario.
-La siguiente canción que quiero cantar es una declaración de amor en toda regla.
El pianista comienza la melodía que sigue la voz de Aator.

                                   Él pierde la mirada entre la gente,
                                   Son los mismos de cada mañana,
                                   Ella es una chica diferente,
                                   Su nombre es Maia.

                                   Quiero decirle lo que siento
                                   Quiero susurrarle al oído
                                   Quiero que seas mía, niña
                                   Para toda la vida.

Maia se acerca a él,
                                   El corazón de él va a estallar
                                   Con sus vertiginosas curvas,
                                   Y hablo de su sonrisa.

                                   Quiero decirle lo que siento
                                   Quiero susurrarle al oído
                                   Que me encantan los hoyuelos
                                   Que te salen cuando ríes
                                   Quiero que seas mía, niña
                                   Para toda la vida.

                                   Escribo esto reina
                                   Porque conquistaste mi corazón
                                   Con tan sólo una sonrisa
                                   En aquella estación.
                                    Y ésta noche quisiera pedirte
                                   Que cada mañana me despierten
                                   Tus besos, miss caricias,
                                   Mis gemidos, o tus risas.

                                   Amarnos hasta que duela,
                                   Curarnos con saliva,
                                   Besarnos y dormir,
                                   Despertarnos y saber
                                   Que el sueño empieza
                                   Cada mañana de tu mano.

Aator se acerca directamente a Maia, con el micrófono en la mano.
-¿Quieres salir conmigo?- Le pregunta, arrodillándose ante ella.
Ella sonríe, asiente y lo besa.
El público aplaude.

Eme y Cris entran en la cocina, que está iluminada por la luz de las velas, y también por la del horno.
-¿Y esto?- Le pregunta Cris, sonriente.
-¿Qué pasa, una no puede tener un detalle con su chica o qué?
Eme sonríe y besa a Cris.
-El pollo estará listo en veinte minutos. ¿Te apetece que nos duchemos mientras? Porque ésta noche te quedas a dormir aquí, y no puedes decirme que no.
Cris enarca una ceja.
-¿Cómo que si me apetece que nos duchemos? ¿Pero las dos a la vez o cómo?
Eme le sonríe y vuelve a besarla.
Y así acaban.
La ropa esparcida por el suelo de todo el apartamento, y ellas dos, comiéndose a besos bajo la alcachofa de la ducha abierta.

-Me alegra que hayas venido. Me temía que no aparecerías porque no estarías interesada.- Le dice Valentín cuando Lidia entra en el piso.
Lidia lo mira.
-¿Enserio pensabas eso? Estoy realmente interesada en trabajar aquí.
-Me alegra mucho escucharlo. Pasa a la habitación del fondo a la izquierda, Rocío te explicará todo lo que quieras saber de éste sitio, además te dará tu ropa.
Lidia hace lo que Valentín le pide.
Rocío, una chica un par de años mayor que ella, vestida con un tanga negro y un sujetador de encaje, la espera sentada en un sofá.
Cuando la ve entrar, le sonríe y se levanta para darle dos besos.
-Vaya, eres mucho más guapa de lo que imaginaba. El jefe suele tener buen ojo. Siéntate.
Y las dos se sientan en el sofá.
-Imagino que el jefe te habrá informado de lo que harás aquí. Pasear ése cuerpazo de un lado a otro, sirviendo copas y complaciendo los deseos de ésos ricachones.
Lidia asiente.
-En cada cuarto hay una caja de preservativos. Por cada hora que les des de placer, te pagarán doscientos euros. Mas los sesenta que nos paga el jefe por cada noche. La única norma aquí es no decir “no” a nada. Por muy descabellado que sea lo que ésos cabrones quieran que hagas, se suelen portar muy bien y darte un plus. ¿Sabes llevar la bandeja?

Lidia asiente, sonriente.

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