miércoles, 8 de abril de 2015

Capítulo veintinueve:

Capítulo veintinueve:
                 
Ainara y Judith suben a la habitación de Omar.
Ya han desayunado.
Omar sigue en el mismo estado.
Abren la puerta, y Judith le presenta a Ainara a Margarita.
Las dos se sientan a su lado.
Margarita mira con interés a Ainara.
-Eres de País Vasco, ¿no?
Ainara le sonríe.
-Sí, mis padres decidieron de la noche a la mañana que nos viniésemos a vivir aquí.
Margarita asiente.
-La vida en Madrid es cara, comparada con la de allí, ¿verdad?
-Sí, se nota el cambio la verdad.
Benjamín entra de nuevo a la habitación.
Saluda a las chicas, coge unos informes de encima de la mesita, y se va.
-Es guapo, ¿eh?- Comenta Margarita cuando se va.
Judith asiente en silencio.
-Tiene unos ojos preciosos, además está cañón.- Ríe Ainara.
-Pues Marta de vuestra clase lo conoce.
-¿Quién es Marta?- Le pregunta Ainara.
-Una tía de clase. ¿La has avisado tú de lo de Omar, Marga?
Margarita niega con la cabeza.
-Al revés, a mí me ha dicho que la habías avisado tú.

Maia se despierta con la llamada por teléfono de Aator.
-¿Estás viva?- Le pregunta alegre al otro lado de la línea.
Maia bosteza y se despereza.
-Un poco muerta de sueño, pero sí.
-Venga, reina, te dejo descansar un poco más.
-No, no. Dime.
-Quería verte, y que diésemos una vuelta por ahí.
-Me visto ya. Te quiero aquí cuanto antes, que tengo ganas de verte, tesoro.
-Nos vimos hace unas horas, tonta.
-Ya, ¿y qué? Es sábado, quiero disfrutarlo contigo entero.

Dos calles más delante de la casa de Marcos, junto a la puerta de un local de comida japonesa, dos policías suben al coche a su padre, esposado.
En su casa, dos policías hablan con su madre.
Marcos se viste en su cuarto.
-¿Es la primera vez que ocurre algo así?- Le pregunta Tania, la agente que ha venido a la casa.
Los dos policías y su madre están en el salón.
La mujer está inquieta, nerviosa.
-No. Ha habido más agresiones.
-Les voy a pedir que me acompañen a comisaría. Necesito que presten declaración sobre lo ocurrido, los dos.
Marcos sale de la habitación vestido con chándal y sin camiseta.
Tania lo mira debajo de su flequillo recto y negro.
-Cariño, termina de vestirte. Tenemos que ir a comisaría.
Él entra de nuevo a su cuarto, y se pone la primera camiseta de manga corta que encuentra.
Sale escribiendo un mensaje en su móvil.

Te necesito. Van a detener a mi padre.

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