sábado, 18 de abril de 2015

Capítulo treinta y cinco:

Capítulo treinta y cinco:
                 
Ha pasado casi un año desde aquella última vez que alguien me vio sonreír. Sonreír como sólo sonríen dos enamorados, o quizás solo uno. Y a mí siempre se me dieron mal las matemáticas, nunca entendí la teoría inversa que explica cómo de una pareja, siempre hay uno que quiere más. O que quiere, así a secas. Y el amor, tan bonito como lo pintan, para mí supuso el gran desastre que aconteció cuando dejamos de amar, o de respetarnos más bien. Y el amor, tan maravilloso como cuentan que es, maravilloso el desastre que dejaste de mí.

Emily deja de leer con lágrimas en los ojos.
Fue la última caja que metió en su baúl de recuerdos.
La escribió hace unas semanas, y ni siquiera la recordaba.
El siguiente folio que despliega es una carta de Marta.

Querida Emily:
¿Qué decir que no te haya dicho ya? Para mí eres una de las personas más especiales que conozco. Te diría que eres como mi hermana, pero más que eso, Emily, eres mi vida. Y te juro que no puedo soportar ver cómo ese gilipollas te trata. ¿Tú lo viste anoche en la fiesta del cumple de Mónica? Hizo ver a todo el mundo que eras solo suya, y algún día alguien le va a dar su merecido. Se lo merece, y tú no te mereces que él te haga ver como un objeto a ojos de todos, como su pertenencia. Todos se estarán cachondeando de ti, todos jugarán contigo por su culpa. Todos te verán como un juguete, y tú no te mereces eso.

Emily pone más atención.
Ahora tiene una prueba de que Marta es Monicuernos; ésa era su letra hace un año.
Coge un rotulador y subraya la frase.
Marta es Monicuernos, esa es la relación que tiene Marcos en todo esto.
Marca el número de Marta.

-Lo siento, tengo que cogerlo.- Se disculpa él, levantándose del banco.
Marta asiente.
-Si es Maia no le cuentes que estoy aquí, por favor. Se enfadará mazo si se entera.
El chico enarca una ceja y responde.
Al instante, el móvil de Marta también comienza a sonar.
La chica se levanta del banco y se aleja para responder.
-¿Qué?
-Marta, necesito que me aclares algo. Dices que no eres Monicuernos, ¿pero te has dado cuenta de que tiene la misma letra que tú hace un año?
Marta calla al otro lado de la línea.
-Coincidencia, ¿no crees?
-No, la verdad es que no te creo.
-Está bien, Emily. Ve a reclamarles la verdad a tus padres postizos y deja de intentar cazar demonios, porque a veces, esos demonios que intentas cazar te pueden atacar, ¿lo sabes?
-Estás fatal de ahí arriba, ¿qué padres postizos?
-Martina te abandonó al nacer. Sí, a mí también me sorprendió. ¿Quieres la verdad? Sí, soy Monicuernos, ¿quieres saber también por qué Marcos también está metido en todo esto? Porque te trató fatal cuando estuvisteis juntos, y lo sabes. Sabes que se lo merece, igual que tú te merecías a alguien mejor. ¿Quieres toda la verdad? Porque su precio puede ser muy alto.
-Quiero saberlo todo.
-Está bien, Emily. Yo te quería.
Emily niega con la cabeza y corta la llamada.
Mikel camina nervioso de un lado a otro.
-Por suerte me han dejado llamarte. No puedes contarle nada de esto a mis padres.
-Que te den, Maia.
Mikel corta la llamada y mira a Marta con los ojos vidriosos.
-Me alegra saber que está bien.
-Es una irresponsable. Me ha contado que tiene novio, y que está en la UCI, y que ningún médico le quiere decir cómo está, tampoco la dejan pasar a verle. Quiere que les diga a sus padres que está en Mutriku conmigo, para que no se preocupen. Deberían de castigarla de por vida.
Marta asiente.
-Estoy de acuerdo contigo en que un castigo la haría escarmentar, y estás hablando con la experta en hacerlo. Sólo tienes que confiar en mí.
Él asiente.
-Maia se fue de viaje con su nuevo novio para no verte. Sabía que vendrías. Te tiene comiendo de su mano.
-¿Y tú cómo lo sabes?
-Mikel, no me hagas tantas preguntas y confía en mí, por favor. Lo sé porque soy su amiga, y las chicas entre nosotras nos contamos estas cosas. Yo sé dónde vive Maia. Vas a ir a su casa, y les vas a contar a sus padres donde está, y con quién.


Ella está acostada en su cama.
Intenta otra vez robarle la cuenta de Twitter desde su móvil.
Hoy ha descubierto un grupo que le gusta mucho, y de los que ya no se sabe nada; DEspisTaoS.
Hace un rato ha escuchado Estrella y ahora está con Mañana por la mañana.
Se cansa de intentarlo y busca información sobre cómo robar una cuenta.

Al rato Alexia entra en la habitación de Cris.
-¿Qué haces tú aquí?- Le pregunta, secándose las lágrimas.
-Estaba en el salón, has entrado y ni me has saludado.
-Estoy enfadada con mi madre.
-¿Puedo pasar y me cuentas?
Cris se sienta en la cama.
-Claro, cierra la puerta.
Alexia hace lo que le pide, se descalza y se sienta frente a ella.
-Perdona si se huele a pies. He andado mucho para venir hasta aquí.
Cris suelta una carcajada.
-Idiota, me haces reír.
Alexia también se ríe.
-Cuéntame, anda.
Coge el cojín y le da con él.
Cris la mira.
-¿Sabes? Ya no tiene importancia.
-¿Quieres salir a tomar un helado?
Cris niega con la cabeza.
-Mi madre no me deja salir por miedo a que vea a Eme.
-Tu madre me adora. Seguro que conmigo si te deja.

Judith sale del hospital sin ningún problema.
Camina deprisa por la calle y se pierde entre la gente.
En la siguiente esquina, se choca con Lucas.
Judith le pide disculpas y sigue su camino.
-¿La tía esta es enfermera?- Le pregunta extrañado Lucas a Hugo.
-¿Quién es?
-Una chica que me pidió fuego el otro día.
-Ya, ya.
Hugo no le cree.
-No me jodas que también te vas a poner celoso de ella.
-Pues sí te jodo, Lucas, que desde que vas de una acera a otra uno no se aclara.
-Enserio, Hugo, tío.
Hugo resopla.
-Es la verdad, aclárate y así no me pierdo. O hazme un croquis.
-¿Sabes qué, Hugo? Vete a la mierda.

Escucha el ruido del candado y el tintineo de unas llaves.
Su móvil se quedó sin batería hace rato, y ella lloró hasta quedarse dormida, perdiendo la noción del tiempo.
Gael entra él solo a la habitación.
Los demás, si es que están, estarán en silencio en otra habitación.
Y Lidia quiere pensar que están.
Cierra la puerta tras él.
Va armado con un palo de hierro.
No la deja ni levantarse, la golpea directamente en la cara con él.
-¿Tenías el móvil?- Le pregunta, la golpea de nuevo, y se lo quita.
A Lidia le sangra la cara.
Lo mira con odio, directamente a los ojos.
-¿Qué mierda quieres de mí?- Le grita, y él sale de nuevo, cerrando el candado.

-Te dije que conmigo te dejaría.- Sonríe Alexia, saliendo del portón detrás de Cris.
-Está bien, tenías razón. Aunque Eme también parecía que le caía bien y mira.
-Ya, no pienses en ella. Ahora estás conmigo, a punto de zamparte un delicioso helado de chocolate.
Cris se ríe.
-Soy alérgica a la lactosa.
Alexia suelta una carcajada.
Las dos chicas se miran y lentamente se cogen de la mano.

Mónica silba dos veces desde la acera y una cabeza se asoma por la ventana.
-Hola, ¿está Lidia?
-Llama a la policía.- Le pide en voz baja.
-¿Qué?- Mónica enarca una ceja.
-Que les llames. Está armado, y tiene a Lidia encerrada. Tampoco nos deja salir a nosotros.
La chica cierra la ventana y Mónica camina hacia Ainara, que la estaba esperando en la esquina de enfrente.
-¿Qué te ha dicho?
-Quiere que llame a la policía. Se le ha ido la pinza al hermano de Lidia.
En ese momento, Gael abre la ventana y apunta directamente a las chicas con la pistola.
-Rafa, baja a por las chicas. Tenemos visita.

Jorge detiene el coche justo delante de Judith.
-¿Te subes?
Judith se detiene de golpe y lo mira, asintiendo con la cabeza.
Ella se sube al coche de su profesor, que acelera y los pierde por la ciudad.

-Mi opinión es que no deberíais de ser tan duros con ella. No es tan raro que una chica de su edad se quede embarazada, y es su decisión abortar o no.
Sonia mira con desprecio a Martina.
-Entonces has venido aquí a opinar sobre cómo educo a mi hija.
-Sólo intento ayudar a Sofía.
Sonia se pone nerviosa.
-Estamos hablando de mi hija Mónica, no de Sofía.
-No lo entiendes.
-¿El qué no entiendo? Vienes a mi casa y pretendes decirme cómo educarla, ni que fuera tu hija.
Martina niega con la cabeza.
-Sobre eso precisamente quería hablarte; yo soy la madre biológica de Mónica… O Sofía, como yo la llamé.
Sonia traga saliva.

-Vete de mi casa. Y que Mónica no se entere de esto, o tendrás problemas.

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