sábado, 4 de abril de 2015

Capítulo cuatro:

Capítulo cuatro:
         
Mónica acaba de llegar a su casa. Lo primero que hace es encerrarse en su cuarto, sus padres están trabajando.
No ha dejado de darle vueltas en toda la mañana a su embarazo.
Está embarazada. De un chico que no es su novio.
Quizás debería de hablarlo con alguien. ¿Pero con cuál de los dos? ¿Lo correcto es que aborte directamente?
-Estúpido, no crezcas.- Murmura y se da un puñetazo en la barriga.
Se queja por el dolor.
Entonces, se sienta en su cama, rompiendo a llorar desconsoladamente.

-¿Qué tal el primer día?- Le pregunta la madre de Judith en cuanto la oye cerrar la puerta desde la cocina.
-Ha estado bien. He hecho una amiga.- Judith abre la puerta de la cocina, su madre está sirviendo la comida en dos platos.
-¿Alguna chica nueva?
-Sí, una de la otra clase. Se llama Alba, ésta tarde he quedado con ella.
-Vale, cariño, pero ya sabes, los deberes lo primero.

Hace rato que Alba llegó a su casa. Se prepara una ensalada. Su madre está durmiendo la siesta antes de volver al trabajo. Ésa tarde tendrá la casa sola para ella y Judith.
Coge un pepino, lo lava en el fregadero, lo seca, lo pela y lo parte.
Hace lo mismo con un tomate y un par de lechugas.
Enseguida repara en que apenas tiene hambre.
Se saca el móvil del bolsillo de su pantalón vaquero y marca el número de Judith. Menos mal que se lo ha dado, porque si no, no podrían contactar para quedar.
Al tercer timbre, Judith contesta al otro lado del teléfono:
-¿Sí?
-Judith, soy Alba.
-Sí, sí, dime.
-¿Te apetece si quedamos a eso de las cuatro y nos ponemos manos a la obra?
-Por mí genial. Mientras no tenga que renovar mi vestuario, porque no tengo ni un duro.
-No, por el vestuario no te preocupes. Ni por el dinero. ¿A las cuatro en la estación de metro de Sol?
-Sí, guay. Hasta luego.
-Chao.

Cris y Eme caminan juntas por Madrid. Eme carga con la pizza en la caja. Cris va a su lado. Desde que se han dado el primer beso en el baño de la pizzería, se han dado mil más, pero ni uno a plena luz del día, ni uno donde alguien pueda verlas.
Cris va callada. Eme tararea feliz una canción.
-¿Dónde vamos?
-¿Te apetece al Retiro? Comemos, pillamos el metro y nos vamos a mi casa.
Cris asiente.
Eme la mira y la besa, tímidamente, durante unos segundos.
Cuando se separan, siguen caminando.
Dos chicas que han pasado por su lado se les han quedado mirando.
-Qué palo no poder besarte siempre que quiera porque nos miran raro.- Se queja Cris, cortada.
-Nos tendremos que acostumbrar, a fin de cuentas estamos juntas, ¿no?
Cris niega con la cabeza.
-No, Eme. Yo aún estoy con Fran.
-¿Y a qué estás esperando para romper con él?
Cris suelta un bufido.
-A tenerlo un poco claro. No puedo salir del armario de golpe.
-Entonces estás conmigo y con Fran.
Cris asiente.
-Pues no me parece bien.- Se queja Eme.
-Eme, llegaste anoche a mi vida, hoy nos hemos besado por primera vez. Las cosas están yendo muy rápido, no me pidas más por favor.
Los acordes de una guitarra acústica vuelan por la estación de metro.
La voz de un chico que canta, acompañado por la guitarra de su amigo llegan hasta los oídos de Maia, quien busca en el bolsillo pequeño de su mochila alguna moneda con la que premiar la buena voz del chico. Sabe que la canción no es suya, la reconoce. Temblando, de Antonio Orozco.
El chico es bastante guapo. Un poco mayor que Maia, tendrá dieciocho o diecinueve años.
Maia ha encontrado una moneda de cincuenta céntimos, la pesca de su bolsillo y se acerca entre la gente para echársela al chico en el gorro que tiene en el suelo.
El chico de la guitarra la mira al tiempo que termina de tocar. El que canta la mira y le sonríe.
-¿Te ha gustado?- Le pregunta cuando deja de cantar.
Ella deja caer la moneda dentro del sombrero.
-No ha estado nada mal. Tienes buena voz, y los cantantes nos animáis un poco el viaje a todos los que tenemos que movernos en metro.
El chico hace el gesto de quitarse el sombrero, pero no lo lleva.
Tiene el pelo muy rizado, y castaño oscuro. Los rizos le caen a ambos lados de la cara, y desaparecen detrás de las orejas y a la altura de la nuca.
-No me considero cantante. Ojalá y fuese yo también uno de los grandes.
Maia sonríe.
-¿Y para ti quiénes son los grandes?
-Melendi, Antonio Orozco, Dani Martín… Ellos son cantantes, viven gracias a sus voces. Yo vivo gracias a la caridad de ésta gente, y también a mi trabajo de camarero. Voy a salir un rato a la puerta, ¿te apetece un cigarrillo?
-La verdad es que debería de esperar en la puerta a mi hermana, además al metro aún le falta un rato para llegar. Sí, ¿por qué no?

Ella sonríe.
Se están besando.
Lo veía venir. Lo veía venir desde que empezaron a hablar sentados en ése banco, por eso tenía el móvil preparado, para fotografiarlos cuando pasase.
Click.
No ha saltado el flash.
Otra foto más.
Y otra más.
En la última Marcos aparece rozando la mejilla de Ainara con una mano, es un beso dulce. Parecen una pareja de enamorados.
Ella se coloca bien las gafas de sol. Está irreconocible. Lleva la cara tapada por las gafas y por el pañuelo del cuello. Lleva el pelo recogido en una trenza debajo de su gorro negro de lana.
Click. Otra foto.
La pareja está tan concentrada en el beso que no se enteran.
Una última foto y se va, pero tiene que acercarse más, que se vea claro que Marcos está besando a la nueva.
Que destruya a Mónica.
Que la destruya, por hija de puta.
Ella sonríe con el pensamiento.
Da unos pasos hacia ellos, que se comen a besos.
Se detiene a unos metros del banco.
Click.

-¿Cómo te llamas?- Le pregunta Maia, una vez en la puerta del metro.
El chico le tiende un cigarrillo, y ella lo acepta y se lo enciende.
-Aator, ¿y tú?
Maia sonríe.
-¿Qué nombre es ése?
-La gente de la estación me conoce por ése nombre. Me llamo Aarón, sin embargo me habría gustado llamarme Aitor, así que soy Aator.
Ella suelta una carcajada, le parece muy gracioso.
-Me gusta más Aarón, es bonito.
-No me has dicho tu nombre. Déjame que lo adivine.
Maia enarca una ceja.
-¿Natacha?
Maia niega con la cabeza.
-¿Tengo cara de llamarme Natacha?
Ainara se acerca a Maia.
-Vamos ya.
-No, me has hecho esperarte, así que ahora espérame tú que estoy fumando.
Aator suelta una carcajada.
-Tengo la impresión de que veo doble.- Comenta.
Ainara lo mira.
-¿Nunca has visto dos gemelas?
-No dos tan bonitas.

El teléfono de Mónica suena, avisándola de que una nueva cuenta la ha seguido.
@Monicuernos.
 Le llama la atención la foto del icono. El chico que aparece se parece a Marcos.
Entra en el perfil.
La cuenta sólo ha publicado un tweet.
Aquí podemos ver perfectamente a Marcos poniéndole los cuernos a su chica.                 
Y la foto.
Mónica abre los ojos de par en par.
La cuenta le ha mandado un mensaje directo.
Cornuda.
Mónica también le responde:
¿Quién eres?
Al cabo de unos segundos, llega la respuesta.
¿Cuánto tiempo más vais a seguir poniéndoos los cuernos Marcos y tú?
Mónica suelta un bufido.
Quien sea que esté al otro lado de la pantalla, sabe lo de la fiesta.

-Está bien, te he mentido.- Suelta Eme de pronto, tras tragarse otro bocado de su porción de pizza.
Cris enarca una ceja.
Eme sigue hablando.
-No tengo piscina climatizada.
Cris le da un codazo a Eme.
-Imbécil, me habías asustado.
-No, no es eso, Cris. Todo lo que te conté anoche sobre mí era verdad. Pero hay una parte que no te he contado hasta ahora. No tengo padres, vivo con mi hermano.
-Pero anoche me hablaste de tu madre, ¿no?
-Sí, lo hice. Pero mi madre murió, y mi padre se fue de casa hace un año. No vivo en un chalet con piscina, vivo en un apartamento con mi hermano Hugo.
-¿Qué más da que no tengas piscina?
Eme sonríe.
-Que tendremos que hacer otros planes. Vayamos a mi apartamento, tengo buenas pelis.
Cris mira a Eme. Le apetece besarla, le apetece cogerla de la mano. Por un segundo echa de menos su tacto. Alarga el brazo y coloca su mano justo encima de la de ella.
-La verdad es que esto no puede seguir así. Voy a dejar a Fran.
A Eme se le ilumina la mirada, los ojos le brillan. Mira a Cris emocionada.
-A Fran, y también a ti, Eme.
Ésa frase quiebra a Eme.
-¿Qué?
Cris guarda silencio unos segundos.
-Que esto no puede seguir así… Cada vez que te miro, siento que me gustas más y más. Y no puedo, Eme, de verdad.
-¿Es porque soy una chica?
Cris tiene los ojos rojos.
Mira a Eme.
-Claro, ¿por qué si no? Mis padres no aceptarían algo así.
-¿Y qué más da lo que piensen ellos, si eres lo que eres?
-¿Y qué soy?- Cris se levanta del banco.
Eme también se levanta.
-Bisexual.
Cris niega con la cabeza. Dos lágrimas resbalan por su rostro y caen directamente a la arena.
-No vuelvas a decirlo.
Eme da un paso hacia Cris.
-Bisexual, ¿qué hay de malo?
Cris da un empujón a Eme.
-No vuelvas a decirlo.- Y se va.
Eme se queda paralizada, y también empieza a llorar mientras ve a Cris alejarse del parque. Ésa chica le gusta demasiado. Y no pueden estar juntas por la estupidez de que son dos chicas.
Cris se gira para comprobar que Eme no la sigue y cruza sin mirar.
Se escucha el frenazo.
-¡CRIS!- Grita Eme, asustada.
Cris le pide disculpas al conductor con un gesto, llorando y echa a correr.

-¿Tenemos que comernos todo esto?- Pregunta Judith, asombrada.
Alba asiente.
Ha preparado una pizza y ha comprado un paquete de napolitanas y otro de magdalenas. Ha servido un vaso de leche para cada una.
-¿No nos hará daño mezclar dulce y salado?- Pregunta.
Alba niega con la cabeza.
-No, tranquila.
-Pero va a ser imposible comernos todo esto.
-Que no, lo he hecho otras veces. Y tú quieres gustarle a Omar, ¿no?
Judith asiente.
-No es tan grande el esfuerzo. Tienes que pensar que ésta noche no cenarás, el resto entrará solo.
Judith enarca una ceja.
-¿Por qué no cenaré ésta noche?
-Ninguna de las dos cenaremos. Yo no lo necesito tanto como tú, lo hago porque soy tu amiga.
Judith coge uno de los trozos de pizza y le da un bocado.
-No quiero cambiar por un chico.
Alba la mira, frunciendo el ceño.
-Entonces te rindes. Sabes que con ése cuerpo no le vas a gustar y simplemente te rindes.
-¿Qué tiene mi cuerpo de malo?
-Tú misma me lo dijiste, sabes que no le vas a gustar. Yo tengo el secreto para que le gustes, y como una buena amiga, te lo ofrezco. ¡Te ofrezco el secreto que mueve el mundo y no eres capaz de hacerlo!
-¿Enserio crees que el comer todo esto me va a hacer más guapa?
Alba resopla.
-Tú no lo entiendes. Te verás delgada, guapa, irresistible. Vamos, dale otro bocado a ésa pizza.
Judith hace lo que Alba le pide.
-Otro. Hasta que te la acabes.
Alba coge su porción y le da el primer bocado. Y luego otro, y otro más. Y otro, y así hasta que las dos se acaban toda la pizza.

-Ahora ven conmigo.- Le pide Alba, y las dos se van al baño.

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