Capítulo cuatro:
Mónica
acaba de llegar a su casa. Lo primero que hace es encerrarse en su cuarto, sus
padres están trabajando.
No ha
dejado de darle vueltas en toda la mañana a su embarazo.
Está
embarazada. De un chico que no es su novio.
Quizás
debería de hablarlo con alguien. ¿Pero con cuál de los dos? ¿Lo correcto es que
aborte directamente?
-Estúpido,
no crezcas.- Murmura y se da un puñetazo en la barriga.
Se queja
por el dolor.
Entonces,
se sienta en su cama, rompiendo a llorar desconsoladamente.
-¿Qué
tal el primer día?- Le pregunta la madre de Judith en cuanto la oye cerrar la
puerta desde la cocina.
-Ha
estado bien. He hecho una amiga.- Judith abre la puerta de la cocina, su madre
está sirviendo la comida en dos platos.
-¿Alguna
chica nueva?
-Sí, una
de la otra clase. Se llama Alba, ésta tarde he quedado con ella.
-Vale,
cariño, pero ya sabes, los deberes lo primero.
Hace
rato que Alba llegó a su casa. Se prepara una ensalada. Su madre está durmiendo
la siesta antes de volver al trabajo. Ésa tarde tendrá la casa sola para ella y
Judith.
Coge un
pepino, lo lava en el fregadero, lo seca, lo pela y lo parte.
Hace lo
mismo con un tomate y un par de lechugas.
Enseguida
repara en que apenas tiene hambre.
Se saca
el móvil del bolsillo de su pantalón vaquero y marca el número de Judith. Menos
mal que se lo ha dado, porque si no, no podrían contactar para quedar.
Al
tercer timbre, Judith contesta al otro lado del teléfono:
-¿Sí?
-Judith,
soy Alba.
-Sí, sí,
dime.
-¿Te
apetece si quedamos a eso de las cuatro y nos ponemos manos a la obra?
-Por mí
genial. Mientras no tenga que renovar mi vestuario, porque no tengo ni un duro.
-No, por
el vestuario no te preocupes. Ni por el dinero. ¿A las cuatro en la estación de
metro de Sol?
-Sí,
guay. Hasta luego.
-Chao.
Cris y
Eme caminan juntas por Madrid. Eme carga con la pizza en la caja. Cris va a su
lado. Desde que se han dado el primer beso en el baño de la pizzería, se han
dado mil más, pero ni uno a plena luz del día, ni uno donde alguien pueda
verlas.
Cris va
callada. Eme tararea feliz una canción.
-¿Dónde
vamos?
-¿Te
apetece al Retiro? Comemos, pillamos el metro y nos vamos a mi casa.
Cris
asiente.
Eme la
mira y la besa, tímidamente, durante unos segundos.
Cuando
se separan, siguen caminando.
Dos
chicas que han pasado por su lado se les han quedado mirando.
-Qué
palo no poder besarte siempre que quiera porque nos miran raro.- Se queja Cris,
cortada.
-Nos
tendremos que acostumbrar, a fin de cuentas estamos juntas, ¿no?
Cris
niega con la cabeza.
-No,
Eme. Yo aún estoy con Fran.
-¿Y a
qué estás esperando para romper con él?
Cris
suelta un bufido.
-A
tenerlo un poco claro. No puedo salir del armario de golpe.
-Entonces
estás conmigo y con Fran.
Cris
asiente.
-Pues no
me parece bien.- Se queja Eme.
-Eme,
llegaste anoche a mi vida, hoy nos hemos besado por primera vez. Las cosas
están yendo muy rápido, no me pidas más por favor.
Los
acordes de una guitarra acústica vuelan por la estación de metro.
La voz
de un chico que canta, acompañado por la guitarra de su amigo llegan hasta los
oídos de Maia, quien busca en el bolsillo pequeño de su mochila alguna moneda
con la que premiar la buena voz del chico. Sabe que la canción no es suya, la
reconoce. Temblando, de Antonio
Orozco.
El chico
es bastante guapo. Un poco mayor que Maia, tendrá dieciocho o diecinueve años.
Maia ha
encontrado una moneda de cincuenta céntimos, la pesca de su bolsillo y se
acerca entre la gente para echársela al chico en el gorro que tiene en el
suelo.
El chico
de la guitarra la mira al tiempo que termina de tocar. El que canta la mira y
le sonríe.
-¿Te ha
gustado?- Le pregunta cuando deja de cantar.
Ella
deja caer la moneda dentro del sombrero.
-No ha
estado nada mal. Tienes buena voz, y los cantantes nos animáis un poco el viaje
a todos los que tenemos que movernos en metro.
El chico
hace el gesto de quitarse el sombrero, pero no lo lleva.
Tiene el
pelo muy rizado, y castaño oscuro. Los rizos le caen a ambos lados de la cara,
y desaparecen detrás de las orejas y a la altura de la nuca.
-No me
considero cantante. Ojalá y fuese yo también uno de los grandes.
Maia
sonríe.
-¿Y para
ti quiénes son los grandes?
-Melendi,
Antonio Orozco, Dani Martín… Ellos son cantantes, viven gracias a sus voces. Yo
vivo gracias a la caridad de ésta gente, y también a mi trabajo de camarero.
Voy a salir un rato a la puerta, ¿te apetece un cigarrillo?
-La
verdad es que debería de esperar en la puerta a mi hermana, además al metro aún
le falta un rato para llegar. Sí, ¿por qué no?
Ella
sonríe.
Se están
besando.
Lo veía
venir. Lo veía venir desde que empezaron a hablar sentados en ése banco, por
eso tenía el móvil preparado, para fotografiarlos cuando pasase.
Click.
No ha
saltado el flash.
Otra
foto más.
Y otra
más.
En la
última Marcos aparece rozando la mejilla de Ainara con una mano, es un beso
dulce. Parecen una pareja de enamorados.
Ella se
coloca bien las gafas de sol. Está irreconocible. Lleva la cara tapada por las
gafas y por el pañuelo del cuello. Lleva el pelo recogido en una trenza debajo
de su gorro negro de lana.
Click.
Otra foto.
La
pareja está tan concentrada en el beso que no se enteran.
Una
última foto y se va, pero tiene que acercarse más, que se vea claro que Marcos
está besando a la nueva.
Que
destruya a Mónica.
Que la
destruya, por hija de puta.
Ella
sonríe con el pensamiento.
Da unos
pasos hacia ellos, que se comen a besos.
Se
detiene a unos metros del banco.
Click.
-¿Cómo
te llamas?- Le pregunta Maia, una vez en la puerta del metro.
El chico
le tiende un cigarrillo, y ella lo acepta y se lo enciende.
-Aator,
¿y tú?
Maia
sonríe.
-¿Qué
nombre es ése?
-La
gente de la estación me conoce por ése nombre. Me llamo Aarón, sin embargo me
habría gustado llamarme Aitor, así que soy Aator.
Ella
suelta una carcajada, le parece muy gracioso.
-Me
gusta más Aarón, es bonito.
-No me
has dicho tu nombre. Déjame que lo adivine.
Maia
enarca una ceja.
-¿Natacha?
Maia
niega con la cabeza.
-¿Tengo
cara de llamarme Natacha?
Ainara
se acerca a Maia.
-Vamos
ya.
-No, me
has hecho esperarte, así que ahora espérame tú que estoy fumando.
Aator
suelta una carcajada.
-Tengo
la impresión de que veo doble.- Comenta.
Ainara
lo mira.
-¿Nunca
has visto dos gemelas?
-No dos
tan bonitas.
El
teléfono de Mónica suena, avisándola de que una nueva cuenta la ha seguido.
@Monicuernos.
Le llama la atención la foto del icono. El
chico que aparece se parece a Marcos.
Entra en
el perfil.
La
cuenta sólo ha publicado un tweet.
Aquí podemos ver perfectamente a
Marcos poniéndole los cuernos a su chica.
Y la
foto.
Mónica
abre los ojos de par en par.
La
cuenta le ha mandado un mensaje directo.
Cornuda.
Mónica
también le responde:
¿Quién eres?
Al cabo
de unos segundos, llega la respuesta.
¿Cuánto tiempo más vais a seguir
poniéndoos los cuernos Marcos y tú?
Mónica
suelta un bufido.
Quien
sea que esté al otro lado de la pantalla, sabe lo de la fiesta.
-Está
bien, te he mentido.- Suelta Eme de pronto, tras tragarse otro bocado de su
porción de pizza.
Cris
enarca una ceja.
Eme
sigue hablando.
-No
tengo piscina climatizada.
Cris le
da un codazo a Eme.
-Imbécil,
me habías asustado.
-No, no
es eso, Cris. Todo lo que te conté anoche sobre mí era verdad. Pero hay una
parte que no te he contado hasta ahora. No tengo padres, vivo con mi hermano.
-Pero
anoche me hablaste de tu madre, ¿no?
-Sí, lo
hice. Pero mi madre murió, y mi padre se fue de casa hace un año. No vivo en un
chalet con piscina, vivo en un apartamento con mi hermano Hugo.
-¿Qué
más da que no tengas piscina?
Eme
sonríe.
-Que
tendremos que hacer otros planes. Vayamos a mi apartamento, tengo buenas pelis.
Cris
mira a Eme. Le apetece besarla, le apetece cogerla de la mano. Por un segundo echa
de menos su tacto. Alarga el brazo y coloca su mano justo encima de la de ella.
-La
verdad es que esto no puede seguir así. Voy a dejar a Fran.
A Eme se
le ilumina la mirada, los ojos le brillan. Mira a Cris emocionada.
-A Fran,
y también a ti, Eme.
Ésa
frase quiebra a Eme.
-¿Qué?
Cris
guarda silencio unos segundos.
-Que
esto no puede seguir así… Cada vez que te miro, siento que me gustas más y más.
Y no puedo, Eme, de verdad.
-¿Es
porque soy una chica?
Cris
tiene los ojos rojos.
Mira a
Eme.
-Claro,
¿por qué si no? Mis padres no aceptarían algo así.
-¿Y qué
más da lo que piensen ellos, si eres lo que eres?
-¿Y qué
soy?- Cris se levanta del banco.
Eme
también se levanta.
-Bisexual.
Cris
niega con la cabeza. Dos lágrimas resbalan por su rostro y caen directamente a
la arena.
-No
vuelvas a decirlo.
Eme da
un paso hacia Cris.
-Bisexual,
¿qué hay de malo?
Cris da
un empujón a Eme.
-No
vuelvas a decirlo.- Y se va.
Eme se
queda paralizada, y también empieza a llorar mientras ve a Cris alejarse del
parque. Ésa chica le gusta demasiado. Y no pueden estar juntas por la estupidez
de que son dos chicas.
Cris se
gira para comprobar que Eme no la sigue y cruza sin mirar.
Se
escucha el frenazo.
-¡CRIS!-
Grita Eme, asustada.
Cris le
pide disculpas al conductor con un gesto, llorando y echa a correr.
-¿Tenemos
que comernos todo esto?- Pregunta Judith, asombrada.
Alba
asiente.
Ha
preparado una pizza y ha comprado un paquete de napolitanas y otro de
magdalenas. Ha servido un vaso de leche para cada una.
-¿No nos
hará daño mezclar dulce y salado?- Pregunta.
Alba
niega con la cabeza.
-No,
tranquila.
-Pero va
a ser imposible comernos todo esto.
-Que no,
lo he hecho otras veces. Y tú quieres gustarle a Omar, ¿no?
Judith
asiente.
-No es
tan grande el esfuerzo. Tienes que pensar que ésta noche no cenarás, el resto
entrará solo.
Judith
enarca una ceja.
-¿Por
qué no cenaré ésta noche?
-Ninguna
de las dos cenaremos. Yo no lo necesito tanto como tú, lo hago porque soy tu
amiga.
Judith
coge uno de los trozos de pizza y le da un bocado.
-No
quiero cambiar por un chico.
Alba la
mira, frunciendo el ceño.
-Entonces
te rindes. Sabes que con ése cuerpo no le vas a gustar y simplemente te rindes.
-¿Qué
tiene mi cuerpo de malo?
-Tú
misma me lo dijiste, sabes que no le vas a gustar. Yo tengo el secreto para que
le gustes, y como una buena amiga, te lo ofrezco. ¡Te ofrezco el secreto que
mueve el mundo y no eres capaz de hacerlo!
-¿Enserio
crees que el comer todo esto me va a hacer más guapa?
Alba
resopla.
-Tú no
lo entiendes. Te verás delgada, guapa, irresistible. Vamos, dale otro bocado a
ésa pizza.
Judith
hace lo que Alba le pide.
-Otro.
Hasta que te la acabes.
Alba
coge su porción y le da el primer bocado. Y luego otro, y otro más. Y otro, y
así hasta que las dos se acaban toda la pizza.
-Ahora
ven conmigo.- Le pide Alba, y las dos se van al baño.
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