lunes, 6 de abril de 2015

Capítulo siete:

Capítulo siete:
            
-Eme.- Susurra Cris desde la puerta de su casa.
No hay respuesta.
-Eme, vamos.- Repite Cris.
Nada.
-Eme.
La luz de la escalera se enciende.
Alguien está subiendo.
El ascensor se abre, y aparece Eme.
-Eh, aquí estoy. He bajado a la hamburguesería de abajo a cenar. Te he traído esto.
Eme le muestra la rosa que traía escondida en el interior de la chaqueta y se la tiende.
Cris enrojece.
-No hay ninguna floristería cerca.
-Ya. Digas lo que digas, sea cual sea la respuesta, no podía pedirte salir sin regalarte una rosa.
-Quiero hacerte una pregunta. Pasa, y no hagas ruido.
Eme asiente.
-Ten. Ahora tienes que taparte los ojos.- Susurra Cris, en el pasillo. Le tiende a Cris una bufanda roja.
Eme la atrapa en el aire triunfante y la examina.
-¿Es tuya? No te imagino llevando bufanda.
Cris le pide con un gesto que guarde silencio.
Eme asiente y se coloca la bufanda en los ojos.
Cris guía a Eme por la oscuridad, tirando de ella.
La sienta en la cama, y ella se pone en su escritorio a acabar de prepararlo todo.
Cuando pasa un rato le pide que abra la boca, que va a darle algo de comer, y que tiene que adivinar qué es.
Eme obedece.
El sabor de la fresa con nata seguido del de un beso es uno de los mejores que hay en el mundo.
Eme traga y sonríe.
-Sigues debiéndome una respuesta.
Cris le da otro beso a Eme.
-Yo la verdad es que no sé cómo lo has hecho, pero estoy acojonada.
Eme muerde otra fresa que Cris le da.
-Sí, Eme, estoy acojonada. Ha pasado sólo un día y ya siento que…
Te quiero. Se queda en el aire, porque Cris vuelve a besar a Eme.
-… Y me da miedo, ¿sabes? Me da miedo porque no sé hasta dónde puedo llegar a sentir contigo.
-En el amor no hay límites, ángel.
-Ése es el problema. Algo sin límites con alguien como tú…
-Míralo de ésa forma; si me respondes que sí, seremos tú y yo contra el mundo, no habrá límites.
Cris se separa de Eme.
-Puedes quitarte la bufanda.
Eme se desenvuelve la bufanda.
Por fin ve.
Y lo que ve la hace sonreír como nada.
Cris está enfrente de ella, mostrándole un folio con una palabra escrita.
Sí.
-¿Y Fran?- Pregunta Eme.
-Fran es agua pasada. Ahora estoy contigo.
Eme se levanta y besa a Cris.
-¿Y la pregunta que querías hacerme tú?- Pregunta, cuando se separan.
-Olvídalo.



Querido diario:
            Quizás lo justo habría sido preguntárselo. Pero no me he atrevido. De todas formas, cómo iba a hacerlo. Ésta noche Eme ha estado más feliz que nunca. Nos hemos comido a besos. Nada más allá de la ropa, por supuesto. Siento que estoy empezando a quererla. Aún no he hablado de esto con Fran. Hoy ha estado más distante que nunca conmigo. Él sí conoce mi secreto, y le agradezco que no me tenga lástima por ello. A fin de cuentas, nada está confirmado aún. Y no quiero preocupar a Eme.

Cris deja de escribir con los ojos vidriosos.
Mira a Eme.
Está durmiendo plácidamente.
-¿Si el lunes me confirman que tengo cáncer, me abandonarás, Eme?
Eme abre un ojo.
Mira a Cris.
-Creía que estabas dormida.
-Lo intentaba. Te he escuchado.
Cris se seca una lágrima con el dorso de la mano.
Eme sonríe.
-Te lo he dicho, Cris; seremos tú y yo contra el mundo. Ven aquí.
Cris se tumba en la cama al lado de Eme.
-No tengas miedo. Estoy aquí, princesa, y no pienso abandonarte nunca.
Eme abraza a Cris y la besa en la frente.









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