Capítulo siete:
-Eme.-
Susurra Cris desde la puerta de su casa.
No hay
respuesta.
-Eme,
vamos.- Repite Cris.
Nada.
-Eme.
La luz
de la escalera se enciende.
Alguien
está subiendo.
El
ascensor se abre, y aparece Eme.
-Eh,
aquí estoy. He bajado a la hamburguesería de abajo a cenar. Te he traído esto.
Eme le
muestra la rosa que traía escondida en el interior de la chaqueta y se la
tiende.
Cris
enrojece.
-No hay
ninguna floristería cerca.
-Ya.
Digas lo que digas, sea cual sea la respuesta, no podía pedirte salir sin
regalarte una rosa.
-Quiero
hacerte una pregunta. Pasa, y no hagas ruido.
Eme
asiente.
-Ten.
Ahora tienes que taparte los ojos.- Susurra Cris, en el pasillo. Le tiende a
Cris una bufanda roja.
Eme la
atrapa en el aire triunfante y la examina.
-¿Es
tuya? No te imagino llevando bufanda.
Cris le
pide con un gesto que guarde silencio.
Eme
asiente y se coloca la bufanda en los ojos.
Cris
guía a Eme por la oscuridad, tirando de ella.
La
sienta en la cama, y ella se pone en su escritorio a acabar de prepararlo todo.
Cuando
pasa un rato le pide que abra la boca, que va a darle algo de comer, y que
tiene que adivinar qué es.
Eme
obedece.
El sabor
de la fresa con nata seguido del de un beso es uno de los mejores que hay en el
mundo.
Eme
traga y sonríe.
-Sigues
debiéndome una respuesta.
Cris le
da otro beso a Eme.
-Yo la
verdad es que no sé cómo lo has hecho, pero estoy acojonada.
Eme
muerde otra fresa que Cris le da.
-Sí,
Eme, estoy acojonada. Ha pasado sólo un día y ya siento que…
Te quiero. Se queda en el aire, porque
Cris vuelve a besar a Eme.
-… Y me
da miedo, ¿sabes? Me da miedo porque no sé hasta dónde puedo llegar a sentir
contigo.
-En el
amor no hay límites, ángel.
-Ése es
el problema. Algo sin límites con alguien como tú…
-Míralo
de ésa forma; si me respondes que sí, seremos tú y yo contra el mundo, no habrá
límites.
Cris se
separa de Eme.
-Puedes
quitarte la bufanda.
Eme se
desenvuelve la bufanda.
Por fin
ve.
Y lo que
ve la hace sonreír como nada.
Cris
está enfrente de ella, mostrándole un folio con una palabra escrita.
Sí.
-¿Y
Fran?- Pregunta Eme.
-Fran es
agua pasada. Ahora estoy contigo.
Eme se
levanta y besa a Cris.
-¿Y la
pregunta que querías hacerme tú?- Pregunta, cuando se separan.
-Olvídalo.
Querido
diario:
Quizás lo justo habría sido
preguntárselo. Pero no me he atrevido. De todas formas, cómo iba a hacerlo.
Ésta noche Eme ha estado más feliz que nunca. Nos hemos comido a besos. Nada
más allá de la ropa, por supuesto. Siento que estoy empezando a quererla. Aún
no he hablado de esto con Fran. Hoy ha estado más distante que nunca conmigo.
Él sí conoce mi secreto, y le agradezco que no me tenga lástima por ello. A fin
de cuentas, nada está confirmado aún. Y no quiero preocupar a Eme.
Cris
deja de escribir con los ojos vidriosos.
Mira a
Eme.
Está
durmiendo plácidamente.
-¿Si el
lunes me confirman que tengo cáncer, me abandonarás, Eme?
Eme abre
un ojo.
Mira a
Cris.
-Creía
que estabas dormida.
-Lo
intentaba. Te he escuchado.
Cris se
seca una lágrima con el dorso de la mano.
Eme
sonríe.
-Te lo
he dicho, Cris; seremos tú y yo contra el mundo. Ven aquí.
Cris se
tumba en la cama al lado de Eme.
-No
tengas miedo. Estoy aquí, princesa, y no pienso abandonarte nunca.
Eme
abraza a Cris y la besa en la frente.
No hay comentarios:
Publicar un comentario