Capítulo veintiuno:
-Martina,
me habías dicho que estaba fregado, pero el suelo estaba seco.- Dice Juan
cuando sale del baño.
Martina
sale de la cocina.
-Pues se
habrá secado ya, Juan. ¿Cómo ha ido ésa tarde en el instituto?
-He
mirado en todas las basuras del instituto, y entre tanta cáscara de plátano, he
encontrado algo, Martina.
Juan se
saca el papel del bolsillo.
-Tengo
un nombre para esto; Cristina, la de cuarto. Aquí dice que los espray son de
ella.
-Juan,
llevo años enseñando a éstos alumnos, tratando con Cris. No creo que sea ella.
-Bueno,
eso ahora da igual. He estado pensando, y no voy a llevar a Violeta a cenar. Me
quedo aquí, con mi esposa.
Martina
abre los ojos de par en par.
-No,
Juan, enserio. Si además es una tontería. Décimo aniversario. Lo podemos dejar
para el decimoquinto, ¿si ya qué más da?
Juan se
ríe:
-Siempre
tan bromista, Martina. Eso es lo que me enamoró de ti.
-¿Dónde
me voy a poner si están todas las mesas ocupadas, Aator?
-No se
preocupe. ¿Es usted la señorita Maialen?
Ella
asiente a ése camarero.
-Estarás
en ése sillón, sobre el escenario. Lo ha reservado Aator para ti.
Maia le
sonríe.
-Estupendo,
gracias.
El
camarero se aleja.
-¿Enserio
voy a estar en el escenario?
-¿Te
importa? Quiero que ésta noche sea especial para los dos.
Ella le
sonríe.
-Hablo
enserio, Juan. Ésta noche no va a poder ser.
-¿Por
qué?
-Porque
he quedado para salir por ahí con mis amigas.
-Martina,
¿hace años que no os veis y tiene que ser ésta noche?
-Juan,
¿hace años que no te preocupas por tu sobrina y tenía que ser ésta noche?
Juan
carraspea.
-Sí,
Martina, tenía que ser ésta noche. Me voy a cenar con Violeta, diviértete con
tus amigas. Dame las llaves del coche, por favor.
Martina
y Juan entran al salón.
-Vaya,
así que ahora bebes en dos vasos.- Comenta Juan, al ver los dos vasos y la
botella de whisky abierta. Coge las llaves de encima de la mesa, sale del salón
y veinte segundos después, de la casa.
Jorge
sale del baño.
-Joder
con el tío, pensaba que me tocaba dormir en la bañera.- Susurra.
Martina
tiene los ojos rojos.
Se
muerde la manga del jersey.
-¿Estás
bien?- Dice, entrando al salón.
Martina
se gira, lo mira y asiente.
-Jorge,
estoy a punto de mandar mi matrimonio a la mierda. Si no he cenado con Juan, no
ha sido porque si se quedaba, nos habría acabado pillando. Ha sido porque
después de tantos años, vuelvo a reírme con alguien. Y haberme quedado a cenar
con él no habría sido ni la mitad de divertido que ver la tele contigo.
Jorge se
queda callado.
-Quería
que lo supieras. No sé cómo no se ha dado cuenta en todos estos años siendo
director de que Sofía y yo tenemos la misma mirada. Y de ti ha heredado ésa
media sonrisa.
Jorge
niega con la cabeza.
-No
puedo confirmártelo si no me dices quién es. ¿Emily quizás?
Martina
traga saliva.
-Mónica.
Sofía es Mónica.
Emily
coge el teléfono a Marta.
-¿Sí?
-¿Te
apetece que nos veamos ésta noche?
Emily bosteza
al otro lado del teléfono.
-La
verdad es que tengo bastante sueño, ¿mañana mejor?
-Vamos,
Emily, ¿no vas a ayudarme a gastarles una broma a los de clase?
-¿Qué
vas a hacer?
-Sé
dónde está Omar, tenía pensado ir, y echarle algo gracioso en el vaso. Que haga
el idiota, divertirnos un rato.
-¿Y Nico
qué?
Marta
sonríe.
-Nico es
historia. Ya no me importan ni él ni Mónica.
-Marta,
te vi grabándolos. Iba ciega pero te vi. ¿Qué hiciste con el vídeo?
-¿Insinúas
algo?
-Que tú
eres Monicuernos.
Marta se
ríe.
-Emily,
hoy en el recreo escuché a Martina hablando de ti. Quería quedar ésta noche
para así contarte lo que sé, ¿crees que si fuera Monicuernos no lo habría
publicado ya?
-Lo
siento, Marta, pero me cuesta creerte. Llevo pensándolo toda la tarde, y todas
las piezas encajan. ¿Pero qué pintan ahí Cris y Judith?
-Emily,
te prometo que yo no soy Monicuernos. Te lo prometo. Por nuestra amistad, por
todo.
-¿Sabes
por qué quería verte ésta tarde?
-¿Por
qué?
-Porque
la noche en la que Nico y tú lo dejasteis, vino a donde yo estaba y me intentó
besar. Es probable que Mónica no tuviese la culpa.
-Emily,
tú eres mi amiga y me respetaste, y te voy a estar agradecida siempre, pero
Mónica aprovechó la situación.
-¿Y qué,
Marta? No puedes pretender que las personas hagan todo lo que tú quieras que
hagan. A veces las relaciones no funcionan, pero qué importa eso. Debemos de
seguir adelante, debemos de olvidar, pero sin dejar de recordar cuáles fueron
nuestros errores, para no cometerlos una vez tras otra. A veces los tíos
encuentran una tía más guapa, con mejor cuerpo o simplemente una que por alguna
extraña razón, les gusta más que nosotras. Pero el mundo no se puede venir
abajo por eso.
Marta
está llorando.
-Te he
dicho que he olvidado a Nico.
-Y yo te
intento decir que si eres tú quien está detrás de toda la movida del instituto,
para. Las cosas pueden ir bien, e irán bien.
-Esto no
tiene arreglo, Emily.
Marta
estampa el móvil contra la acera de nuevo.
Esta vez
se rompe en pedazos.
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