lunes, 6 de abril de 2015

Capítulo veintiuno:

Capítulo veintiuno:
            
-Martina, me habías dicho que estaba fregado, pero el suelo estaba seco.- Dice Juan cuando sale del baño.
Martina sale de la cocina.
-Pues se habrá secado ya, Juan. ¿Cómo ha ido ésa tarde en el instituto?
-He mirado en todas las basuras del instituto, y entre tanta cáscara de plátano, he encontrado algo, Martina.
Juan se saca el papel del bolsillo.
-Tengo un nombre para esto; Cristina, la de cuarto. Aquí dice que los espray son de ella.
-Juan, llevo años enseñando a éstos alumnos, tratando con Cris. No creo que sea ella.
-Bueno, eso ahora da igual. He estado pensando, y no voy a llevar a Violeta a cenar. Me quedo aquí, con mi esposa.
Martina abre los ojos de par en par.
-No, Juan, enserio. Si además es una tontería. Décimo aniversario. Lo podemos dejar para el decimoquinto, ¿si ya qué más da?
Juan se ríe:
-Siempre tan bromista, Martina. Eso es lo que me enamoró de ti.

-¿Dónde me voy a poner si están todas las mesas ocupadas, Aator?
-No se preocupe. ¿Es usted la señorita Maialen?
Ella asiente a ése camarero.
-Estarás en ése sillón, sobre el escenario. Lo ha reservado Aator para ti.
Maia le sonríe.
-Estupendo, gracias.
El camarero se aleja.
-¿Enserio voy a estar en el escenario?
-¿Te importa? Quiero que ésta noche sea especial para los dos.
Ella le sonríe.

-Hablo enserio, Juan. Ésta noche no va a poder ser.
-¿Por qué?
-Porque he quedado para salir por ahí con mis amigas.
-Martina, ¿hace años que no os veis y tiene que ser ésta noche?
-Juan, ¿hace años que no te preocupas por tu sobrina y tenía que ser ésta noche?
Juan carraspea.
-Sí, Martina, tenía que ser ésta noche. Me voy a cenar con Violeta, diviértete con tus amigas. Dame las llaves del coche, por favor.
Martina y Juan entran al salón.
-Vaya, así que ahora bebes en dos vasos.- Comenta Juan, al ver los dos vasos y la botella de whisky abierta. Coge las llaves de encima de la mesa, sale del salón y veinte segundos después, de la casa.
Jorge sale del baño.
-Joder con el tío, pensaba que me tocaba dormir en la bañera.- Susurra.
Martina tiene los ojos rojos.
Se muerde la manga del jersey.
-¿Estás bien?- Dice, entrando al salón.
Martina se gira, lo mira y asiente.
-Jorge, estoy a punto de mandar mi matrimonio a la mierda. Si no he cenado con Juan, no ha sido porque si se quedaba, nos habría acabado pillando. Ha sido porque después de tantos años, vuelvo a reírme con alguien. Y haberme quedado a cenar con él no habría sido ni la mitad de divertido que ver la tele contigo.
Jorge se queda callado.
-Quería que lo supieras. No sé cómo no se ha dado cuenta en todos estos años siendo director de que Sofía y yo tenemos la misma mirada. Y de ti ha heredado ésa media sonrisa.
Jorge niega con la cabeza.
-No puedo confirmártelo si no me dices quién es. ¿Emily quizás?
Martina traga saliva.
-Mónica. Sofía es Mónica.

Emily coge el teléfono a Marta.
-¿Sí?
-¿Te apetece que nos veamos ésta noche?
Emily bosteza al otro lado del teléfono.
-La verdad es que tengo bastante sueño, ¿mañana mejor?
-Vamos, Emily, ¿no vas a ayudarme a gastarles una broma a los de clase?
-¿Qué vas a hacer?
-Sé dónde está Omar, tenía pensado ir, y echarle algo gracioso en el vaso. Que haga el idiota, divertirnos un rato.
-¿Y Nico qué?
Marta sonríe.
-Nico es historia. Ya no me importan ni él ni Mónica.
-Marta, te vi grabándolos. Iba ciega pero te vi. ¿Qué hiciste con el vídeo?
-¿Insinúas algo?
-Que tú eres Monicuernos.
Marta se ríe.
-Emily, hoy en el recreo escuché a Martina hablando de ti. Quería quedar ésta noche para así contarte lo que sé, ¿crees que si fuera Monicuernos no lo habría publicado ya?
-Lo siento, Marta, pero me cuesta creerte. Llevo pensándolo toda la tarde, y todas las piezas encajan. ¿Pero qué pintan ahí Cris y Judith?
-Emily, te prometo que yo no soy Monicuernos. Te lo prometo. Por nuestra amistad, por todo.
-¿Sabes por qué quería verte ésta tarde?
-¿Por qué?
-Porque la noche en la que Nico y tú lo dejasteis, vino a donde yo estaba y me intentó besar. Es probable que Mónica no tuviese la culpa.
-Emily, tú eres mi amiga y me respetaste, y te voy a estar agradecida siempre, pero Mónica aprovechó la situación.
-¿Y qué, Marta? No puedes pretender que las personas hagan todo lo que tú quieras que hagan. A veces las relaciones no funcionan, pero qué importa eso. Debemos de seguir adelante, debemos de olvidar, pero sin dejar de recordar cuáles fueron nuestros errores, para no cometerlos una vez tras otra. A veces los tíos encuentran una tía más guapa, con mejor cuerpo o simplemente una que por alguna extraña razón, les gusta más que nosotras. Pero el mundo no se puede venir abajo por eso.
Marta está llorando.
-Te he dicho que he olvidado a Nico.
-Y yo te intento decir que si eres tú quien está detrás de toda la movida del instituto, para. Las cosas pueden ir bien, e irán bien.
-Esto no tiene arreglo, Emily.
Marta estampa el móvil contra la acera de nuevo.

Esta vez se rompe en pedazos.

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