Capítulo quince:
Lidia
entra a la cafetería Vivaldi.
Busca
con la mirada a su entrevistador.
¿Cómo
reconocerlo?
-¿Lidia?
Un
hombre vestido de traje le habla.
-¿Te
parece si nos sentamos y tomamos algo?
Lidia
asiente sonriente.
Se
sientan en una de las mesas más alejada de la barra.
Es un
local grande.
-Me
presento. Mi nombre es Valentín. ¿Cuánto te gustaría ganar?
-No lo
sé. ¿Quinientos euros?
Valentín
sonríe.
-¿Al
mes?
-Sí. No
lo sé, trabajaría por menos incluso.
-¿Y si
yo te ofrezco entre seiscientos y ochocientos la noche?
-¿Qué
tendría que hacer?
El
camarero se acerca.
-Dos tercios,
por favor.- Pide Valentín.
El
camarero asiente y se aleja.
-Camarera.
Pasear ése cuerpo ligerita de ropa, por mi local.
-¿Sólo
eso?
Valentín
vuelve a sonreír.
-Calientas
un poco la vista de nuestros clientes, les sirves todo lo que pidan. Sólo entra
gente importante, con dinero. Después te recompensarán.
Lidia
sonríe.
-¿Dónde
hay que firmar?
El
camarero se acerca, deja las dos cervezas en la mesa y se aleja.
-Ésta
noche si quieres puedes empezar.
Lidia
sonríe.
-Estupendo.
¿Dónde está ése sitio?
Valentín
le da una tarjeta con la dirección del sitio.
-No está
muy lejos de Gran Vía. Ésta noche. Empezarás a las doce, pero quiero que
llegues allí a las diez, para darte tu uniforme.
Valentín
le da un trago a su cerveza.
Lidia
hace lo mismo.
Cris y
Eme no han dicho nada sobre lo que ha pasado con Fran.
Han
seguido como antes.
Hablando
de mil cosas, camino de la estación.
Ahora
las dos viajan sentadas en el metro.
Cris
apoya su cabeza en el hombro de Eme.
Monicuernos
sonríe enfrente de ellas.
Que disfruten, que poco les
queda.
Cuando
el metro se detiene en la siguiente estación al cabo de unos segundos, se baja.
Cuando
Jorge entra a casa, el teléfono fijo está sonando.
Cierra
la puerta de un portazo y corre por el salón hasta el teléfono.
-¿Sí?
-Jorge, soy
yo, Juan.
-Sí, sí,
dime.
-Claro.
¿Se puede saber qué es eso de subir a una alumna a tu coche?
-¿Cómo?
Juan
resopla al otro lado del teléfono.
-Jorge,
no me toques los cojones. Te he visto subir a Judith a tu coche.
-Claro,
Juan. A su madre se le había olvidado ir a recogerla, y me ha pedido que la
lleve. ¿Por qué me tomas?
-Espero
que sea verdad pero preguntaré a Judith para comprobar que es así igualmente.
-Como
quieras, Juan. Que tengas un buen fin de semana.
-Igualmente,
Jorge.
Jorge
corta la llamada.
Judith
no quiere confiar en Alba ni en nadie.
No
quiere contarle a nadie el día de locos que está teniendo.
No
quiere contarle a nadie cómo ha sido su primer beso.
Ha
salido el tema de Monicuernos, le ha preguntado que si estaba bien y ella le ha
acabado hablando de Omar.
-Eres guapa, Judith. Cualquier
chico se fijaría en ti, y por lo que me dices, seguro que él también está
colado por ti.
-Ojalá. Pero no, mírame. Estoy…
-¿Cómo estás? Si a tu edad
hubiese visto una chica así, dios.
-No exageres, Jorge. La siguiente
calle a la izquierda.
-No exagero.- Jorge hace lo que
Judith le pide.
Unos metros más adelante, le
pide:
-Cuando puedas, párate. Vivo en
el siguiente edificio.
Jorge detiene el coche de golpe.
Un coche le pita.
Mira a Judith, se acerca a ella y
la besa.
Cuando se separan, Judith sale
disparada del coche, roja como un tomate.
-Me cago en la mocosa de los
cojones.- Maldice Martina, en el coche de atrás. Pita otra vez.
Martina
llega a casa sola.
-A la
mierda la cena, a la mierda las gambas, a la mierda todo.- Se queja, secándose
las lágrimas de la cara.
-Las
gambas no las tires, me las ceno yo, tía.- Su sobrina sale de la cocina en
camisa y bragas, comiéndose una magdalena de chocolate.
-¿Qué
haces aquí, Alexia?- Le pregunta, alterada Martina.
-Nada,
que mi madre es insoportable y me ha echado de casa. Se le pasará en un par de
días.
-¿Por
dónde has entrado?
-Vamos,
tía. Vives en un primero, no es tan difícil colarse por el balcón. Voy a dormir
un rato la siesta, ya he comido.- Alexia se saca un cigarro y el mechero del
sujetador.
-¡EEEEEEEEH!-
Martina le hace el gesto de que como se lo encienda, le cortará el cuello.
Alexia
le sonríe y vuelve a guardárselos.
-Judith,
hija, ¿qué te pasa?
-¿Por
qué lo dices?
-Te noto
nerviosa, no sé.
-¿Y papá?-
Judith cambia de tema.
-Liado
con el trabajo, ¿quieres un poco más de ensaladilla?
Judith
niega con la cabeza.
-No
tengo mucha hambre.
-Anoche
escribí una canción.
-¿Escribes?-
Pregunta Maia, asombrada.
Los dos
caminan por una calle de Madrid atestada de gente.
-En el
metro siempre suelo cantar canciones de otros, pero yo compongo las mías. Ésta
noche daré un concierto. Algo privado en el bar Vivaldi de Callao.
Maia
camina a su lado.
Lo mira
y le sonríe.
-¿Puedo
ir?
-Quiero
que vengas. Por eso te he invitado a comer. Quiero cantarte un trozo de la
canción que estreno ésta noche, y que me digas qué te parece.
Maia se pone nerviosa.
-¿Qué has comprado para comer?
-Un par de hamburguesas y unos refrescos.
Maia se ríe.
-Conmigo no aciertas, ¿eh? Soy vegetariana.
Él también se ríe.
-Lo había pensado, pero no era plan de aparecer con una
ensalada en nuestra primera cita.
Maia quiere contarle que tiene novio, pero no se atreve.
Su madre y ella terminan de comer.
La madre recoge los platos y los lava.
-En un rato bajo a tirar la basura. Voy a mi cuarto.
Judith sale de la cocina, entonces, ve el paquete de tabaco
de su madre en la mesa del salón.
Un cigarro para
relajarme estaría bien.
Sonríe, entra al salón, coge el cigarro y deja el paquete
como estaba.
Mónica se sienta con sus padres a comer y lo único que se
escucha es la televisión.
-Sal.- Pide Mónica.
Su padre se la pasa.
Tengo que decírselo
hoy.
¿Pero a quién debería primero?
¿A sus padres? ¿A Nico? ¿A Marcos?
Da igual. Uno a uno.
-Papá, mamá…
-Cállate.- Su padre está pendiente de la sección de deportes
del telediario.
Mónica y su madre guardan silencio.
Hasta que los deportes acaban, y empieza el tiempo.
Que es cuando Mónica recoge su lado de la mesa y se va a su
cuarto, llorando.
Llama a Nico.
-¿Quién era?- Le pregunta Silvia.
-Nadie importante.- Le responde Nico, dándole un beso en la
boca.
La pareja está comiendo en una hamburguesería.
El móvil de él suena de nuevo y ella suelta un bufido.
Nico… Tenemos que
hablar.
Nico suspira.
Vale, pero es que ahora
no puedo.
Mónica responde a los dos segundos.
O te lo digo ya, o me
va a salir un tumor en lugar de un bebé. Cuando lo hicimos, fue sin usar... y
estoy embarazada.
Nico se echa las manos a la cabeza.
-¿Ahora tampoco es nadie importante?- Pregunta Silvia,
cogiendo el móvil de las piernas de su chico.
Cuando Silvia lee los mensajes, carraspea, tira el móvil a
la mesa, y sale de la hamburguesería sin decir nada.
Nico coge el móvil enfadado y llama a Mónica.
-¿Mónica? ¿Qué es eso de que estás con el bombo?
-Que sí, joder. Que sí.
-¿Y qué vas a hacer?
-¿Cómo que qué voy a hacer? El marrón es de los dos.
-Pero haber, Mónica, que yo a los dieciséis años no voy a
ser padre, ¿me entiendes?
-Pues mira tú por dónde, estamos de acuerdo en algo.
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