Capítulo
treinta y dos:
Maia
y Aator ya están en la estación Sur de autobuses.
-Di
un número, vamos. Acaban de llegar el ocho, del cuatro al diez llevan rato
aquí.
-Pero
enserio, ¿nos vamos así a lo loco a donde sea?
-¿A
qué le tienes miedo, fea?- Le pregunta sonriente, cuando Maia va a responder
que a nada, él la besa.
-¿Y
qué pasa si quiero decir el número en el que nos conocimos?
-Perfecto,
¿el veinte entonces?
-Fue
el diecinueve, guapo.
-Que
no, que fue el veinte. Hoy es veintidós.
Maia
mira divertida a Aator.
-El
veintidós entonces. Me gusta, es un número muy cuqui.
Aator
asiente sonriente.
Caminan
hasta el autobús número veintidós, y Aator le habla al conductor.
-Buenos
días, ¿éste autobús a dónde va?
-Va
directo a Murcia, a Águilas concretamente.
-¿Vamos?
Los
dos dejan las maletas en el maletero y suben cogidos de la mano.
Alba
lee el informe ya en el metro, de vuelta a casa.
Todas
las anotaciones de su psicólogo.
Vengativa. Si la vida le da un
problema, defiende su debilidad para afrontarlo manipulando la situación del
resto, para que se sientan peor que ella.
Entra
a Twitter y escribe:
@Monicuernos ahora puedes saber
lo que se siente cada vez que desentierras un secreto nuestro.
Hecha
una foto al folio y la recorta, hasta que sólo se lee lo que Alba quiere que
lea:
Complejo de inferioridad: Siete
intentos de suicidio en Marzo.
Al
segundo, Monicuernos la sigue.
La
comida está lista cuando Judith llega.
Su
padre y su madre están comiendo.
Su
padre se levanta de la silla en cuanto la ve llegar, y camina directamente
hacia ella.
-¿Qué
horas son éstas para recogerte, eh?
No
espera a que Judith responda, le da una bofetada y sale de la cocina.
Su
madre niega con la cabeza, suspira, recoge la mesa y empieza a lavar los
platos.
Judith
sigue paralizada.
-Tía,
yo tengo razón. A ti te pasa algo y no me lo quieres decir.- Ana la devuelve a
la realidad.
Están
en el aseo del bar, han terminado de comer y Ana se lava las manos frente al
espejo.
Cris
niega con la cabeza.
-De
verdad que no, ¿eh?
Ana
se seca las manos.
-Pues
chica, llevas una cara…
Eme
se acerca a Ana por detrás.
-Te
prometo que estoy bien.
Ana
se gira y se apoya en el lavabo.
Eme
y Ana se miran a los ojos.
Eme
aparta la mirada.
-Nunca
has podido mantenerme la mirada y nunca podrás.- Se ríe Ana.
-Vamos,
anda.- Eme se ríe y agarra a Ana de la mano, y así salen del baño y también del
bar.
La
escena parte el corazón de Cris, que se acerca decidida a su chica.
Eme
suelta la mano de Ana en cuanto la ve.
-No
puedo creerlo, Eme. ¿Quién es?
Cris
mira a Ana con odio además de lágrimas.
Ana
agacha la cabeza.
-Perdona,
no sabía que era tu chica.
Eme
niega.
-No,
no lo es. Me has dejado, ¿no?
Cris
llora.
-Sí,
lo he hecho, pero porque estaba en caliente y no pensaba con claridad. Quiero
estar contigo, Eme.
Eme
traga saliva.
Está
a punto de llorar.
-No
me digas que quieres estar conmigo para después dejarme, Cris.
Su
voz se quiebra.
Ana
niega con la cabeza.
-Me
voy, hablamos luego, Eme.
Eme
la coge otra vez de la mano.
Mira
a Cris fijamente, se seca las mejillas, levanta la cabeza y tras unas últimas
palabras se aleja con Ana.
-No
te vayas, Ana. Esto ya se ha acabado.
Alexia
comprueba en el papel que es el edificio de Cris.
Arruga
la hoja y se la guarda. Toca al telefonillo.
-¿Quién?-
Le responde una mujer al otro lado.
-¿Está
Cris?
-No,
¿quién eres?
-Dígale
cuando vuelva que he pasado a saludarla, soy Alexia.
La
madre de Cris calla unos segundos.
-¿Sigue
ahí?
-Alexia,
¿puedes subir un momento?
Cris
camina llorando de vuelta a casa.
Eme
y Ana suben en el ascensor.
Ana
se acerca a ella.
-No
sé si es el mejor momento, pero me apetece besarte.
Eme
la mira y asiente con la cabeza.
Ana
acerca su boca a la de ella, y las dos se besan.
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