martes, 14 de abril de 2015

Capítulo treinta y dos:

Capítulo treinta y dos:
                 
Maia y Aator ya están en la estación Sur de autobuses.
-Di un número, vamos. Acaban de llegar el ocho, del cuatro al diez llevan rato aquí.
-Pero enserio, ¿nos vamos así a lo loco a donde sea?
-¿A qué le tienes miedo, fea?- Le pregunta sonriente, cuando Maia va a responder que a nada, él la besa.
-¿Y qué pasa si quiero decir el número en el que nos conocimos?
-Perfecto, ¿el veinte entonces?
-Fue el diecinueve, guapo.
-Que no, que fue el veinte. Hoy es veintidós.
Maia mira divertida a Aator.
-El veintidós entonces. Me gusta, es un número muy cuqui.
Aator asiente sonriente.
Caminan hasta el autobús número veintidós, y Aator le habla al conductor.
-Buenos días, ¿éste autobús a dónde va?
-Va directo a Murcia, a Águilas concretamente.
-¿Vamos?
Los dos dejan las maletas en el maletero y suben cogidos de la mano.

Alba lee el informe ya en el metro, de vuelta a casa.
Todas las anotaciones de su psicólogo.
Vengativa. Si la vida le da un problema, defiende su debilidad para afrontarlo manipulando la situación del resto, para que se sientan peor que ella.
Entra a Twitter y escribe:
@Monicuernos ahora puedes saber lo que se siente cada vez que desentierras un secreto nuestro.
Hecha una foto al folio y la recorta, hasta que sólo se lee lo que Alba quiere que lea:
Complejo de inferioridad: Siete intentos de suicidio en Marzo.
Al segundo, Monicuernos la sigue.

La comida está lista cuando Judith llega.
Su padre y su madre están comiendo.
Su padre se levanta de la silla en cuanto la ve llegar, y camina directamente hacia ella.
-¿Qué horas son éstas para recogerte, eh?
No espera a que Judith responda, le da una bofetada y sale de la cocina.
Su madre niega con la cabeza, suspira, recoge la mesa y empieza a lavar los platos.
Judith sigue paralizada.

-Tía, yo tengo razón. A ti te pasa algo y no me lo quieres decir.- Ana la devuelve a la realidad.
Están en el aseo del bar, han terminado de comer y Ana se lava las manos frente al espejo.
Cris niega con la cabeza.
-De verdad que no, ¿eh?
Ana se seca las manos.
-Pues chica, llevas una cara…
Eme se acerca a Ana por detrás.
-Te prometo que estoy bien.
Ana se gira y se apoya en el lavabo.
Eme y Ana se miran a los ojos.
Eme aparta la mirada.
-Nunca has podido mantenerme la mirada y nunca podrás.- Se ríe Ana.
-Vamos, anda.- Eme se ríe y agarra a Ana de la mano, y así salen del baño y también del bar.
La escena parte el corazón de Cris, que se acerca decidida a su chica.
Eme suelta la mano de Ana en cuanto la ve.
-No puedo creerlo, Eme. ¿Quién es?
Cris mira a Ana con odio además de lágrimas.
Ana agacha la cabeza.
-Perdona, no sabía que era tu chica.
Eme niega.
-No, no lo es. Me has dejado, ¿no?
Cris llora.
-Sí, lo he hecho, pero porque estaba en caliente y no pensaba con claridad. Quiero estar contigo, Eme.
Eme traga saliva.
Está a punto de llorar.
-No me digas que quieres estar conmigo para después dejarme, Cris.
Su voz se quiebra.
Ana niega con la cabeza.
-Me voy, hablamos luego, Eme.
Eme la coge otra vez de la mano.
Mira a Cris fijamente, se seca las mejillas, levanta la cabeza y tras unas últimas palabras se aleja con Ana.
-No te vayas, Ana. Esto ya se ha acabado.

Alexia comprueba en el papel que es el edificio de Cris.
Arruga la hoja y se la guarda. Toca al telefonillo.
-¿Quién?- Le responde una mujer al otro lado.
-¿Está Cris?
-No, ¿quién eres?
-Dígale cuando vuelva que he pasado a saludarla, soy Alexia.
La madre de Cris calla unos segundos.
-¿Sigue ahí?
-Alexia, ¿puedes subir un momento?

Cris camina llorando de vuelta a casa.
Eme y Ana suben en el ascensor.
Ana se acerca a ella.
-No sé si es el mejor momento, pero me apetece besarte.
Eme la mira y asiente con la cabeza.

Ana acerca su boca a la de ella, y las dos se besan.

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