Capítulo once:
Emily es
la última en entrar en clase.
Martina,
la profesora de ciencias, ya se ha presentado a todos sus alumnos, cuando
aparece.
-Llegas
tarde. ¿Tu nombre?
-Emily.
-Bien,
Emily, siéntate. La próxima vez que llegues tarde a mi clase, no entras.
Emily se
sienta en el primer sitio libre que ve, junto a Omar.
Martina
carraspea.
-Como
iba diciendo, hoy os haré una prueba inicial a todos. Me gustaría conoceros un
poco más a todos, saber qué nivel tenéis en la asignatura, y también un poco de
vuestras vidas.- Martina coge unos folios de encima de la mesa del profesor y
comienza a repartirlos.
Entonces,
el director abre la puerta de la clase sin llamar siquiera.
-Martina,
perdón que te interrumpa, seré breve: Hemos encontrado unas pintadas en la
clase de biología. Alguien está colgando carteles por el instituto contando
intimidades de algunos de nuestros alumnos. Ainara, Marcos, Mónica, Judith y
Cris, ¿me acompañáis?
-Cris no
está.- Responde Maia desde la última fila.
-¿Cómo
que no está? Ésta mañana me ha parecido verla, ¿ha faltado en el resto de
clases?
Martina
comprueba la lista.
-No, al
parecer sólo ha faltado a ésta clase solo.
-Lo
tendré en cuenta. El resto, acompañadme.
Mónica y
Judith se ponen en pie. Las siguen Ainara y Marcos.
Cris
entra en la librería.
Eme está
de espaldas, frente a una de las estanterías, colocando los nuevos libros que
han llegado.
-Eh,
Eme.
Cuando
Eme escucha la voz de Cris, su pulso se acelera.
-Ángel.-
Susurra sin girarse.
-Sé que
he sido una estúpida dejándolo contigo, pero entiéndeme. Estoy agobiada, Eme.
Por una parte, me puede la incertidumbre de no saber si me estoy muriendo.
Eme se gira.
Mira a
Cris.
-Eso no
lo digas ni de broma.
-Pero es
la realidad, Eme… Por otro lado, estás tú y ésa incertidumbre que recorre mi
cuerpo cuando alargas tu mano para acariciarme y yo no sé si quieres
destrozarme o curarme. Y ahora aparece una persona que quiere hacerme daño. Y
me acojona. No sé quién es. No puedo luchar contra un enemigo que no sé quién
es.
-Ya me
ha quedado clara ésa parte de que no quieres luchar.
-No lo
entiendes. No puedo luchar, no me quedan fuerzas. No puedo abrir una
investigación en el instituto mientras lucho por salvarme de lo que será una
muerte segura.
-Cállate.
Cállate y escúchame tú a mí, ¿quieres? No quiero perder el tiempo, Cris, y
mucho menos hacértelo perder a ti. Anoche me preguntaste que si te abandonaría
si resultase que estás enferma, sabes lo que te dije, que seremos tú y yo
contra el mundo. Imagínate que estás enferma… No puedes hacerte una idea de
cuánto me dolería perderte a ti, después de haber perdido a mi madre por ésa
enfermedad. Pero por ti estoy dispuesta a que duela, porque te quiero. Ahora
déjame hacerte una pregunta a mí: ¿Estás o no dispuesta a que ambas luchemos
por lo nuestro, sea cual sea el obstáculo?
-Sí.-
Responde Cris.
-¿Entonces,
Cris? No tengas miedo a lo que eres… a amar.
-Pero el
miedo seguirá ahí siempre. Y no quiero que esto se acabe por mi miedo.
-Debería
de enseñarte el tatuaje de mis costillas.- Dice Eme, tocándose las costillas
izquierdas. –“Durará tanto como lo cuides y lo cuidarás tanto como lo quieras.”
-¿Enserio
crees que por mucho que lo cuidemos, esto es irrompible?
-Creo
que si lo cuidamos, habrá más posibilidades de que sea para siempre. Ésta
mañana ha venido una chica, me ha pedido el número de teléfono. ¿Y sabes lo que
he hecho? Le he dado uno erróneo porque te quiero. Métete caña y esto saldrá
bien, ángel.
-¿Y qué
pasa si te pido que sigamos juntas, pero a escondidas?
Eme se
agacha para coger el penúltimo libro de la caja y se gira para colocarlo en la
estantería.
-Entonces
quizás me arrepentiré de no haberle dado mi número.
-Yo….
Mejor me voy.
-Vamos,
Cris. Ya no somos unas niñas, no tenemos que escondernos de nadie.
-Hablas
por ti. No tienes padres, tienes trabajo, y vives en un apartamento con tu
hermano.
-Hablo
por mí que llevo una vida de mierda, pero es lo que me ha tocado vivir. Mi
madre está muerta, hace siglos que no hablo con mi padre, ¿vale y qué? Mi madre
aceptó mi sexualidad porque me quería.
-No… No
quería decir eso.
-¿Realmente
prefieres la vida que llevas a la que llevo yo? Por muy cerrados que sean de
mente son tus padres, y te quieren, y tarde o temprano se enterarán. Es su
decisión aceptar o no lo que eres, tú no puedes cambiar.
-Si al
menos fuera bisexual como creía, sería todo más sencillo. Creo que soy
lesbiana.
-No es
de eso de lo que estamos hablando, Cris.
-Ya lo
sé, pero es que me está poniendo como una moto discutir contigo.
Cris
está roja por lo que ha dicho.
Eme está
agachada de espaldas a ella, cogiendo el último libro de la caja.
Mi más sentido bésame,
Desayúname,
Ayúdame
a deshacer la cama
Se
levanta. Mira a Cris a los ojos y la besa. Tira de ella hasta el almacén.
Dentro
del almacén, Eme empuja a Cris contra la pared.
La besa
con pasión y le levanta el jersey.
Las
manos de Eme acarician los pechos de Cris.
Las
manos de Cris le desabrochan la camisa a Eme.
Te comería a versos,
Pero
me tragaría mis palabras,
Por
eso mejor dejarnos sin habla.
El
sujetador de Cris cae al suelo.
Unos
segundos más tarde, cae la camisa roja de Eme y su sujetador negro.
Eme besa
a Cris, acariciándole los pechos.
Baja la
mano hasta su ombligo.
Y más
abajo.
Desabrocha
los vaqueros de Cris.
Perdí el sentido del amor
Pero
no del sarcasmo,
Así
que te haré el humor
Hasta
llegar al orgasmo.
La mano
de Cris se cuela en los pantalones de Eme.
Eme se
acerca más a Cris.
Los
pantalones de Cris se bajan.
Eme mete
la mano en las bragas de Cris.
Cris se
quita el pantalón de una pierna y las abre.
Eme se
pega más a ella.
Le besa
el cuello.
Le
muerde la nuez.
Cris
gime.
Las dos
se miran y sonríen.
Se comen
a besos.
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