sábado, 4 de abril de 2015

Capítulo tres:

Capítulo tres:
         
Eme espera paciente, sentada en un banco junto a la puerta del instituto de Cris.
El timbre que finaliza las clases ha tocado hace dos minutos, y los primeros alumnos ya han salido corriendo.
Cuando la ve pasar, hablando con dos gemelas, contenta, la agarra por la muñeca y tira de ella.
-¿Qué haces aquí?- Le pregunta Cris, sorprendida.
-Esperarte. Hoy comes en mi casa.
Ainara y Maialen la esperan unos metros más adelante.
-Qué va, mi madre seguro que ya ha preparado la comida.
-Hoy no tenía nada que hacer, así que he vuelto a tu casa, he hablado con tu madre y le he dicho que hoy comes en mi casa, que quería agradecerte lo que anoche hiciste por mí de algún modo. A tu madre le ha parecido bien, pero quiere que si tienes que estudiar o hacer algo de deberes, los hagas. Y nada de volver más tarde de las diez de la noche.
-¿Mi madre me deja que esté fuera de casa tantas horas?
-Claro. Le he caído bien, y como soy mayor que tú sabe que te cuidaré.
Cris se sonroja.
-Chicas, me quedo a comer con ella. Nos vemos mañana en clase.- Cris se despide de las gemelas, y éstas siguen su camino.

-¿Dónde has estado durante el recreo y cuarta hora?- Le pregunta Maia. No ha podido preguntárselo antes porque estaban en clase, y no quería que le llamasen la atención el primer día.
Ainara sonríe.
-He estado con el chico de la hamburguesería de ayer, Marcos y una chica que se llama Lidia. En el despacho del director, ¿no te has enterado de la pelea que ha habido en la cafetería?
-No, ¿qué ha pasado?
-Lidia y Marcos estaban hablando de un chico, decían que ha cambiado, que desde que sale con sus nuevos amigos se ha echado a perder. El caso es que el chico la ha tomado conmigo, y Marcos me ha defendido. Han acabado a puñetazos.
-¿Y el director?
-Nos ha hecho esperar a todos fuera mientras hablaba con Omar a solas, cuando hemos entrado Lidia, Marcos y yo le hemos explicado lo que ha ocurrido, ha estado a punto de ponerle una amonestación grave a Marcos, yo lo he convencido de que no.- Cuando termina de decirlo, una mano la coge de la muñeca.
Se gira y ve ahí a Marcos, parado delante de ella.
-¿Podemos hablar un momento a solas?
-¿Me esperas en la puerta de la estación del metro, Maia?
Maia asiente y sigue su camino. Ainara y Marcos se separan del camino del resto de alumnos y se van al parque que hay en la acera de enfrente.
Cruzan la calle, y se sientan en uno de los bancos.
-Bueno, dime.
-Quería darte las gracias por lo que has hecho por mí. Defenderme delante del director para que no me amoneste.
Ainara sonríe.
-No las des, al contrario, debería de dártelas yo a ti. Por defenderme de Omar, delante de todos.
Los dos se miran.
-Es que no te imaginas lo que has hecho por mí, Ain. Mi padre me hubiera matado si me hubieran vuelto a expulsar. No te imaginas cómo es.
Los dos guardan silencio.
Él se sube las mangas del jersey.
-¿Ves esto?
Tiene los brazos llenos de moratones.
Ella asiente.
-Eres la primera persona que los ve. ¿Ves los nudillos? Reventados por no poder partirle la boca a ése hijo de puta.
Ella suspira.
-¿Sabes? Aunque nos hayamos conocido hoy, puedes confiar en mí.
-Lo sé, lo veo en tu cara. En tu mirada. Eso es lo que me gusta de ti.
Ella carraspea.
Él tiene novia.
-Cuéntame, si te apetece.
Él no sabe bien por dónde empezar.
-Mi padre murió cuando yo tenía cinco años. Hace siete, mi madre volvió a conocer a un hombre. Al principio, todo era maravilloso. Tanto que comencé a llamarlo papá. Hace tres años, se casaron. Y cuando lo hicieron, él comenzó a pegar a mi madre. Ella me lo ocultaba, hasta que yo empecé a suspender, y repetí curso. Entonces ése cabrón, que nunca me había tocado me dio una paliza. Me dejó en el suelo con la cara sangrando, sin poder moverme.
-¿Tu chica sabe esto?
Él niega con la cabeza.
-Estuve semanas sin salir de casa, fue el verano pasado. Cuando volví a tenerla bien, volví a ver a Mónica. Le dije que me había ido a Valencia, a ver a mi abuela que estaba enferma. Ni siquiera tengo abuela…
-¿Y no has pensado en denunciarlo?
-Tengo diecisiete años, no tengo a dónde ir, sino lo habría hecho ya.
Ainara suelta un bufido.
-Tienes que pedir ayuda, tío. No puedes aguantar las palizas de tu padrastro.
Él la mira.
-No puedo más.
Y llora.
Y ella vuelve a abrazarlo. O a intentarlo. Porque ésta vez, los dos se besan.

-Aquí, pasa.- Eme conduce a Cris hasta una pizzería.
-¿Cómo que aquí?
-Aquí, sí.
-Llevo el dinero justo para el metro, Eme.
-Me da igual, te pensaba invitar yo.
Cris sonríe.
Eme se adelanta y le abre la puerta de la pizzería.
Y primero Cris, luego Eme, entran.
Hay un grupo de jóvenes comprándose unas pizzas, Cris los reconoce de haberlos visto por el instituto.
-¿Qué vas a querer, princesa?
Al escuchar eso uno de los chicos se gira, mira a Eme y se ríe.
Le da un codazo al chico de al lado y le dice:
-Detrás nuestro hay unas bolleras.
Cris suelta un bufido, pero es Eme quien salta:
-¿Y dónde está el problema?
-Nada, nosotros también somos pareja.- Contesta el otro chico, dándole un beso al chico que ha hablado.
Cris y Eme sonríen.
Eme se pone colorada.
-¿Sabes? Nosotras somos amigas.
-Eh, ¿cómo que amigas? ¡Todas las amigas heteros se dan besos en la boca!
-¿Sabes, tío? Quizás tengas razón. ¿Vamos?- Propone Cris.
Eme la mira directamente a los ojos.
Niega despacio con la cabeza.
-Voy un momento al baño, ¿vienes?
Cris asiente.
Y las dos chicas se alejan de la pareja. Abren la puerta del baño y entran, la puerta se cierra tras ellas.
-Escúchame, Cris. Te he traído hasta aquí porque no puedo aguantar más.
Cris se ríe.
-¿Y a qué estás esperando para mear? Quiero decir, los baños están libres.
-¿No te has dado cuenta, verdad?
Cristina se está poniendo nerviosa.
-¿De qué?
-Cuando ése chico ha dicho que nos besáramos, ¿sabes por qué no lo he hecho?
Cris niega con la cabeza.
Eme suelta un bufido.
Se coloca enfrente de ella.
-Cris, me gustas.
Cris se sonroja.
No dejan de mirarse.
-Me gustas muchísimo. Desde que ayer te vi. Y sé que tú tienes novio, y que ni siquiera eres lesbiana, pero quiero que lo sepas, que si no te he besado ha sido porque no quiero hacerlo como si fuéramos amigas, porque me gustas.
Eme aparta la mirada de los ojos de Cris.
-Y no vas a decir nada, ¿verdad?
A Cris le tiembla todo el cuerpo.
Es la primera vez que una chica le dice algo así.
Eme se toca el pelo, nerviosa.
-Ha sido una estupidez decírtelo, pero por un momento quizás creí que tú también sentías lo mismo.
Cris está paralizada, el corazón le late con fuerza.
-Lo mejor va a ser que me vaya.- Dice Eme, sin atreverse a mirarla de nuevo a la cara, separándose de ella.
Cris la frena, poniéndose de nuevo delante de ella, apoyando la espalda en la puerta del baño.
Sigue temblando, sigue sin poder decir nada.
Todos éstos años negándoselo a sí misma, todos éstos años sin aceptarse, los comentarios de la gente cuando le decían que parecía lesbiana y que ella no acababa de creerse. Todo, en ese instante cobra sentido.
Cris acerca su boca a la de Eme.

Y las dos se besan. 

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