Capítulo tres:
Eme
espera paciente, sentada en un banco junto a la puerta del instituto de Cris.
El
timbre que finaliza las clases ha tocado hace dos minutos, y los primeros
alumnos ya han salido corriendo.
Cuando
la ve pasar, hablando con dos gemelas, contenta, la agarra por la muñeca y tira
de ella.
-¿Qué
haces aquí?- Le pregunta Cris, sorprendida.
-Esperarte.
Hoy comes en mi casa.
Ainara y
Maialen la esperan unos metros más adelante.
-Qué va,
mi madre seguro que ya ha preparado la comida.
-Hoy no
tenía nada que hacer, así que he vuelto a tu casa, he hablado con tu madre y le
he dicho que hoy comes en mi casa, que quería agradecerte lo que anoche hiciste
por mí de algún modo. A tu madre le ha parecido bien, pero quiere que si tienes
que estudiar o hacer algo de deberes, los hagas. Y nada de volver más tarde de
las diez de la noche.
-¿Mi
madre me deja que esté fuera de casa tantas horas?
-Claro.
Le he caído bien, y como soy mayor que tú sabe que te cuidaré.
Cris se
sonroja.
-Chicas,
me quedo a comer con ella. Nos vemos mañana en clase.- Cris se despide de las
gemelas, y éstas siguen su camino.
-¿Dónde
has estado durante el recreo y cuarta hora?- Le pregunta Maia. No ha podido
preguntárselo antes porque estaban en clase, y no quería que le llamasen la
atención el primer día.
Ainara
sonríe.
-He
estado con el chico de la hamburguesería de ayer, Marcos y una chica que se
llama Lidia. En el despacho del director, ¿no te has enterado de la pelea que
ha habido en la cafetería?
-No,
¿qué ha pasado?
-Lidia y
Marcos estaban hablando de un chico, decían que ha cambiado, que desde que sale
con sus nuevos amigos se ha echado a perder. El caso es que el chico la ha
tomado conmigo, y Marcos me ha defendido. Han acabado a puñetazos.
-¿Y el
director?
-Nos ha
hecho esperar a todos fuera mientras hablaba con Omar a solas, cuando hemos
entrado Lidia, Marcos y yo le hemos explicado lo que ha ocurrido, ha estado a
punto de ponerle una amonestación grave a Marcos, yo lo he convencido de que
no.- Cuando termina de decirlo, una mano la coge de la muñeca.
Se gira
y ve ahí a Marcos, parado delante de ella.
-¿Podemos
hablar un momento a solas?
-¿Me
esperas en la puerta de la estación del metro, Maia?
Maia
asiente y sigue su camino. Ainara y Marcos se separan del camino del resto de
alumnos y se van al parque que hay en la acera de enfrente.
Cruzan
la calle, y se sientan en uno de los bancos.
-Bueno,
dime.
-Quería
darte las gracias por lo que has hecho por mí. Defenderme delante del director
para que no me amoneste.
Ainara
sonríe.
-No las
des, al contrario, debería de dártelas yo a ti. Por defenderme de Omar, delante
de todos.
Los dos
se miran.
-Es que
no te imaginas lo que has hecho por mí, Ain. Mi padre me hubiera matado si me
hubieran vuelto a expulsar. No te imaginas cómo es.
Los dos
guardan silencio.
Él se
sube las mangas del jersey.
-¿Ves
esto?
Tiene
los brazos llenos de moratones.
Ella
asiente.
-Eres la
primera persona que los ve. ¿Ves los nudillos? Reventados por no poder partirle
la boca a ése hijo de puta.
Ella
suspira.
-¿Sabes?
Aunque nos hayamos conocido hoy, puedes confiar en mí.
-Lo sé,
lo veo en tu cara. En tu mirada. Eso es lo que me gusta de ti.
Ella
carraspea.
Él tiene
novia.
-Cuéntame,
si te apetece.
Él no
sabe bien por dónde empezar.
-Mi
padre murió cuando yo tenía cinco años. Hace siete, mi madre volvió a conocer a
un hombre. Al principio, todo era maravilloso. Tanto que comencé a llamarlo
papá. Hace tres años, se casaron. Y cuando lo hicieron, él comenzó a pegar a mi
madre. Ella me lo ocultaba, hasta que yo empecé a suspender, y repetí curso.
Entonces ése cabrón, que nunca me había tocado me dio una paliza. Me dejó en el
suelo con la cara sangrando, sin poder moverme.
-¿Tu
chica sabe esto?
Él niega
con la cabeza.
-Estuve
semanas sin salir de casa, fue el verano pasado. Cuando volví a tenerla bien,
volví a ver a Mónica. Le dije que me había ido a Valencia, a ver a mi abuela
que estaba enferma. Ni siquiera tengo abuela…
-¿Y no
has pensado en denunciarlo?
-Tengo
diecisiete años, no tengo a dónde ir, sino lo habría hecho ya.
Ainara
suelta un bufido.
-Tienes
que pedir ayuda, tío. No puedes aguantar las palizas de tu padrastro.
Él la
mira.
-No
puedo más.
Y llora.
Y ella
vuelve a abrazarlo. O a intentarlo. Porque ésta vez, los dos se besan.
-Aquí,
pasa.- Eme conduce a Cris hasta una pizzería.
-¿Cómo
que aquí?
-Aquí,
sí.
-Llevo
el dinero justo para el metro, Eme.
-Me da
igual, te pensaba invitar yo.
Cris
sonríe.
Eme se
adelanta y le abre la puerta de la pizzería.
Y
primero Cris, luego Eme, entran.
Hay un
grupo de jóvenes comprándose unas pizzas, Cris los reconoce de haberlos visto
por el instituto.
-¿Qué
vas a querer, princesa?
Al
escuchar eso uno de los chicos se gira, mira a Eme y se ríe.
Le da un
codazo al chico de al lado y le dice:
-Detrás
nuestro hay unas bolleras.
Cris
suelta un bufido, pero es Eme quien salta:
-¿Y
dónde está el problema?
-Nada,
nosotros también somos pareja.- Contesta el otro chico, dándole un beso al
chico que ha hablado.
Cris y
Eme sonríen.
Eme se
pone colorada.
-¿Sabes?
Nosotras somos amigas.
-Eh,
¿cómo que amigas? ¡Todas las amigas heteros se dan besos en la boca!
-¿Sabes,
tío? Quizás tengas razón. ¿Vamos?- Propone Cris.
Eme la
mira directamente a los ojos.
Niega
despacio con la cabeza.
-Voy un
momento al baño, ¿vienes?
Cris
asiente.
Y las
dos chicas se alejan de la pareja. Abren la puerta del baño y entran, la puerta
se cierra tras ellas.
-Escúchame,
Cris. Te he traído hasta aquí porque no puedo aguantar más.
Cris se
ríe.
-¿Y a
qué estás esperando para mear? Quiero decir, los baños están libres.
-¿No te
has dado cuenta, verdad?
Cristina
se está poniendo nerviosa.
-¿De
qué?
-Cuando
ése chico ha dicho que nos besáramos, ¿sabes por qué no lo he hecho?
Cris
niega con la cabeza.
Eme
suelta un bufido.
Se
coloca enfrente de ella.
-Cris,
me gustas.
Cris se
sonroja.
No dejan
de mirarse.
-Me
gustas muchísimo. Desde que ayer te vi. Y sé que tú tienes novio, y que ni
siquiera eres lesbiana, pero quiero que lo sepas, que si no te he besado ha
sido porque no quiero hacerlo como si fuéramos amigas, porque me gustas.
Eme
aparta la mirada de los ojos de Cris.
-Y no
vas a decir nada, ¿verdad?
A Cris
le tiembla todo el cuerpo.
Es la
primera vez que una chica le dice algo así.
Eme se
toca el pelo, nerviosa.
-Ha sido
una estupidez decírtelo, pero por un momento quizás creí que tú también sentías
lo mismo.
Cris
está paralizada, el corazón le late con fuerza.
-Lo
mejor va a ser que me vaya.- Dice Eme, sin atreverse a mirarla de nuevo a la cara,
separándose de ella.
Cris la
frena, poniéndose de nuevo delante de ella, apoyando la espalda en la puerta
del baño.
Sigue
temblando, sigue sin poder decir nada.
Todos
éstos años negándoselo a sí misma, todos éstos años sin aceptarse, los
comentarios de la gente cuando le decían que parecía lesbiana y que ella no
acababa de creerse. Todo, en ese instante cobra sentido.
Cris
acerca su boca a la de Eme.
Y las
dos se besan.
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