lunes, 6 de abril de 2015

Capítulo veintitrés:

Capítulo veintitrés:
            
Cuando el concierto acaba, Maia le pide a Aator que le dé unos minutos, que va fuera a llamar a su madre, pero en realidad a quien llama es a Mikel.
Hace frío, y de nuevo está a punto de empezar a llover.
-Qué raro que seas tú quien me llame.- Ríe Mikel, al otro lado de la línea.
A Maia se le inundan los ojos de lágrimas.
-Mikel, necesito hablar contigo.
Mikel se pone serio de golpe.
-¿Qué ocurre?
Maia traga saliva.
-Cuando vivía en Mutriku, estar contigo fue uno de los mejores regalos que pudo darme nunca la vida, pequeñajo.
Dos lágrimas resbalan por sus mejillas y caen directamente al suelo.
Continúa.
-Estar contigo, ha sido lo que siempre había querido, pero no puedo luchar contra esto.
Omar también llora al otro lado de la línea.
-Yo, te he querido como la que más, y todavía te quiero, pero yo ahora tengo mi vida en Madrid, y tú tienes que seguir con la tuya. Yo… necesito conservarte en mi vida, eres una de las mejores personas que he conocido nunca. Pero no de ésta forma, Mikel. Quiero que seamos amigos.
Omar habla.
-Lo entiendo, Maia.

Judith se mira en el espejo de cuerpo entero de su habitación.
Lleva un vestido negro que le llega por las caderas, y unos tacones que se atan en forma de equis por encima del pie.
El pelo castaño rojizo y liso le cae por la espalda hasta el culo.
Está preciosa.
-Hija, ¿dónde vas?- Le pregunta su madre.
-He quedado con Alba, vamos a ir a una discoteca.- Miente Judith.

Mónica llora a mares en su cuarto.
Ella quiere abortar, pero sus padres no quieren que aborte.
Se lo han tomado fatal.
¿Qué te crees, que la vida es un juego?- Le grita su madre en su cabeza.
Cuando enganche a Marcos le voy a partir la cara.- Le grita su padre en su cabeza.
Ésa cosa que está creciendo dentro de ella no es de Marcos, y ella lo sabe bien.

Eme mira a Cris.
Ésta noche nuestras vidas van a cambiar.
Coge la copa de Cris y le sirve un poco de champán.
El pollo al horno está humeando en mitad de la mesa.
Cris besa a Eme y bebe un sorbo de su copa.
Eme habla:
-Me voy a ir en Julio.
Cris traga el champán y la mira.
-Voy a tatuar en Los Ángeles.
Cris le sonríe.
-Pero eso es magnífico, ¿no?
Eme mira a Cris:
-No sin ti, ángel. Por eso he organizado ésta cena. Hoy me han confirmado la plaza, mañana tengo que dar una respuesta.
Cris también la mira.
-No puedes tirar una oportunidad así nunca, Eme.
-Claro que no, cariño. ¿Aceptas venirte a vivir conmigo a Los Ángeles?
Eme saca el anillo del bolsillo de los vaqueros que lleva puestos.
-Si nos va bien, me gustaría muchísimo llevarte, pero no como mi novia, sino como mi esposa. ¿Aceptarás casarte conmigo, pequeña?
Cris sonríe.
Cuando llegue Julio, será mayor de edad, y podrá hacer lo que quiera con su vida.
Sabe que es una locura, sin embargo, sonriente responde:
-Eme, te quiero.

Omar está en la puerta de la discoteca de siempre. Apura el último trago de su tercio y lo deja en la mesa que hay junto al portero.
Un taxi se detiene delante de él.
Se abre la puerta trasera, y lo primero que ve son los zapatos de tacón negros.
Judith lo saluda cuando llega hasta él.
-Aquí estoy.
Omar le sonríe.
-Ya sé que estás aquí, lo jodido para ti es que llevas cuatro años estándolo, y me he dado cuenta ésta noche de la suerte que tengo por tenerte.
Judith mira a Omar, seria.
-Entiendo que también para ti haya sido complicado.
-Por eso te he llamado. Hoy he dado el paso de dejar a Marta, y también a Alba a un lado.
Judith siente una patada en la boca del estómago cuando Omar pronuncia el último nombre.
-¿Alba?- Pregunta, creyendo que será otra Alba, no su única y mejor amiga.
-Alba, sí. Desde que ha llegado, no ha dejado de meterse entre tú y yo. Se ha llegado a inventar hasta que te provocas el vómito.
Judith guarda silencio.
-Porque se lo ha inventado, ¿no?
Judith mira a Omar.
Niega con la cabeza.
-Ella fue la que me enseñó a hacerlo, porque quería cambiarme, para que tú te fijaras de una vez por todas en mí.
Dos lágrimas caen de sus ojos.
Omar calla su llanto con un beso en los labios.
En los ojos de Marta también llueve.

Lidia se pasea por el piso, con una bandeja en el antebrazo llena de quintos de cerveza.
Un hombre le ha echado el ojo.
Son las 00:30.
El hombre trajeado se acerca a ella, sonriente.
-¿Qué te apetece hacer, niña bonita?- Le pregunta, mirándola fijamente.
La sujeta de la barbilla con delicadeza, para que lo mire solo a él.

-Te dije que no estaría nada mal. Cien euros para cada una.- Sonríe Mía.
Iván se fue hace rato, y Paqui y Cintia están a punto de llegar.
Alexia no está tan contenta.
-¿Y qué hay de lo que hemos hecho?
Mía la mira.
-Hemos trabajado juntas, aquí tenemos el premio.
Alexia está enfadándose.
-No hablo del dinero. El sábado pasado te confesé que me gustabas, y te alejaste de mí. Ahora nos acostamos, como si nada. Y todo por tu puta carrera de medicina.
Mía besa a Alexia.
-Pero, ¿qué haces?- Le pregunta Alexia, apartándose de golpe.
-Si me alejé de ti fue porque temía sentir esto.
Alexia niega con la cabeza.
-Cobarde.              
Mía la agarra del brazo para que no se levante del sofá.
-¿Cobarde? ¿Por no arriesgarme a perderte como amiga dando un paso más?
Alexia está llorando.
-No, cobarde por no afrontar las cosas como te vengan.
-Te quiero, Alexia. Llevas siendo mi amiga ¿cuántos? ¿Diez años? Para mí es complicado verte y no plantarte un beso en los labios cada día. Me acojona que por intentar ser algo más, perderte.
-Mira, yo mejor me voy.- Alexia da un tirón y sale del salón y de la casa.

Judith y Omar bailan.
Él ésta noche se ha bebido hasta el agua de los floreros.
La mira divertido en mitad de una canción.
-No entiendo por qué creíste a Alba.
Ella lo mira a él y se detiene.
-Ya te lo he dicho, Omar, porque siempre te he visto inalcanzable.
Omar la mira, tambaleándose.
-Eso es de lo que estoy harto, mi niña… de que la gente se meta entre tú y yo. Primero Marta, después Alba… Por qué no pueden dejarme disfrutar de ti.
Judith lo mira, con los ojos rojos.
-Omar, no quiero ser un juego para ti.
Él abre los ojos y le da otro sorbo a su cubata, acabándoselo.
-Ya llevas cinco o seis, tío, ¿puedes parar de beber?- Judith le arranca el vaso de la mano y lo tira al suelo.
Lo siguiente en caer es Omar. A los pocos segundos, cortan la música, y más tarde se escucha la sirena de la ambulancia acercándose.
Judith está agachada, gritando su nombre, intentando reanimarlo, desesperada.
Marta sale de la discoteca de nuevo.

Con tanta gente no ha sido difícil colarle las tres pastillas en el vaso a Omar.

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