Capítulo veintitrés:
Cuando
el concierto acaba, Maia le pide a Aator que le dé unos minutos, que va fuera a
llamar a su madre, pero en realidad a quien llama es a Mikel.
Hace
frío, y de nuevo está a punto de empezar a llover.
-Qué
raro que seas tú quien me llame.- Ríe Mikel, al otro lado de la línea.
A Maia
se le inundan los ojos de lágrimas.
-Mikel,
necesito hablar contigo.
Mikel se
pone serio de golpe.
-¿Qué
ocurre?
Maia
traga saliva.
-Cuando
vivía en Mutriku, estar contigo fue uno de los mejores regalos que pudo darme
nunca la vida, pequeñajo.
Dos
lágrimas resbalan por sus mejillas y caen directamente al suelo.
Continúa.
-Estar
contigo, ha sido lo que siempre había querido, pero no puedo luchar contra
esto.
Omar
también llora al otro lado de la línea.
-Yo, te
he querido como la que más, y todavía te quiero, pero yo ahora tengo mi vida en
Madrid, y tú tienes que seguir con la tuya. Yo… necesito conservarte en mi
vida, eres una de las mejores personas que he conocido nunca. Pero no de ésta
forma, Mikel. Quiero que seamos amigos.
Omar
habla.
-Lo
entiendo, Maia.
Judith
se mira en el espejo de cuerpo entero de su habitación.
Lleva un
vestido negro que le llega por las caderas, y unos tacones que se atan en forma
de equis por encima del pie.
El pelo
castaño rojizo y liso le cae por la espalda hasta el culo.
Está preciosa.
-Hija,
¿dónde vas?- Le pregunta su madre.
-He
quedado con Alba, vamos a ir a una discoteca.- Miente Judith.
Mónica
llora a mares en su cuarto.
Ella
quiere abortar, pero sus padres no quieren que aborte.
Se lo
han tomado fatal.
¿Qué te crees, que la vida es un
juego?- Le grita su madre en su cabeza.
Cuando enganche a Marcos le voy a
partir la cara.- Le grita su padre en su cabeza.
Ésa cosa
que está creciendo dentro de ella no es de Marcos, y ella lo sabe bien.
Eme mira
a Cris.
Ésta noche nuestras vidas van a
cambiar.
Coge la
copa de Cris y le sirve un poco de champán.
El pollo
al horno está humeando en mitad de la mesa.
Cris
besa a Eme y bebe un sorbo de su copa.
Eme
habla:
-Me voy
a ir en Julio.
Cris
traga el champán y la mira.
-Voy a
tatuar en Los Ángeles.
Cris le
sonríe.
-Pero
eso es magnífico, ¿no?
Eme mira
a Cris:
-No sin
ti, ángel. Por eso he organizado ésta cena. Hoy me han confirmado la plaza,
mañana tengo que dar una respuesta.
Cris
también la mira.
-No
puedes tirar una oportunidad así nunca, Eme.
-Claro
que no, cariño. ¿Aceptas venirte a vivir conmigo a Los Ángeles?
Eme saca
el anillo del bolsillo de los vaqueros que lleva puestos.
-Si nos
va bien, me gustaría muchísimo llevarte, pero no como mi novia, sino como mi
esposa. ¿Aceptarás casarte conmigo, pequeña?
Cris
sonríe.
Cuando
llegue Julio, será mayor de edad, y podrá hacer lo que quiera con su vida.
Sabe que
es una locura, sin embargo, sonriente responde:
-Eme, te
quiero.
Omar
está en la puerta de la discoteca de siempre. Apura el último trago de su
tercio y lo deja en la mesa que hay junto al portero.
Un taxi
se detiene delante de él.
Se abre
la puerta trasera, y lo primero que ve son los zapatos de tacón negros.
Judith
lo saluda cuando llega hasta él.
-Aquí
estoy.
Omar le
sonríe.
-Ya sé
que estás aquí, lo jodido para ti es que llevas cuatro años estándolo, y me he
dado cuenta ésta noche de la suerte que tengo por tenerte.
Judith
mira a Omar, seria.
-Entiendo
que también para ti haya sido complicado.
-Por eso
te he llamado. Hoy he dado el paso de dejar a Marta, y también a Alba a un
lado.
Judith
siente una patada en la boca del estómago cuando Omar pronuncia el último
nombre.
-¿Alba?-
Pregunta, creyendo que será otra Alba, no su única y mejor amiga.
-Alba,
sí. Desde que ha llegado, no ha dejado de meterse entre tú y yo. Se ha llegado
a inventar hasta que te provocas el vómito.
Judith
guarda silencio.
-Porque
se lo ha inventado, ¿no?
Judith
mira a Omar.
Niega
con la cabeza.
-Ella
fue la que me enseñó a hacerlo, porque quería cambiarme, para que tú te fijaras
de una vez por todas en mí.
Dos
lágrimas caen de sus ojos.
Omar
calla su llanto con un beso en los labios.
En los
ojos de Marta también llueve.
Lidia se
pasea por el piso, con una bandeja en el antebrazo llena de quintos de cerveza.
Un
hombre le ha echado el ojo.
Son las
00:30.
El
hombre trajeado se acerca a ella, sonriente.
-¿Qué te
apetece hacer, niña bonita?- Le pregunta, mirándola fijamente.
La
sujeta de la barbilla con delicadeza, para que lo mire solo a él.
-Te dije
que no estaría nada mal. Cien euros para cada una.- Sonríe Mía.
Iván se
fue hace rato, y Paqui y Cintia están a punto de llegar.
Alexia
no está tan contenta.
-¿Y qué
hay de lo que hemos hecho?
Mía la
mira.
-Hemos
trabajado juntas, aquí tenemos el premio.
Alexia
está enfadándose.
-No
hablo del dinero. El sábado pasado te confesé que me gustabas, y te alejaste de
mí. Ahora nos acostamos, como si nada. Y todo por tu puta carrera de medicina.
Mía besa
a Alexia.
-Pero,
¿qué haces?- Le pregunta Alexia, apartándose de golpe.
-Si me
alejé de ti fue porque temía sentir esto.
Alexia
niega con la cabeza.
-Cobarde.
Mía la
agarra del brazo para que no se levante del sofá.
-¿Cobarde?
¿Por no arriesgarme a perderte como amiga dando un paso más?
Alexia
está llorando.
-No,
cobarde por no afrontar las cosas como te vengan.
-Te
quiero, Alexia. Llevas siendo mi amiga ¿cuántos? ¿Diez años? Para mí es
complicado verte y no plantarte un beso en los labios cada día. Me acojona que
por intentar ser algo más, perderte.
-Mira,
yo mejor me voy.- Alexia da un tirón y sale del salón y de la casa.
Judith y
Omar bailan.
Él ésta
noche se ha bebido hasta el agua de los floreros.
La mira
divertido en mitad de una canción.
-No
entiendo por qué creíste a Alba.
Ella lo
mira a él y se detiene.
-Ya te
lo he dicho, Omar, porque siempre te he visto inalcanzable.
Omar la
mira, tambaleándose.
-Eso es
de lo que estoy harto, mi niña… de que la gente se meta entre tú y yo. Primero
Marta, después Alba… Por qué no pueden dejarme disfrutar de ti.
Judith
lo mira, con los ojos rojos.
-Omar,
no quiero ser un juego para ti.
Él abre
los ojos y le da otro sorbo a su cubata, acabándoselo.
-Ya
llevas cinco o seis, tío, ¿puedes parar de beber?- Judith le arranca el vaso de
la mano y lo tira al suelo.
Lo
siguiente en caer es Omar. A los pocos segundos, cortan la música, y más tarde
se escucha la sirena de la ambulancia acercándose.
Judith
está agachada, gritando su nombre, intentando reanimarlo, desesperada.
Marta
sale de la discoteca de nuevo.
Con tanta gente no ha sido difícil
colarle las tres pastillas en el vaso a Omar.
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